Castillos en el Aire

Castillos en el Aire

Empatía a las Construcciones Familiares y a los Versos



“Decía la verdad. Siempre decía la verdad. No sabía mentir, nunca desfiguraba la naturaleza de un hecho cierto, jamás modificaría una palabra, por desagradable que fuera, para acomodarla a la conveniencia o el gusto de nadie; y menos aún la modificaría para complacer a sus propios hijos”.

—Virginia Woolf, Al faro.



Las arquitecturas de cristal son las más vigorosas. En sus balaustres reverberan los oníricos placeres, que me pregunto si desconoces. Un día como cualquiera tu fastidio era mármol y tu presencia el eco deshecho de tu aprecio. Y tus hijos, los eternos niños, viven buscando algún atisbo de afecto. Es tu abandono, tu enfado, tus exiliadas esperanzas motivo  lírico.


Como la ausencia sin refugio, así la soledad donde hubiera compañía, se antoja como un miembro amputado. No he escrito en vano mis versos, el único hogar que me restaba. Nosotros, los infantes, habitamos en la fantasía. Me pregunto si tú también fuiste constructor de castillos en el aire ¿Cuándo recordarás que tú también forjaste Roma en tu mente? Hoy en día, las horas se sienten como Troya sobre Troya; sobre cuerpos, sobre sangre.


Al igual que en los versos de Virallonga, la duda y el reclamo se cuelan en mi piel. ¿Has olvidado que tu deseo era un cuarto propio, donde el alivio reinaba? ¡Qué tan ignorados has dejado los imperios que reinaste! Los príncipes, princesas, caballeros y juglares, ya no pueden erigir sus templos sin tu permiso. Ya no eres rey, ni habitante; solo arquitecto.


No conoces ningún rincón del pueblo. Dibujas fortalezas donde el corazón se resquebraja y solo restan débiles cimientos. A los primogénitos, nos queda la imaginación que surgió de tus sueños incumplidos. Algunos días éramos Anne Shirley y otros Mary Lennox: la muestra de una orfandad no intencionada. Es difícil cruzar mirada, espíritu a espíritu, cuando no existen puentes.


¿Qué secretos yacían en mi silencio? Tal vez la imprevisibilidad de mis travesías. Mi mente ha viajado de Fráncfort a Weimar, pero se ha ahorrado el pasaje de medianoche a Wahlheim. Todavía espero a quien me despida, mas no puedo irme sin ti. Cada instante, el tiempo demuestra su ausencia de adversidad, de titubeo. Y uno espera que en Delfos alguien más responda por ti, porque no hay que molestarte.


Los hijos ahogan sus llantos en odiseas. La lluvia del mundo son las lágrimas del niño y sus truenos sus hipidos. El escabroso camino, se encharca y ya no es claro si me ahogo o  si de verdad existe un piso. La cotidianidad se cuartea y te hablaré, cuando ya sea demasiado tarde porque el miedo me hubo paralizado. Más tarde, las utopías provocaran pavor. Este año, sé donde estoy, pero es una incertidumbre el dónde habito.


Mira, Padre, no te enfades, si Hans Giebenrath gimotea en el dorso de una Sra. Ramsay. Tampoco si busca Marillas o Mathews. Ni si se hospeda en mausoleos sin epitafio. Mucho menos, si se sumerge en la Heláde de Hesse. Por que hemos salido, obedeciendo tus plegarias. Me he aferrado a estas paredes; no deseo tu dolorosa soledad. Sin embargo, al final, en esta casa, no todas las puertas son tuyas por abrir. 


Mis súplicas se han desfigurado como poemas, con la lectura de “Mímesis del Arquitecto” y “Mira, Padre, no te enfades”. Te enuncio: “basta con ser un pilar de cristal, un museo de emotividades”. Ni la fallecida madre, ni los crecidos descendientes, confinarán tus sueños. Nadie indagará morbosamente en tus vestigios. Así que ahora, ¿a dónde van tus secretos, tus sentimientos ocultos? No te negaremos el aprendizaje, ni la humanidad.


Así que, Padre, no te enfades, si yo también soy de carne; si me desvisto con la poesía de Jordi Virallonga. Porque necesito saber que aún nos quieres, sin que te recuerde que soy capaz de tallar tu cara en un estípite. No requiero un cincel, sí la aprobación. ¿Podrías levantar la mirada y observar que en las nubes me he criado? ¿Has notado, entre los cirros, mis suspiros, mis anhelos? De vez en cuando tengo la sensación de que apenas sabes mi nombre y solo es porque lleva tu apellido. 



Alison J. B. Diez Marina

Comentarios

  1. Me encantó tu ensayo, sobre todo las referencias que haces a Virginia Woolf. A pesar de que es muy lírico, logras abordar el dolor que está plasmado en los poemas de Virallonga. Hubo muchas frases que me gustaron, no porque fueran bonitas, sino porque "le dan sentido a las heridas". Me encanta leerte.

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    1. ¡Muchas gracias! Me hace muy feliz el que te haya gustado <3

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