El lápiz como símil del cuerpo

No es concebible el alma sin el cuerpo ni el cuerpo sin el alma. Atreverse a separar la una de la otra sería tan irracional como aislar al obrero de sus materiales. Lo mismo sucede con un poeta y su pluma. Una persona no se puede autonombrar escritor sin su lápiz, y un lápiz carece de sentido sin una mano que lo use. Si ambos son sinsentidos, la escritura es imposible, porque el peso del arte recae en los dos. 

Por sí mismo, el lápiz no es más que una herramienta para escribir. Su destino está dictado desde el inicio; desgastarse sobre una hoja en blanco hasta volverse inservible. Siendo un objeto tan prescindible, no es de extrañar que caiga en el olvido. Sin embargo, el único capaz de darle un significado, de sacarlo del cúmulo de lápices, es el escritor. Con su ayuda, será el coautor de grandes o mediocres historias, de cómicos o trágicos cuentos y de ingeniosas ideas. Y el lápiz, con sus cualidades, le dará el nombre de escritor a una persona que, al igual que él, no resaltaba en la multitud. 

No obstante, las deficiencias siempre serán más populares que los atributos. El lápiz, como toda herramienta, presenta virtudes y fallas. Permite que el autor explaye sus ideas sin miedo al error y acompaña el arte de la escritura con su suave sonido al deslizarse sobre el papel. Pero también es finito. Será remplazado al terminar su eficacia y volverá a ser sólo una herramienta. La única manera de preservarlo es haciéndolo estético; sacarlo del montón y admirándolo hasta la muerte. Lamentablemente, eso le quitaría su eficiencia, añadiéndole un defecto más. 

Como consecuencia de sus marcadas imperfecciones, la población no teme infravalorarlo. Lo mismo se dice de él que lo que se dice del piano que toca el músico o del lienzo que usa el pintor. Al ser sustituibles y no apoyar directamente a la imaginación, el público les tira lejos sin reparar en ellos. A los ojos del mundo, no parecen ser más que objetos sin vida ni recuerdos, así que no merecen ser admirados. Esto es peor cuando el propio autor les quita el mérito que merecen por dárselo todo a sí mismo. El error de subestimar a la herramienta no es diferente a lo que hizo la iglesia por tantos años: quitarle valor al cuerpo con tal de aumentar el valor del alma. 

Y, como símil del alma, está el autor. Se alaba tanto a la imaginación capaz de crear las grandes historias que trascienden en el tiempo, que llega a ser excesivo. Por supuesto, el mérito a estas existe. Un lápiz por sí mismo sería incapaz de compartir el mundo del escritor con el lector. A pesar de ello, se olvida algo esencial: la historia no puede ser transmitida sin la tiza. Al llevar toda la atención sólo a uno de los dos elementos de la escritura, se obvia la gran importancia que conlleva la herramienta. La sobrevaloración del autor provoca la infravaloración del lápiz. Para evitarlo, el único camino es la comprensión de la importancia de ambos. 

Así pues, la imaginación no trasciende sin una herramienta que la decodifique a lenguaje alfabético. Con esta premisa, no es incongruente decir que el cuerpo es como el lápiz y el alma es como el autor con su imaginación. Un alma sin cuerpo no es tangible ni discernible. Por más grandiosa que sea y por más sabiduría que tenga, no sirve si nadie la puede entender. Y un cuerpo sin alma ni siquiera es considerado como algo vivo porque no expresa, no siente, no enseña y tampoco aprende. El potencial del lápiz y del escritor está en el otro. Y los dos son sumamente importantes para lograr la escritura. 

Diferentes trabajos han empezado a comprender la importancia de sus utensilios. Si bien, la sociedad aún no lo hace, los autores sí. El músico busca buenos instrumentos para tocar las baladas más hermosas. El danzante baila canciones que le cautivan el alma en sus trajes más resplandecientes. El obrero trabaja con los materiales de más alta calidad. Sólo falta que también lo haga el escritor. Él necesita dejarse flechar por la belleza de un lápiz, de su punta y de su brillante color. Gastar su tiempo en encontrar al compañero adecuado y disfrutar de la felicidad de escribir con él. 

Después de todo, el error más común de alguien que se hace llamar autor es utilizar su tiempo entero en crear ideas y nada en buscar material. El buen poeta sabe que el instrumento puede hacer la diferencia. Porque escribir necesita de la unión escritor-lápiz. Si el vínculo se logra con éxito, el arte, el artista y el utensilio habrán obtenido significado. 

– Irais Luna Granados

Comentarios

  1. Me pareció un texto muy bello y sobre todo claro. Te diría que tuve una frase favorita en tu texto, pero no puedo escoger ninguna. "El error más común de alguien que se hace llamar autor es utilizar su tiempo entero en crear ideas y nada en buscar material", "Si ambos son sinsentidos, la escritura es imposible, porque el peso del arte recae en los dos", "un alma sin cuerpo no es tangible ni discernible",... y podría seguir, sin embargo terminaría citando todo el trabajo.

    No había pensado en el lápiz como un cuerpo infravalorado. Fue un realmente interesante de leer. Algo que me gustó mucho fue la conexión de los párrafos. Lo sentí muy orgánico.

    "la sobrevaloración del autor provoca la infravaloración del lápiz" <3

    Tengo ganas de leer más de lo que escribas, muy sinceramente.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares