“EL CICLO DE VIDA COMO UN LÁPIZ”
“El ciclo de vida como un
lápiz”
Todo lo que
escribimos por primera vez es con un lápiz, necesitamos equivocarnos, aceptar
nuestros errores para de esta manera reflexionar sobre nuestras acciones y que
así nuestra versión del mañana siempre supere a la de hoy. Dibuja a lápiz tus
planes, pero escribe tus visiones con tinta.
El lápiz comúnmente es
definido como un objeto utilizado para dibujar y escribir, muchas veces
utilizado por niños ya que ellos “no tienen la seriedad necesaria para utilizar
un bolígrafo. Incluso en el ámbito escolar y laboral suelen decirnos que “las
cosas deben escribirse con tinta”. Si bien a diferencia del grafito la tinta es
algo más duradero y formal también debemos reconocer el valor y la utilidad que
dicha herramienta nos ha dado en distintas ocasiones, siendo nuestra base,
nuestro borrador en el cual tenemos la confianza de fallar tantas veces como
sea necesario para progresar.
Aquella analogía del
lápiz y el bolígrafo se ve reflejada en nuestra vida en general, cada
profesional, cada artista y cada mente brillante que habita el mundo llegó al
nivel de la pluma gracias a que en algún momento también pasó por el lápiz.
Incluso la misma historia humana nos demuestra que el lápiz fue aquello que
usamos por primera vez, siendo la herramienta vital de la expresión ya sea
escrita o como una obra de arte visual.
Solo es cuestión de
reflexionar cuantos textos en forma de poema, de historia, de pensamiento que
fueron grabados gracias a un pigmento de grafito unido a un delgado cuerpo de
madera, aquellos versos que en un futuro sentarían la base para el progreso en
el conocimiento humano al pasar de los años. Dicho de manera más literal, el
lápiz fue lo que sirvió para que en algún momento determinado se pudiera dar la
escritura con tinta.
Visto desde una
perspectiva, utilizar el lápiz para nuestro trabajo suena a una buena opción,
puesto que con ellos es fácil equivocarse y repararlo, después de todo es por
eso que los más jóvenes lo usan. Pero aun así ¿Por qué al hacernos mayores lo
dejamos tan abandonado? A medida que nos acercamos a la madurez tenemos la idea
de que debemos ser más sabios, más inteligentes y racionales, por lo que a
pesar de que se nos repite hasta el cansancio que errar es algo normal y que
son nuestras equivocaciones las que nos hacen aprender, seguimos teniendo de
manera un poco inconsciente un miedo inmenso al fracaso.
En cualquier caso,
es por esto mismo que dicha herramienta se vuelve tan maravillosa que no deberíamos
dejar de usarlos simplemente para parecer “más inteligentes” o porque creamos
que no se nos permite fallar.
A través del nuestro
recorrido por el universo dejamos miles de trazos gracias a la punta del lápiz.
Pero con todo esto seguimos entusiasmados con la idea de usar solamente este
lado cuando en realidad deberíamos aprender a utilizar ambos de manera
equilibrada, ya que al fin y al cabo este es su propósito, siendo ambas partes
una cara de la misma moneda.
Una vez tengamos
esto claro podremos entender que antes de querer correr, primero debemos
aprender a gatear. Desde la perspectiva de la escritura a mano se ve que debemos
dominar el uso del lápiz, perderle el miedo y equivocarnos tantas veces como
queramos y veamos necesario y que de esta manera cuando tengamos la mente
totalmente aclarada y nuestra idea haya sido correctamente plasmada de la manera
en la que queremos podamos utilizar la tinta correctamente.
El fin no es
determinar cuál de las dos herramientas es mejor, puesto que ninguna es
superior a la otra, ambas son un complemento y a pesar de que con ambas se
trazar líneas, se hacen garabatos o se escriben palabras siguen teniendo aplicaciones
distintas, demostrándonos que tanto el resultado como el procedimiento que
seguimos para llegar a él son partes sumamente importantes de una obra.
Lugo Martínez Fernanda Daniela
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