UNA CONCEPCIÓN DISTINTA DE LO QUE VALE UN LÁPIZ
UNA CONCEPCIÓN DISTINTA DE LO QUE VALE UN LÁPIZ
Si la vida fuese escrita a lápiz todos tendríamos la
oportunidad de enmendar nuestros errores. La posibilidad de remediar el trabajo hecho se presentó
como un milagro. Hace cientos de años fue descubierta la formula del lápiz tal
como la conocemos ahora. Como gran parte de las cosas útiles existentes, surgió
de momento de necesidad; ante la limitante de un material que resultaba
preciado para su época. La escritura, el dibujo y muchas otras áreas hicieron
del lápiz una herramienta esencial para sus disciplinas; sin imaginar la
importancia que llegaría a tener no solo como instrumento de trabajo sino como
un símbolo universal de la expresión y el arte.
La humanidad tiene como característica reaccionar a las
situaciones de crisis y necesidad de manera efectiva. Aunque el origen del
lápiz se remonta a las antiguas tierras egipcias, la fórmula que conocemos en
la actualidad proviene de uno de esos momentos en los cuales ha sido necesaria
la reacción del hombre. En medio de una guerra y bloqueo económico entre
Inglaterra y Francia esta primera nación atesoró el grafito como instrumento
para edificar cañones y armas; dejando a dibujantes, escritores, estudiantes y
demás hombres desprovistos de una herramienta tan útil.
Inglaterra durante el siglo XVII protagonizaba un
conflicto bélico, el cual provoco que sus numerosas minas de grafito fueran
explotadas con fines distintos a la creación de instrumentos para el dibujo y
la escritura. Mientras tanto Francia ideaba una solución para recuperar un
artefacto que había servido de gran utilidad para hacer trazos. Finalmente, en
1795 el francés Nicolas Conte combina los residuos de grafito con arcilla, creando
una pasta que hasta la fecha sirve como base para la formación de todo tipo de
lápices de distintos diseños y colores.
La estructura externa de los lápices ha tenido un sinfín
de variaciones, desde que el anteriormente mencionado Conte, introdujo su
mezcla de arcilla con grafito en dos laminas de madera para facilitar su uso.
Se ha modificado la forma geométrica que lo compone; desde cuadrados,
triángulos, círculos, hexágonos, octágonos o cualquier figura que se adapte
mejor a la fisionomía humana. Se han inventado fórmulas para mayor suavidad,
trazos más firmes, mas fuertes, mas oscuros. También se han hecho de todos
colores, de mayor o menor calidad, para niños o para adultos, para amateurs del
dibujo o para profesionales. No importa qué o cómo, el lápiz ha estado presente
en la formación y en la expresión de la mayoría de los seres humanos. Se trata
de un elemento que existe en todo nivel educativo, y que permite al hombre
poner su emotividad en trazos sobre una hoja de papel para redescubrirlo una y
otra vez.
Todas esas modificaciones han acrecentado la aceptación
que siente el mundo hacia un artefacto como el lápiz. Sin embargo, no cabe duda
que una de las más importantes se dio cuando Joseph Priestley, un afamado científico
inglés, descubrió que la goma de la salvia era capaz de borrar las marcas del
grafito. Popularizando así al borrador que fue añadido como complemento
fundamental del lápiz.
Fue a partir de
dicho suceso, que el mercado del grafito acabó casi por completo con las el de
las plumas de ganso. Es evidente que la naturaleza humana hizo presencia en
dicha reacción. No hay como tener un instrumento que permite escribir y borrar;
hacer y deshacer a la par. Dejando atrás la marcada definición de las acciones
escritas o plasmadas a través de la pluma. El lápiz es un fiel amigo del
humano, una esperanza ante lo definitivas que son sus acciones. Podría
definirse como un instrumento que regala la posibilidad, inexistente en el
mundo real, de hacer como que nunca existieron los errores.
Actualmente el lápiz va más allá de su valor físico. En
un medio tecnológico en donde el hombre escribe a través de una maquina o una
computadora, ilustra digitalmente, y casi cualquier expresión puede ser
codificada y decodificada por una máquina, su importancia se vuelve ontológica.
Lo que vale es su significación y su simpleza.
Es simple porque es un medio directo para expresar. Se
escribe, se dibuja, se ilustra o simplemente se garabatea sobre una hoja, y no
hay más que hacer; cualquiera con un par de ojos puede apreciar lo plasmado. No
hay necesidad de sistemas, maquinas o artefactos. Se trata de un par de trozos
de madera con una pasta de antecedentes milenarios en medio, y un simple pedazo
de papel, que es capaz de conectar al ser con sus emociones y expresiones más
profundas.
Hoy en día eso sígnica “El lápiz”, una de las formas más puras en que el hombre accedió a plasmar su imaginario para compartirlo con otros. Mas allá del valor material que este pequeño instrumento pueda tener, lo que más vale hoy en día, es el símbolo tan especial de arte y emotividad en el cual se ha convertido para tantos.
Lilia Mariana Pacheco Llamas
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