Umbría: El día de la Bestia

Reflexión Ensayística de El día de la Bestia

Umbría


Quien con monstruos lucha cuide

de no convertirse a su vez en monstruo.

Cuando miras largo tiempo a un abismo,

el abismo también mira dentro de ti”.


Friedrich Nietzsche.


Es imposible confiar en un hombre bueno y de gran memoria, porque los de esta especie tienen el alma elongada. Su existencia se estira entre las gratas intenciones y los acontecimientos que le acechan en su memoria. Como se vislumbra en El día de la Bestia (1995), estos seres no comparten el lenguaje de las ciudades y por eso, tienden a pecar. 


Una osadía: “no existen las almas cambiantes, el único estado es la elongación”. El protagonista, el cura Ángel, sigue siendo un yo, aunque pareciera que su unidad se desgarra, quedando un yo de acción y  otro de causa. ¿Puede un hombre deslindar de su gentil motivo el acto pecador? El conflicto principal de la película dista de subrayar paralelos irreconciliables; al contrario, remite a polos conexos que se distancian. 


Quizás, esa es la razón por la que el inicio de la película es una confesión, nacida de la culpa por su pronto divorcio teológico. “Voy a pecar, padre”, “¿Cómo? ¿Por qué?”, “Por que es necesario”. La cura es un abismo. 


El cura es el abismo, quien solo puede encontrar una solución concibiendo su villanía. Debe dialogar con la depravación misma; no obstante, carece de la lengua, las cualidades para ser atendido siquiera.


En el ritual satánico, Ángel repone: “Tengo que aprender a ser como él, para que confíe en mí, para poder comunicarme con él”, él no cambia, pero sí emula en un intento de comprender. No conoce más que los hechos: robar, golpear, matar,... Y estos no garantizan que sea capaz de mimetizarse con la vileza. 


¿Basta la realización de un verbo para adjetivar a una persona? Parcialmente. ¿De qué otra manera podría su persona ser preciada con la presencia del macho cabrío negro si no fuera porque cada movimiento en el mundo externo repercute en el interno? Empero, ¿para entender sus motivos? No del todo. 


El cura Ángel sigue siendo él, sin importar que haya robado, negado ayuda, maldecido. Los horrores que por elección se cometen, de los que se finge ceguera, se reservan. Así, cuando Cavan incita a Ángel a anunciar su heroica hazaña, él decide callar; recordando su travesía, la sangre mezclada con sangre. Las memorias son las monedas del silencio, no se regalan. Por algo las almas se venden. 


La maldad es normalizada en la cinta, mientras que el bien se distorsiona. El uso de la cotidianidad es la fórmula única en la cual ambos elementos se conjuntan hasta que discernir uno del otro significa arrancar una parte vital de sí. Son el hombre y el monstruo uno mismo. 


El clérigo, en la primera hora de la película, es consciente de la gravedad de cada una de sus acciones, como la de hurtar el libro escrito por el profesor Cavan. En la segunda, se desmorona al presenciar la incineración de un cuerpo vivo; es una señal de su propia pasividad y costumbre ante los golpes, los hematomas. Hace un recuento de los problemas que presenció en su travesía e inspecciona en los recovecos de su vivencia: “Tal vez sí estoy loco”. En la tercera, abandonando la sombra junguiana, casi declara su desvelo, advirtiendo sus propias faltas y nimiedad.


Es imposible confiar en un hombre bueno, porque es imposible saber hasta donde se ha esparcido su ser, ya sea temporalmente (al pasado o al futuro, de la noche al Día de la Bestia) o espacialmente (de una capilla hasta Madrid, cerca de la calle Mártires). Cuando traicionara sus creencias y adoptara otras nuevas, más ambiguas que las anteriores. La obra de Álex de la Iglesia obliga a reflexionar: “¿En qué equilibrio debemos juzgar?", sino, inclusive a dudar de la totalidad y de los trozos de la sociedad, de uno como individuo.


Alison J. B. Diez Marina

Comentarios

  1. Me encantó, Ali. El Abismo de Nietzsche -elegido como obertura- reverbera los ecos de la oscuridad a través de tu texto. Hombre y bestia cohabitan en un mismo cuerpo, como la noche y el día, escozan la Tierra. Magnífico, como explicas que las líneas entre la maldad y la bondad se desdibujan a lo largo del filme, como si de algún modo conocer toda la historia, le dan al Padre Ángel, motivos suficientes para pasar por alto sus acciones. "Las memorias son las monedas del silencio, no se regalan. Por algo las almas se venden. ": Mi frase favorita.

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