EL SABOR DE LAS CALLES, EL SABOR DE LA CULTURA
EL SABOR DE LAS CALLES, EL
SABOR DE LA CULTURA.
No
hay prueba de confianza más genuina que aquella vez en la que el taquero te pregunta
cuantos tacos te comiste, y cree ciegamente en lo que le dices.
¿Qué sería de México sin las taquerías? Aquellos maravillosos lugres donde además de calmar tu hambre y tu antojo también te suben la autoestima con su cálido recibimiento que tanto caracteriza a nuestra población, no importa cómo te veas siempre te recibirán con el clásico “Buenas joven ¿Qué va a llevar?” “Pásele güerito, güerita” “¿Que le servimos rey, reinita?” que sin importar como haya sido tu día de inmediato te pone de buenas.
Quizá de manera general algunos vean únicamente un puesto
callejero que vende comida, otros un poco más incultos quizá lleguen hasta ver
estos museos como lugares sucios que nunca pisarían, cada quien tiene su propia
manera de ver este tipo de establecimientos. Aun así, a pesar de las opiniones
divididas lo que no se puede negar es que ir a una taquería no es solamente ir
a un simple restaurante de comida mexicana, sino que es toda una experiencia en
sí. Recordemos aquel famoso planteamiento que se les hace a los nuevos
estudiantes de economía “¿Qué es lo que vende Starbucks?” algunos dirán
que café y sus derivados, para asombrarse con que la respuesta es que “Vende
una imagen, una experiencia y recuerdos” pues de manera similar pasa cuando vas
a una taquería, no vas únicamente a comerte un taco, vives muchísimas otras
cosas.
Una
taquería no es solo un negocio en una esquina ya que tiene muchísimos factores
culturales típicos de nuestro país, la sazón, las tradiciones e incluso la
historia vistas desde varios ámbitos.
Pensemos en como cada aspecto de lo que es un taco actual fue cambiando y evolucionando, todas esas características que se remontan a muchísimos años atrás cuando los primeros pobladores de nuestras tierras mexicanas recién descubrían lo que es la agricultura y que de no ser por ellos y de sus habilidades artísticas para convertir el concepto de cocinar con una tortilla de mil maneras distintas no tendríamos una de las mejores gastronomías del mundo entero que incluso ha llegado a ser considerada como patrimonio cultural de la humanidad.
Incluso
si no queremos ir tan lejos también están las tradiciones y la historia más
cerca, la de quienes trabajan de manera directa en la elaboración y
distribución de los tacos que comemos cada fin de semana.
Si
lo analizáramos de manera detenida, solo habría que pensar en todos aquellos
puestos de tacos que están en nuestra memoria, algunos los tendremos muy
presentes, otros tantos serán a lo mucho un leve recuerdo en el inmenso mar de
la memoria. Pensemos en aquel negocio que es nuestra taquería de confianza,
aquella en donde hasta te llaman por tu nombre o por tu puesto de manera amable
“Licenciado Aguirre, buenas noches ¿Va a querer lo de siempre?” “Doctora Gutierrez,
ya casi no se le veía por acá” una manera de hablar tan cercana que más que
como un restaurante, te hacen sentir como si estuvieras en casa.
O que tal ese otro puesto que visitábamos frecuentemente en nuestra infancia, salir de la primaria y que nuestros padres nos llevaran por unos tacos. Es una verdadera sorpresa que en años posteriores cuando ya entramos a la universidad e incluso cuando ya entramos al campo laboral aquel pequeño negocio sigue dónde mismo, llena tanto de nostalgia y algunas veces de tristeza ver como a pesar de que sigue abierto al público pasó de ser atendido por un señor y su esposa a estar ahora bajo el cuidado de los hijos y familiares de aquellas personas.
Esto
nos lleva al siguiente punto, la historia vista de manera más social, mientras
que una pequeña taquería forma una ligera parte de nuestra vida, esta lo puede
ser todo para una familia entera, aquel puesto de tacos en el que no solo trabaja
el padre de una familia, sino también sus hermanos, sus hijos y sobrinos, porque
incluso llegamos a hacer referencia de esto “Sabes que la comida estará
deliciosa cuando ves que el lugar es atendido por una familia entera” ¿y cómo
no estar de acuerdo? Si este tipo de lugares te dan la experiencia completa de
lo que es la sazón mexicana, te brindan un ambiente muy servicial y caluroso en
el que es muy agradable estar.
De
esta manera nos damos cuenta una vez más que un aspecto tan simple como lo es
un “simple puesto de tacos” en realidad va más allá que solo un lugar donde te
sirven una tortilla con carne o cualquier otro guisado, es toda una experiencia
típica de la historia y la tradición mexicana.
No
solo comemos tacos, comemos historia, comemos pasión, nos alimentamos de la
tradición y de los valores de la gente. Solo pensemos en que aquello que nosotros
tenemos fácil y a la vuelta de la esquina es un manjar que muchísima gente de
otros países y continentes quizá nunca lleguen a probar, eso que los extranjeros
afortunados prueban primero por recomendación de nuestros paisanos que viajan a
otros lugares, es algo maravilloso que para muchos otros mexicanos se convierte
en un gran motivo de duda para dejar este país, el miedo y la preocupación de
viajar al extranjero pero no poder probar un exquisito taco en mucho tiempo.
Lugo
Martínez Fernanda Daniela
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