A mi amigo el Lápiz
A mi amigo el Lápiz.
El lápiz se ve como quien lo maneja. En la antigüedad, tal vez por nuestra aún inexperta consciencia, o la poca dimensión que teníamos acerca de nuestras acciones, el hombre sintió el deseo de plasmar las cosas, no importaba que fuera o que decía, si era una recta o una epopeya de la cacería. Los hombres de forma innata buscaban la manera de cristalizar, expresar o estampar en el espacio sus historias y conocimientos, buscando la continuidad de sus proezas en el tiempo.
Este acto de encontrar la manera de que nuestros propósitos, ideas y raciocinio fueran infinitas a la vida misma, nos hizo crear herramientas para poder plasmar nuestras intenciones, deseos, imaginaciones; cualquier acto posible para nuestra mente. Antes, en el tiempo en que el hombre aún no desarrollaba la agricultura, y nos movíamos con los animales para sobrevivir, no se tenían a la mano las herramientas, para usar un “lápiz” como lo conocemos, sin embargo, ¿Un lápiz es aquella vara amarilla con una punta de granito y una contraparte rosada al final?
Como se acaba de mencionar, ¿qué es lo que hace a un lápiz, lápiz? En lo que anteriormente estábamos comentando, no había las herramientas, pero aún así, ellos escribían o ilustraban los acontecimientos que consideraban más importantes, entonces, ¿El lápiz es la herramienta pasada a través del tiempo para perdurar nuestras memorias? ¿O es la vara amarilla? La herramienta es como su artífice, mientras más la usas, el gasto y el tiempo se ven en esta, pero, así como esto se ve en la herramienta, también se ve en la escritura. El tiempo junto con nuestro ambiente van dictando nuestra manera de expresar y pensar las cosas, pero el lápiz ahí está, confiable e infalible, dispuesto a dar su vida en representar la ideas y quimeras que el hombre le plazca.
Cambiante junto a nosotros, el lápiz se va adaptando a nuestras necesidades como el hombre a sus dificultades, un ente sin forma definida que adapta las sin forma de ideas que a nosotros nos vienen llegando por sí solas. Tiene en sí todas las posibilidades habidas y por haber de la potencia de nuestras mentes, es en fin, el puente entre nuestra conciencia y el tiempo que tenemos. Aquellos que nunca pudieron escribir, son almas perdidas en el abismo de nuestro tiempo en este espacio. Pero aquellos que pudimos ver nuestro nombre representado en el papel o piedra, tenemos la fortuna, de que tal vez nuestro nombre sobreviva al paso del tiempo, dejando a los que lo lean el saludo, “aquí estuve yo”.
Después de que el hombre empezó a establecerse, la manera de escribir cambió para aquellos que se dedicaban a relatar las palabras de su época, no es raro encontrar escritos de la misma ciudad y que estos no se parezcan en nada.Ya sea por el tiempo entre los escritores, o el punto de vista del escritor, la manera en cómo nos expresamos se diferencia tanto, que es imposible que alguien escriba exactamente igual a otra persona, por más que estas estén relacionadas o se encuentren en la misma zona y tiempo. Si escribimos, todas nuestras diferencias se traspasan al papel, y así como nosotros, un lápiz igual a otro no va a haber.
Si no cree esto, vea como eran antes los “lápices” para escribir. Observe de manera minuciosa el lápiz de diferentes personas, y entenderá que ninguno, se parece a otro, ya sea el cuidado, el gasto, lugar o hasta la manera en que la punta de grafito se va desgastando, encontrara que no hay un lápiz usado que sea idéntico a otro. La forma en como escribimos va tallando el granito de una manera distinta; la marcas de mordidas muestran la ansiedad ante el no saber con que continuar la escritura; la forma en cómo sacamos punta, a veces muestra la edad del que usa el lápiz, (de niños uno siempre buscaba con el sacapuntas darle una forma exótica al granito).
El lápiz muestra el signo de las cosas, su tiempo y sus debilidades, sin embargo, a medida que estas acrecientan, la experiencia con el lápiz aumenta, y si uno quiere verse diestro no queda más que empezar a trazar con él, hasta desgastarlo y empezar otra vez. Ahora con una diferencia, tanto en el tiempo como en las palabras, y la manera de expresarlas, este lápiz nuevo será distinto en todo al anterior, va a empezar el ciclo de crecimiento y vejez que los anteriores, hasta que la persona que lo porte así como sus lápices, va a envejecer y pasar todo lo que escribió con el lápiz a el tiempo, donde alguien lo podrá ver y usar, mas no sera lo mismo. Nunca habrá alguien con ese mismo lápiz ni esa misma letra de grafito.
Volviendo al principio, nuestra querida herramienta lápiz, siempre va tomar la forma en que nosotros vamos a ir transformándonos, al pasar el tiempo esté sera una prueba de que nuestro trabajo no solo se ve en el papel. Aunque, es la herramienta preferida del erudito, todos podemos usarla, jamás vamos a tener otro mismo en todas nuestras vidas, así que, aquellos que portamos habría que gastarlos hasta más no poder, porque jamás en la historia volverá a haber otros como esos. El puente que formamos entre las ideas y el tiempo, aunque se nos evalúe de manera cruel por nuestro estilo o mal gusto, nos guardará, pues nadie va a escribir como nosotros, aunque sea malo, pues nuestra mano y lápiz, no se van a repetir en todo el espacio.
Howard Salas Silva.
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