Pierrot y Arlequín, la miseria errante
Pierrot y Arlequín, la miseria errante
Desde tiempos inmemorables se habla de los payasos como un tema universal, los vemos dentro de todo, están presentes en aquellas primeras fiestas infantiles, en las calles tercermundistas, intentando hacer un show para llegar al final del día con algo de dinero para su familia, se describen dentro de la historia como bufones de gente importante y adinerada, los vemos en caricaturas o películas infantiles, están incluso, en aquellas películas de terror que causan todo, menos miedo. Aquellas personas disfrazadas con un poco de todo encima, siempre serán parte de nuestra vida de muchas formas. Está la época de los 70´s donde se dió el famoso caso de un payaso asesino; el cual generó un miedo “irracional” a ellos dentro de la generación X, lo que se fué pasando por generaciones hasta llegar tan latente en la actualidad por medio de historias y películas. Pero, nunca nos hemos cuestionado del todo el origen de éstos, y una de sus representaciones más destacadas es la comedia del arte, donde se encuentran Pierrot y Arlequín, con características bastantes representativas cada uno, las cuales han sido tan famosas que han generado cierta influencia en las descripciones de lo que ahora conocemos como payasos.
Pierrot se conoce como la versión francesa de Pedrolino, un personaje de commedia dell'arte, la cual era una forma de improvisación que se dió en el norte de Italia así como en otras partes de Europa por el Siglo XVI. Pierrot era un personaje considerado un “zanni” o payaso, por sus distintos actos, se consideraba un bufón o acróbata que realizaba diversas imitaciones y caricaturas; comúnmente su actuación cómico-dramático se acompañaba de mimos y acrobacias. Físicamente vestía todo de blanco con uno que otro detalle en negro, con un sombrero alto y puntiagudo. Pierrot era clasificado como el payaso amable y noble, del cual la gente solía burlarse y aprovecharse por su ingenuidad, no es hasta que Colombina le rompe el corazón, que se convierte en el payaso triste que no vio la traición y decepción venir.
Arlequín es el típico payaso grotesco y burlón que era siempre el preferido por el público, gracias a su forma de burlarse de la simplicidad de vivir. Dentro del francés antiguo Hellequin era el nombre que se le otorgaba a un diablo. Este término pasó al italiano como arlecchino, y luego a nuestra lengua como arlequín. Su traje, originalmente, se compuso de harapos de distintos colores, hasta que fue evolucionando para convertirse en lo que ahora se compone de rombos de colores; su cara da ciertas características de gato o mono, con facciones chatas y redondas. Su personalidad era muy egocentrista y llena de soberbia, sin embargo, también era astuto, necio, pendenciero, acróbata y saltarín; lleno de energía y con el suficiente carácter para lograr hacer comedia con lo más delicado, que son las tragedias de la vida real.
Podemos observar el impacto que ambos tuvieron dentro de la historia, pues muchos de los payasos famosos en la ficción, están basados en ellos. Pero, ¿Qué más, aparte de las apariencias, nos han dejado estos grandes personajes? un sin fin de cuestionamientos, pues dentro de su personaje se puede esconder cualquier personalidad, sin necesidad de expresar lo que realmente son, pueden ser lo que quieran y actuar como prefieran. Pues, nadie los juzgará ni los criticará, convirtiéndose así en una de las armas más grandes que tiene la sociedad. Sus acciones son bien vistas sin importar lo moralmente malas que sean, pues no deja de ser ficción a ojos del espectador. Para las personas, Arlequín solo era un payaso al que le gustaba burlar a la gente y ocupar su ingenio para fastidiar del pobre e ingenuo Pierrot, sin embargo, analizando más a fondo las acciones del risueño y juguetón de Arlequín, no tenía nada de bueno ni admirable, simplemente que a la gente le daba satisfacción ver cómo la fortuna de uno le causaba sufrimiento al otro para así poder reírse sin sentir “culpa” o remordimiento que aquello pasara dentro de sus vidas, así como el ver que al menos alguien pudiera tener una actitud la cual era deseada por ellos, sin ataduras o prejuicios.
Pierrot, tristemente, siempre fue visto como el payaso del que todos podían burlarse y tomar como objeto de comparación. Pues se expresaba tan puramente que a pesar de llevar encima un “personaje”, un traje y un montón de maquillaje; nunca ocultó su verdadero sentir, ni su verdadera identidad, siempre se mostró como en realidad se sentía y fue aquello lo que a la gente dejó de parecerle cómico, no había un escape de la realidad, estaba presente y expresada como realmente era: cruel y dura. Siendo un constante recordatorio de lo miserable que era la vida de cada persona, que a comparación de Arlequín, quien era el medio de burla de todo aquello pero sin recordarles que su vida era miserable, más bien que existía gente aún más miserable de la que podían burlarse en vez de juzgar su propio sufrimiento.
Han existido muchos payasos representativos de la historia, pero sin dudar este par, marcó la diferencia con sus historias tan características. Dejando huella en la sociedad actual, pues naturalmente las personas prefieren partir de lo chusco a lo humillante para satisfacer sus estúpidos deseos de sentirse superiores, poder quebrantar las reglas morales mientras el verdadero “héroe” se oculte bajo un personaje y lograr generar el impacto necesario para empatizar con alguien que no sabes realmente ¿Quién es?, ni siquiera si es un asesino, un enfermo mental, un señor con intención de hacerte reír o simplemente una persona que oculta su miseria cubriendola de aún más miseria, pero “falsa”.
Dana Gabriela Villa Olguín
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