No podemos olvidar los olores
No hay nada más difícil que olvidar un olor, sobre todo si este proviene de un trompo de pastor. La comida siempre ha ido evolucionando a raíz de la prosperidad del hombre. Cuando no había grandes ciudades y las semillas aún no estaban en nuestra conciencia, vivíamos de ir caminando entre los matorrales y las praderas en busca de la poca y pequeña comida que pudiéramos conseguir.
Pero había días en el que las tribus se organizaban, planeaban y emboscaban a los grandes mamíferos. En esos precisos momentos cuando la comida obtenida fruto del esfuerzo del hombre, que las papilas gustativas bailaban de felicidad. La carne se asoció con fuerza y riqueza.
Fue cuando las grandes ciudades empezaron a aparecer, que los humanos tuvieron el tiempo suficiente para hacer platillos más complicados. Ahí fue cuando la carne empezó a alcanzar el máximo de nuestros sentidos. Ya no era solo que se usará para festejar, ahora era parte del día a día, y empezó a evolucionar en algo más, cultura. Si bien aún se seguía usando para festejos más que nada, su importancia cultural ya se había impregnado.
Casi todos los países tienen un platillo en relación con la carne, sin embargo, en México ocurrió algo curioso. Aquí la carne se volvió parte de la vida diaria. No puedes caminar más de 10 minutos en la Ciudad de México, y no encontrarte una taquería. Adoramos los sabores fuertes, pero que no son empalagosos, el olor del adobo mientras se va tostando los trozos de pastor en el tambo. Incluso ahora jugamos a hacerlo todo un entretenimiento. Vemos como el taquero parte la carne con agilidad, y por pura egolatría partir la piña arriba del trompo. Solo para hacerla caer con gracia en la tortilla.
La carne ya es parte de nuestra esencia. La cultura alrededor de ella es tan rica y atractiva, que se vuelve imposible no probarla, y comer solo una vez. Es tan basta que cada tienda tiene su propia receta. Nadie la hace igual, todos buscamos en la inmensidad de olores y sabores, la individualidad que hace de los tacos únicos.
Así que, no hay por qué esperar. Jamás vas a probar el mismo sabor cada vez que vuelvas a comer tacos. Pero vas a acordarte de cada uno de ellos, y volverás a la ciudad, todo con tal de probar una vez más los tacos que comiste. No importa si no los has probado hace años. El olor que dejan en la fosas nasales, solo un loco lo olvida.
Howard Salas Silva.
Comentarios
Publicar un comentario