El día de la bestia, o sobre la verdadera maldad

Si el diablo no existiera, el católico lo inventaría.  Se dice que el diablo está en los detalles, y los fanáticos religiosos, desde la década de los 80, han sido muy buenos en encontrar mensajes diabólicos donde, claramente, no hay: ¿realmente Paul McCartney introduce mensajes subliminales en sus canciones? No importa, el que busca, encuentra, sea como sea. Pero a ninguno de aquellos fanáticos se les ocurrió que el diablo podría aparecer en uno de los días más sagrados de la religión católica; sin embargo, a quien sí se le ocurrió fue a uno de los protagonistas de “La noche de la bestia”. Alex de la Iglesia brinda una película donde no solo realiza una burla a esta búsqueda incesante por el demonio, sino también al mismo satanismo, al capitalismo navideño y, en segundo plano pero no menos importante, a las oleadas de violencia que azotan las calles de Madrid. La obra del director español es la mezcla perfecta entre la sátira y el terror, un recordatorio de que la maldad no se encuentra en donde se piensa que está, en una cabra antropomorfa, sino que está en nosotros mismos, pero no somos capaces de verlo, o, lo más probable, no queremos hacerlo. 


La primera escena impacta con una tragedia, pero a la vez confunde porque no se sabe exactamente qué está pasando. En las siguientes escenas olvidamos el accidente y la confusión para reírnos de un sacerdote que roba y maldice. Más tarde descubrimos que justifica sus malas acciones porque ha descubierto la fecha y el lugar exactos del nacimiento del anticristo, y necesita hacer el mal para poder encontrarlo. A pesar de sus conocimientos de teología y de su muy posible acceso a archivos clasificados, su ingenuidad lo lleva a buscar posibles mensajes ocultos en las canciones de death metal o en los libros amarillistas de ocultismo. Escenas más adelante conocemos a los otros dos personajes importantes: José María, un metalero obeso, drogadicto y con el nombre más católico posible, funge como el Sancho Panza de esta historia; y Cavan, un pseudo psíquico y presentador de un programa de ciencias ocultas que utiliza sus conocimientos esotéricos para dar discursos lindos a su público y así hacerse millonario. El sacerdote, el metalero y el psíquico realizan un ritual satánico cliché para contactar con el diablo. Un macho cabrío antropomorfo aparece en el apartamento, resultando así una de las escenas más terroríficas de la película. Al igual que los personajes, creemos finalmente que el diablo es real, la escena nos hace olvidar el ligero pero muy importante detalle de que utilizaron no sólo sangre de virgen y pan de caja como hostias para el ritual, sino que también utilizaron LSD. En su desesperación, la droga les hizo ver aquello que tanto estaban buscando. 


Después de lograr huir del apartamento, y, cuando el sacerdote se encuentra solo, recibe una señal que le permitirá continuar con su misión: Un grupo de ultraderecha le prende fuego a un indigente, el cual, muerto ya a los pies del protagonista, posee la camiseta de una banda de metal. Esto lo lleva a un concierto de death metal, donde tampoco encuentra pistas, pero sí una paliza y nuevamente  a Cavan. Cavan, utilizando sus conocimientos para fines más prácticos y urgentes, logra descubrir ciertos detalles que lo llevan a dar con el lugar exacto del nacimiento del anticristo: la Puerta de Europa en plena construcción Ahí encuentran, refugiados bajo un montón de cartones, una pareja de gitanos con un bebé llorando. El grupo de extrema derecha vuelve a aparecer, asesinando a disparos a los gitanos y al hijo del diablo recién nacido.  ¿Realmente fue tan sencillo asesinar al anticristo? A Hollywood le tomó tres películas para hacerlo en la saga The Omen, a Alex de la Iglesia le tomó tan sólo una película de una hora cuarenta y cuatro minutos. El diablo está en los detalles, y desde los créditos iniciales se mostró cuál era realmente la maldad, pero ni los protagonistas, ni el resto de los habitantes de Madrid, y ni siquiera los espectadores mismos prestaron atención, porque, ¿a quién le importa que unos indigentes o gitanos sean asesinados? Es Navidad, no hay que arruinar una noche sagrada con malas noticias. La maldad no emana de un ser con cabeza de chivo, la maldad habita en las personas, y el sacerdote se da cuenta de ello, lo que le hace perder la fé. Cavan y el teólogo se convierten en vagabundos, la muerte de un bebé gitano definitivamente no salvó al mundo, y Madrid celebró la Navidad como si nada hubiera pasado. 


El nacimiento de Cristo es la excusa perfecta para ir a comprar cosas que uno no necesita, para dar melosos discursos sobre la generosidad, el amor y la paz. Alex de la Iglesia ofrece una película perfecta para ver en Navidad, no porque sea totalmente navideña, sino porque permite que uno pueda despejarse de las vibras jubilosas y de esos falsos discursos que solo engordan la moral católica; nos permite sacudirnos el capitalismo por un rato para hacernos reír con una comedia satánica, que a la vez nos hace reflexionar sobre qué es exactamente la maldad.


Susan Vázquez Mellado Camarillo


Comentarios

  1. Me encantó tu frase inicial. Además de tus descripciones. El texto hace mucho sentido por párrafos e individualmente. Quiero seguir leyéndote :D

    ("el diablo está en los detalles" qué oración).

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  2. Bien trabajado, Susan. La frase inicial sin duda es un cliffhanger para todo tu ensayo. Hay cohesión en cada línea, que se desenvuelve como las telarañas de la misma película. Es interesante cómo llevas la frase de "el Diablo está en los Detalles" a lo largo de la reflexión, como esa columna vertebral que sostiene a todos los párrafos. Curioso es que la frase, erróneamente atribuía a Van Der Rohe, haya surgido de la expresión alemana: "Der liebe Gott steckt im detail", Dios se encuentra en los Detalles, y claro es difícil ver el bosque por los árboles, como es difícil ver es la maldad en lo que vemos a diario, uno se acostumbra,

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