La fusión de almas en la taquería

 

“Una receta no tiene alma. Es el cocinero quien debe darle alma a la receta” (Thomas Keller). Cualquier receta es presa de esta afirmación, inclusive una tan cotidiana como lo son los tacos. Porque es la taquería, con sus distintas sazones, ingredientes y salsas las que le dan vida al platillo. Como comensal, lo mínimo que se puede hacer por esta gran hazaña es buscar la taquería que haga coincidir el sabor del taco con el alma propia. Porque la taquería es la única que repercute en la esencia del taco y del degustador en el corto tiempo en que dura la comida. 

El respeto a una taquería no viene sólo por su sazón a sus platillos, sino por ser el lugar de la vida de un taco. Ahí, los cocineros le otorgan un alma a cada uno. Hacen que los ingredientes formen una unidad. Les dan un propósito: el ser disfrutados. Cuando el catador lo come, termina con la corta existencia del platillo y, al mismo tiempo, le da sentido a su fin. Es el fugaz momento en que la vida de ambos se cruza. Un buen puesto de comida hará que ese instante sea memorable, que la vida del taco tenga sentido y que sea sobresaliente de entre las demás taquerías. 

No obstante, esto resulta un gran reto, ya que cada taquería le da una esencia diferente a sus tacos. Una suave tortilla que abrace la carne en su jugo o una crujiente. Una salsa espesa con sabor a cilantro o una líquida que no falle en lo picante. Carne cocida en su punto con su correspondiente pizca de sal u otra sazonada con salsa BBQ. Las diferentes combinaciones dan un resultado único. Incluso si cada taco es distinto entre sí, todos los que son hechos por la misma mano comparten naturaleza, igual a los miembros de una misma nación. Tan grande es la sazón de cada taquería, que es altamente notorio cuando uno de los taqueros se ausenta. Entonces, un taco nunca podría existir sin su taquería como una taquería no podría existir sin clientes. 

Siguiendo esa idea, es grande la importancia del degustador. Ya que, aunque parezca que sólo come, es quien logra que la taquería no perezca. Los taqueros cocinan las mejores carnes sólo para el cliente. Es quien los motiva a seguir innovando y dando vida a las recetas. Tanto así que las taquerías son capaces de tomar un estilo propio gracias al tipo de clientes que los frecuentan. Las que tienen el toque hogareño, las que buscan un aura innovadora e incluso las veganas. Todas ellas existen porque sus comensales favoritos van a gozar de aquello que les gusta. Son quienes les dan sentido de vida a la taquería.

Justo por ese valor, es que el consumidor también tiene una responsabilidad monumental con las taquerías. Lograr que él goce el momento en el que el jugo de la carne llene su lengua y corazón es la meta del taco. Sin embargo, ¿cómo sería posible eso si él insiste en ir a una taquería que no encaja consigo mismo? Un taco de pastor jamás logrará satisfacer a alguien que le desagrade dicha carne. Como cliente, es su labor buscar una taquería con tacos que lo hagan sentir en éxtasis con cada mordida. El deber de lograr la unión taco-persona recae en los tres involucrados: el taco, la taquería y el cliente. 

A pesar de eso, la falta más grande a una taquería es conformarse con ella. Porque no se aleja para que los tacos lleguen a las personas indicadas, pero tampoco se permite que el taco logre su objetivo. Es igual a no amar a alguien y negarse a soltarlo. Además, con esa acción se priva de la oportunidad de conocer a esa taquería que logre fundir el alma del consumidor con la esencia del taco. Ver como el cocinero se esmera en darle sentido a cada taco mientras se espera en su espacio de labor, pero sin sentir nada al comerlo, es una aberración. Por supuesto, no es malo no gustar de ciertas recetas. Lo atroz es saber que se podría sentir más emoción en otro lugar y no hacer nada para buscarlo. El respeto a la taquería también incluye saber cuándo es tiempo de irse. Aprender que si no se llena el estómago y el corazón, no es ahí. Al final, tanto en el amor como en los tacos, es mejor aprender a soltar que seguir a costa de lastimar. 

La idea de que cada persona tiene a otra destinada es algo antigua, sin embargo, no lo es en el caso de los tacos. Hay tantas taquerías en el mundo que es un sinsentido creer que jamás se encontrará una que enlace con el aura propia. Todos tienen la capacidad de encontrar esa taquería que revuelque el corazón con sólo percibir el aroma de la carne y la tortilla.


Irais Luna Granados

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