De regalo.
Una ciudad envuelta con un moño rojo.
Recuerdos fugaces que al rememorarlos no puedes hacer nada más que sonreír. Porque lo importante pasa en una noche, en un momento, en una salida. La nostalgia te arrastra cuando lees De regalo, un cuento escrito por Jorge F. Hernández. Es inevitable no recordar las risas guardadas en el corazón, la emoción que recorrió tu cuerpo o lo cansado que te sientes al regresar a casa después de una noche que protege miles de locuras y encierra el más preciado regalo.
La noche esconde miles de almas perdidas en el mundo, algunos a nada de encontrar su destino. Un destino que nos aterra y a pesar de eso decidimos salir a tomar un respiro antes del inminente curso de la vida. Es así como una salida donde no esperas nada se convierte en la salida que te hace sentir vivo de nuevo y olvidar por un momento la incertidumbre del mañana.
Nos encontramos de nuevo con aquel adolescente que se quiere comer el mundo de un bocado. Con las esperanzas que aguardan inquietas bajo nuestro brazo y nos murmuran, el mundo es nuestro. Los nervios se hacen inminentes ante ese nuevo reto y solo aquel que ha vivido más que nosotros nos puede decir, te regalo la ciudad.
¿Por qué regalar un ramo de flores o una caja de puros, cuando puedes regalar toda una ciudad?. Porque la ciudad nos ofrece una oportunidad tras otra, noches de diversión y días de alegría. En la ciudad hay vida y la vida nos demuestra que por cada lucha ganada un nuevo hombre renace. Y en la ciudad, ante el fugaz recuerdo de noches ambientadas por carcajadas y fotografías que se marchan con el amanecer, no existe el tiempo o el miedo, no hay cosa alguna que nos detenga.
Podemos olvidar la angustia que nos aqueja, esperar que el ritmo de la vida siga su curso y porque no, dejar que nos lleve con ella. Ante la inquietud de un paso a lo desconocido, de una presentación a cargo de nuestro futuro no podemos evitar sentirnos intimidados. Alguien que observa nuestra angustia, alguien que entiende el miedo en nuestro corazón, solo los mayores, aquellas personas que entienden de emociones y nos dan, el más preciado de sus regalos. El regalo de un viejo es aquel que sin ser un objeto reconforta el alma, que sin ser de valor resulta invaluable y aquel que sin ser observado es digno de admirar.
La humildad del anciano no le permitirá decirte que te ha obsequiado el mejor regalo y tampoco será capaz de alardear de ello. Tú, como aquel adolescente con ganas de comer el mundo, no podrás recibir un regalo de valor similar en toda tu vida. Porque el anciano, con toda esa experiencia a cuestas, solo podrá decir lo que en su corazón guardo por tanto tiempo. Te regalo la ciudad y cada lágrima derramada en ella, te regalo la ciudad y cada grito de alegría, te regalo la ciudad y con ella la esperanza en una noche cualquiera.
Y finalmente, después de recorrer una ciudad que ahora te pertenece, puedes llegar a casa y esperar que al día siguiente, esa ciudad siga siendo tuya. La angustia se ha marchado y lo que suponía una noche tranquila se ha convertido en una experiencia inolvidable. con esta velada has vuelto a tu época de oro y desperdiciar cada momento resulta en un pecado. De la mano de un anciano, bajo las luces de la ciudad puedes decir, yo he recibido el mejor regalo.
Gabriela Noemy Chávez Pacheco
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