Diamantes en un trazo
Diamantes en un
trazo
El
arte de plasmar para comunicar resulta de un proceso delicado que, acompañado
por técnicas y herramientas específicas que configuran una armonía entre trazos
y formas deleitantes a la vista de quien contempla la obra. Para componer es
necesario tomar un lápiz y dedicarse a trazar un par de líneas sobre papel que
representaran lo deseado por el artista. Así, el lápiz como herramienta necesaria
para esta actividad tiene una forma característica que nos hace reconocer que
el objeto que utilizamos es un lápiz, sin embargo, cómo delimitar las características
específicas que hacen a un objeto común un lápiz. Y aunque comparte elementos
con otros objetos, existen algunos otros que son propios de lo que dice ser un lápiz.
Dicho lo anterior, este artefacto no solo es símbolo de evolución e historia
sino también de trascendencia, ya que a pesar del tiempo se conserva la idea
fundamental de lo que reconocemos hoy en día como el lápiz.
Entiéndase
que un lápiz contiene una lámina de grafito, pero ¿esto significa que todo
aquello que tiene una lámina de grafito es un lápiz? La respuesta es un
contundente no, aunque hay algunas otras cosas que contienen grafito, como por
ejemplo los colores de madera, esto no implica que sea un lápiz y aunque esto
podría ser una contradicción a la descripción típica de un lápiz, es importante
recordar que existen algunos elementos particulares de un lápiz que lo hacen
ligeramente diferente a otros objetos similares a este.
Ahora
bien, el lápiz contiene una fina lámina de grafito, mismo que expuesto
acondiciones inimaginable puede convertirse en un bonito diamante, por tanto,
tenemos un material que al transformarse vale más de lo que la mente pueda
imaginar. Pero transformar el grafito en un fino diamante no es lo importante
aquí. Como bien se sabe, el lápiz a pesar de tener un millón de utilidades su
principal función es trazar, dejar marca o mancha de trazo alguna en la
superficie, en un fino papel o en una hoja de alto gramaje lista para ser
utilizada por el artista, dicho lo anterior surge una cuestión, ¿si un lápiz no
cumple tal función de pintar, deja de ser un lápiz?
La respuesta es más simple de lo que
parece, realmente en un intento por obtener una respuesta convincente y rápida la
primera moción que surge en la mente es un sí, esto debido a la gran influencia
de lo utilitario, es decir, cuando algo deja de funcionar simplemente es desechado
y parece que se borra por completo de la existencia, sin embargo, si se
replantea esto uno puede darse cuenta que cuenta que a pesar de no cumplir una
función dada al objeto nunca se dejará de nombrarlo como lo que a simple vista
se ve. Por tanto, las cosas no están denominadas
de acuerdo a su funcionalidad, sino también a sus características físicas, como
ejemplo de lo anterior tenemos el grafito, que no es lápiz hasta que está en
forma de ello, cubierto con una barra de madera y una goma integrada. A su vez,
el lápiz no deja de ser lápiz solo porque se ha estropeado, en dado caso solo
sería un lápiz que ya no se utiliza, pero nunca se dejaría de nombrar como
habitualmente.
Un lápiz brinda tantas posibilidades de
ser y no ser. Los trazos realizados por el artista y plasmados por el lápiz
rompen con los límites impuestos por el entorno, no solo hablamos de la
transformación de la materia prima para la hechura de un lápiz o las mil formas
que pudo haber tomado esa materia, sino también se trata de las posibilidades
que ofrece el tomar un lápiz y trazar líneas, curvas, letras, números,
símbolos, zigzags, rayones,
laberintos u otras formas, a veces tan solo un desliz en la superficie da un
giro a la acción y puede provocar un cambio en la obra final del autor, es ahí
en donde se encuentra la riqueza de los trazos.
Cuando recuerdo lo anterior y los muchos
finales cambiantes que me regaló un lápiz gastado de la goma y mordido a causa
de un ataque de pánico ante un examen de química orgánica del cual no sabía
absolutamente nada, solo puedo sonreír melancólicamente y pensar en los finales
que les dio a otros. Pensemos en la letra de una canción, en todas las
posibilidades que pudo tener el artista y al final solo eligió una, la cantidad
de veces que tuvo que escribir y reescribir la letra de un fragmento de minuto
y treinta. También pensemos en las historias de un cuentista, la cantidad de
noches que tuvo que pasar frente al escritorio con lápiz en mano y una goma
extra para poder borrar ya que la del lápiz se había gastado.
Todo este borrón y cuenta nueva me hace
pensar en la ironía del artefacto mencionado en este texto. Como ya se mencionó con anterioridad, un lápiz no es un
lápiz hasta que tiene la forma de uno, también que no importa si sirve o no,
sus características físicas lo seguirán denominando como un lápiz. Lo que se intenta enfatizar en cuanto a la ironía del mismo es la función de plasmar, y a
su vez, que esto se puede borrar. Esta cualidad para algunos puede ser una gran
bondad permitida por el lápiz, equivocarse y borrar con facilidad sin estropear
lo demás, pero para muchos otros solo será una mala inversión adquirir un lápiz
debido a su baja eficiencia contra agua o incluso contra el tiempo, que poco a
poco y sin quererlo desgasta todo lo que ve a su paso. No obstante, nunca debemos olvidar que siempre con lápiz en mano, las posibilidades son tan amplias que tenemos una riqueza enorme en nuestras manos.
María Guadalupe Jiménez Galván
Los planteamientos que propones en tu texto me parecieron muy interesantes, sin duda un lápiz proporciona un sinfín de posibilidades. Por otro lado, los últimos dos párrafos fueron mis favoritos, especialmente por la especie de nostalgia que me hicieron sentir.
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