El lápiz, un vocero histórico
Quién iba a pensar que la humanidad pende de un pequeño cilindro de madera. Desde la primera civilización hasta la actualidad, el hombre ha necesitado almacenar su conocimiento para legarlo a las generaciones próximas. Para esto, toda sociedad ha requerido de una herramienta que pueda transferir las ideas del mundo metafísico a la realidad, y aunque ha estado presente en distintas formas a lo largo de la historia, su fin jamás cambió: plasmar la esencia de la humanidad.
El lápiz más parecido a los vistos en la actualidad (con goma
incluida) no fue visto sino hasta 1858, cuando el jamaiquino Hymen Lipman obtuvo
la patente de este. Sin embargo, la idea de un utensilio pequeño, delgado y con
punta para hacer trazos surgió miles de años atrás, cerca de los ríos Tigris y Éufrates.
Entre los variados inventos que se le acreditan a la primera civilización del
mundo, los sumerios, se encuentra la escritura cuneiforme, en la que sobre una
tablilla de arcilla húmeda presionaban con un pequeño palo de punta plana para
formar símbolos cónicos. Esto se puede considerar como el primer vestigio de lo más
parecido a un lápiz.
Conforme las sociedades evolucionaron así mismo lo hizo esta
herramienta, presentándose en distintas formas y coexistiendo a lo largo del
tiempo: ya sea como estilete, para hacer cuentas en la arcilla; como pincel,
para pintar la bóveda de la capilla Sixtina; como carboncillo, para hacer el
boceto de un retrato; como pluma, para transcribir los primeros libros; e
inclusive como un lápiz óptico, para tomar notas digitales. De la manera que
fuese siempre estuvo ahí para evidenciar la presencia del hombre, para plasmar
sus ideas, sus anhelos, sus descubrimientos e incluso sus reglas. Su existencia
es parte de la humanidad misma.
Con el tiempo el lápiz se ha convertido en una extensión del
cuerpo ¿y por qué sería de otra forma?, el hombre está biológicamente adaptado para
su uso, y el pulgar es la prueba fehaciente de ello. Desde temprana edad los
niños son enseñados a agarrar uno, a escribir su nombre con él y hasta hacer
garabatos. Este utensilio tan eficaz acompaña a cada individuo durante la mayor parte de su vida, y
por más que este cambie seguirá a su lado, de una forma u otra.
El alma de cada persona siempre exige ser escuchada y el
lápiz es su portavoz por excelencia. Así como plasma la parte más pura,
brillante y gentil de la esencia humana, lo hace con su lado más lúgubre y
destructivo. No obstante, es responsabilidad de cada quien darle su mejor empleo para aportar al mundo lo más sobresaliente de sí.
Emmanuel Barajas Salmerón
Me gustó mucho la evolución del texto, me hizo reflexionar sobre el propio lápiz y el hombre como una unidad que al estar acompañados por el mismo gran parte de nuestra vida se convierta en símbolo de expresión resulta muy interesante. Los últimos dos párrafos me gustaron bastante, creo que cierran con mucha fuerza el texto, pero debo decir que el último párrafo en sus primeras lineas fue mi favorito.
ResponderEliminar