La moralidad del humano egoísta

¿Bueno o malo? La típica pregunta cliché que todos en cualquier momento de nuestra vida nos hemos hecho acerca de decisiones que hemos tomado, pensamientos que hemos tenido e incluso hasta de cuestiones ajenas a uno mismo. Quizá ya es tan parte de nosotros que venimos programados con la capacidad de juzgar a todo y todos en base a nuestros pensamientos, creencias, doctrinas y experiencias. Solemos juzgar sin siquiera ponernos en el lugar del otro. Cada vez se vuelve más común escuchar por las calles ciertas preguntas como: ¿Ya viste lo que trae?, ¿Supiste lo que hizo?, ¿Te enteraste de lo que pasó?; estamos tan acostumbrados a esos comentarios porque los oímos desde la casa, la escuela, el trabajo y hasta la calle; son tan comunes e insignificantes para nosotros, hasta que somos nosotros los que estamos del otro lado de la moneda. 

Dentro de la película “El día de la bestia”, se ve la reflexión acerca de lo bueno y lo malo, asimismo, del interés propio y la duda de si el fin justifica los medios. Dentro de la conciencia humana siempre habrá un límite, el cual es implantado por  una educación, la cual es recibida desde el momento que naces, en donde escogen tu forma de vida y desarrollo; pues tus padres te implementan una creencia, tu nación una cultura y tu escuela un conocimiento, crecemos con un sistema implantado, por lo que nuestra idea de lo bueno y lo malo ya está definida; sin embargo, ¿Qué es realmente bueno? Podemos decirlo en base a nuestro pensamiento, pero siendo un poco más superficiales, no hay un término correcto. Lo que nos hace retomar la película, donde observamos una lucha interna del personaje por hacer acciones socialmente malas, pero para un fin comúnmente bueno. Moralmente y dentro de sí el personaje sabía que todas aquellas decisiones que tomara serían interiormente aceptadas y justificadas, pues su verdadero fin sería salvar el mundo; por lo que no le importaba si la gente pensaba que su acciones lo llevarían al castigo eterno y a ser juzgado por un Dios supremo, dentro de él estaba la esperanza y calma de creer que todo sería recompensado con su heroísmo. Sin embargo, al final de todo, nunca nadie se enteró de lo que llegó a hacer, y la satisfacción fue interna.

Dentro de la sociedad, pasan cosas muy similares, pues el límite de las personas puede ser aparentemente inquebrantable, pero si ponemos algo de gran interés de por medio, aquellos límites pueden ser implementados en base a su criterio. Es evidente que si por salvar a un ser querido tuvieras que romper un constructo social, tendrá que ser roto sin importar la culpa o el peso a la moral y educación que podría generar.

Es ahí cuando la frase “Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir (Fernando Savater)”. Cobra tanto sentido, pues los humanos son tan insensatos hasta el punto de llegar a juzgar al otro, por una acción que tomarían si estuvieran en aquella situación de estrés. 

Dicen que no podemos juzgar a alguien con la misma vara con la que somos juzgados, pues podría llegar a ser muy similar la situación que se esté viviendo, pero nunca será igual. Lo que para uno puede ser un inconveniente personal, para otro puede ser el peor drama y guerra interna que esté viviendo. Olvidamos sentirnos, pues únicamente nos encargamos de querer sentir a los demás y enfocarnos en la miseria externa, para que no pese tanto la interna.

Podría hacer una conclusión muy conmovedora y profunda, pero prefiero ser cruda y sincera. Nunca se logrará una empatía mundial, las personas siempre seremos egoístas y buscaremos el interés propio, jugaremos las cartas de la vida y haremos trampa con tal de conseguir aquello que tanto anhelamos. Escalaremos a tropiezos de otros y nos burlaremos de aquellos que por su simple avaricia no lograron lo deseado y se ahogaron en sus sueños, porque el humano es egoísta, es solitario y es desalmado. Es ahí cuando nos preguntamos, ¿Creamos un concepto del mal, para sentirnos superiores a los que no concuerden con nosotros, o simplemente lo creamos para poder clasificar entre los que aceptamos y los que no?, ¿Existe el mal, para castigar a otros o para premiarnos de ser egoístas?

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