Cantos de Nedda
Cantos de Nedda
"El ciruelo florece, el ruiseñor canta; yo estoy solo".
Kobayashi Issa
El canto es el más mentiroso de los sonidos. Pagliacci es la suma de los silencios honestos, del antojo por el cielo y la liberación. Tanto, las caras que engañan al público como la incertidumbre de su deseo, como del ensamble fervoroso. Nedda cuenta más por sus compungidos escenarios que por sus íntimos guiones.
Cuando se entona el oboe, Nedda calla: es una de sus múltiples voces, la más interna de todas. La conexa dicotomía de Colombina y Nedda, de mujer y payasa, desternilla ante semejante intento de seriedad y se lamenta su pública comicidad: la más libre de sus entonaciones es la más grave. Nedda no tiene una sola voz y por eso, tampoco un mismo rostro.
Nedda se oculta con su otra máscara: nívea, frívola. Solamente ella conoce la altura desde la que quiere trinar, el vuelo que ansía alcanzar. No obstante, reniega su anhelo y grazna al verse en el espejo. Las facciones que éste le muestra no son las de la emancipación, sino las de su enjaulamiento: no es sincera con su deseo.
Cruza por el oído de quienes la fuerzan como un trémolo y contristado quejido. El destino de Nedda y los demás personajes, no es equilibrio: es el inmaculado reflejo de la pasión y el dolor. La comedia del circo es un teatro trágico que deshace el hilo de su cordura; por lo que, los rostros de Nedda la obligan a quedarse, a reconocer que entregarse a sus ilusiones implica fenecer ante fuerzas mayores.
Canio la matará y ella jamás podrá ser libre. En su secreto, la tentación yace latente. Nedda camina por el escenario, canta y entretiene, pero su acto no es ningún divertimento. Arlequín, Canio, Paglaccio, Silvio, Taddeo, Tonio, no son un guionazo, son un marcantissimo. Mientras, la dolosa dama de niente figura se pregunta: “¿Por qué, de entre todos, es ella la que más debe fingir?”.
En su discreción, su paralelo dista de la lejanía, porque sus rostros son los más cercanos reflejos. Cada uno de sus papeles es una patética pintura de su verdad. Aunque se acarician, se besan cual sol a una cima. La ilusión de la bienaventuranza disminuye la distancia de la niña sin nombre y la atada mujer.
Al final, cuando Nedda es incapaz de protagonizar la escena, el oboe deja de dialogar con ella. Su confusión le impide que su interior y sus circunstancias se concilien. Se excusa tanto de su realidad como de su ficción. El forzado dueto del oboe y la flauta empeña en romperle los oídos, quitarle el equilibrio. A lo que se sostiene pizzicatto ante el reclamo de Canio.
Cuanto mayor solemnidad hay en el conflicto, menores son las risas y el gozo. En frente de los espectadores se expresan sin matices; no así cuando va a perecer. “La tierra con la que quizá sueñan”, más allá del odio a la vida errante y nada aventurera. O del nombre del amante que intentan arrancarle. Nedda es asesinada por su desconcierto: la liberación.
Los dioses bohemios culpabilizan a Nedda, la polifacética, quien quiere por nombre el olvido. Dama que es reflejo de un conflicto interno entre su delirio y su oscura realidad, entre el gracioso acto y su funesta vida. Sedienta de cielo, Nedda fallece tras un último zureo, el único aliento sincero de su quimera. Avanzando sobre los abismos y el mar, se coloca la máscara de persona en un intento de disfrazar su alma ave.
Bartolano D. Marina Alison J.
Me gustó el hecho de que hayas profundizando en Nedda, un personajes clave en la historia, que como bien lo planteas va más allá de su infidelidad. Pienso que el significado de su canto sobre las aves es un aspecto muy interesante; ese deseo de libertad y a la vez temor por lo desconocido y por Canio, en el que te basaste para escribir el ensayo, me pareció un gran acierto.
ResponderEliminar