En un rincón de la ciudad
En un rincón de la
ciudad
No
toda la buena comida se encuentra en restaurantes elegantes, mucho menos en
platos de cerámica traídos de la mano de un mesero, al contrario, está oculta
en los rincones de la ciudad que iniciada la noche se ilumina por un par de focos
y un intenso olor a carne que indican la presencia de una taquería. Ya sea por
su buen servicio o el exquisito sabor de los tacos, todos conocemos una buena taquería
para recomendar. Puede ser la que tu vecino abrió hace dos meses o a la que
fuiste con amigos después de una fiesta, también podría ser la que tu familia ama,
aunque a ti no te guste tanto, en realidad no importa cuál elijas, todas y cada
una de ellas guardan recuerdos y sabores entre sus mesas y platos de colores
cubiertos con una bolsa para no ensuciarse. Aunque cada una con sus particularidades
hace diferente la experiencia de ir a comer tacos un viernes por la noche, es
cierto que en todas florece la alegría, no es por nada un lugar tradicional
entre los mexicanos.
Entre
sus vivos colores, luces amarillas y una nube de humo que desprende algunos
deliciosos olores, la taquería tiene un ambiente de alegría y goce. Al entrar
puedes encontrar al taquero preparando los platos que están por salir, unas
mesas más adelante está el mesero tomando la orden del cliente, si volteas
hacia la izquierda está el niño que parte los limones y al fondo un
refrigerador lleno de jugos y refrescos de vidrio junto con un destapador para
que sea más fácil la maniobra. Así, como por arte de magia la taquería está
llena de gente, con algunos clientes que esperan ser atendidos o que están
disfrutando su orden y otros que atienden con agilidad a los demás.
Pero, ¿qué hace de este particular
lugar un centro de reunión para muchos? La comida, los tacos de pastor o de
bistec que tienen en el menú, que bien se pueden acompañar con alguna bebida de
su preferencia. Y aunque hemos pisado muchas taquerías no todas son las
preferidas de nuestro paladar, que con rapidez rechaza o babea por el olor de
unos tacos. Pero no siempre unos buenos tacos son caros, hay algunos que son
muy baratos, tan baratos que existe cierta duda sobre la procedencia de la
carne, como los “de a peso” que por mucho que se diga de ellos siempre se
piensa que son de perro, ya sea a manera de burla o para infundir miedo y desconfianza
en quien los come siempre habrá quien murmulle de aquellos tacos de un peso.
No
solo basta decir que la comida es el motivo de muchas reuniones, aunque lo sea
casi en su totalidad la posibilidad convivir, reír, platicar, ver un partido,
una película, escuchar música o simplemente sonreír a quien nos acompaña a
comer es una experiencia única. Por ello, cuando uno va a la taquería favorita
de los viernes puede ver personas que agotadas por una larga semana de trabajo
deciden ir solos, con amigos o con familia a comer y platicar un poco, o bien,
pueden estar sentados en la esquina del lugar una pareja que comparten sonrisas
y cariños y que van a comer para festejar su amor, también puedes encontrar algunas
personas pasadas de copas a altas horas de la noche que en busca de unos tacos
y una salsa picante acuden a esa taqueria. Poco queda decir que la salsa que
buscan facilmente la encontraran y que aunque la salsa sea verde de “aguacate”
terminará siendo de calabaza pero aún así funcionará.
Es entonces que nos damos cuenta que
la gente que va a una taquería no va a algo en específico o por lo menos no va
solo a eso en concreto, ya que si come, platica o ríe de algún chiste mientras
espera a que le atiendan, o bien, mira al televisor del negocio esperando
entender lo que sucede en el programa que se emite, las parejas se miran y
sonríen, las familias se divierten y bromean un poco. Por estas razones la
taquería tiene mil funciones, puede ser un lugar de reunión familiar, un
descanso para quien trabaja, un lugar sagrado para quien se limita a disfrutar
los sabores mientras come, la cita perfecta para unos enamorados, el
dispensador de salsa para la señora que quiere hacer huevo al día siguiente y
un millón de cosas más.
Con sus mil funciones, la taquería
guarda recuerdos propios y ajenos que mezclados con los aromas impregnados en
el lugar después de muchos años de servicio cambian el ambiente del negocio.
Aunque lo primero que pienso cuando escucho la palabra taquería son los tacos
de pastor, también recuerdo los colores de los muros que hacen contraste con la
lona en donde aparece el menú del negocio o los delantales y gorras que
utilizan a juego quienes atienden, la salsa verde en un tazón de plástico en color
blanco o las veces que al ir con mi familia tuvimos que juntar dos mesas para
sentarnos juntos. Todos estos son mis recuerdos de una taquería y sé que muchos
otros que han pisado una o más veces esa taqueria de la esquina tendrán tantos
recuerdos como yo. Y todos estos recuerdos y pensamientos mezclados se quedarán
en ese lugar, contarán la historia de muchos que accidentalmente entraron a
comer o que entusiasmados planearon ir.
Con todo lo antes mencionado, solo queda recomendar a quien lee estas
lineas que tome un suéter y salga de inmediato de casa en busca de unos buenos
tacos. Seguramente no los encontrará en la esquina de su cuadra, si tiene
suerte la taquería más cercana estará a escasos 10 minutos, pero también puede
encontrarla del otro lado de la ciudad oculta entre calles que pocos conocen y
muchos temen o en la avenida más concurrida, no importa. Solo no se olvide de
disfrutar cada mordida y cada ingrediente, así como también, el sabor, el olor, el ambiente, las personas y
el lugar, después de todo, sin todos esos elementos la taquería no sería taquería
y sobre todo, sin su característico sabor no podríamos decir que los mejores
platos se encuentran lejos de los finos ingredientes y las vajillas de
porcelana.
María
Guadalupe Jiménez Galván
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