El Defecto Fatídico o lo Pintoresco y Abismal

 El Defecto Fatídico o lo Pintoresco y Abismal.

                                                                       por Xavier Angeles Venegas


“Aquí, en su mente, tiene intimidad completa. Aquí no hay diferencia entre lo que es y lo que podría ser.” Palahniuk


“Si sientes dolor, nútrelo, y si hay una llama, no dejes que se consuma, no seas cruel. [...] Pero, no permitirte sentir nada, por temor a sentir algo, ¡verdadero desperdicio!” Aciman



Así en el arte como en la vida, ¿existe una hamartia? El aquel denominado defecto fatídico. Una tenaz sentencia que presagia la forma explícita de nuestra inminente caída, un oráculo que determina, de entre la multiplicidad de fortunas, una perfecta y exclusiva para nosotros. Solía creer que no, que la ficcionalidad residía dentro de los confines dell'arte, pero ahora soy capaz de presenciar la literalidad de la vida.


Arte y vida, ¿Qué son sino dos caras de la misma moneda? Se inspiran mutuamente como musas, y en ocasiones son reflejos mismos en un laberinto de espejos. Avanzamos lentamente a través de los pasillos-réplica, intentando encontrar una guía, un indicio de estar avanzando en la dirección correcta, más, ¿Cómo estamos seguros de avanzar en realidad?


¿Avanzamos porque creemos avanzar o porque somos conscientes de ese movimiento en primer lugar? Nuestra humanidad nos asegura eso. Nuestra humanidad, ¿Qué es? Despojados de todo bien, lo que nos queda es una única brújula: aquella expresión arcaica de  nuestra resonancia límbica. Synaisthímata y sképsi: emoción y pensamiento, que se rigen por una única verdad: la propia. Humanidad, ¿Qué es sino el razonar, el imaginar, el sentir amor, el sentir pena? Si es eso ser humano ¿Qué tan humanos somos?...


Bajo el efecto de una cuerda en varios extremos sostenida, nos hallamos en medio de la tormenta, de la conjunción de tres fuerzas: penuria, amor y arte: naturalezas ajenas a nuestro control, que invaden nuestras vidas sin reglas, ni advertencias, sin alcances o limitaciones. Pues, para que existan deben ser completamente libres.


Bien llamadas por Freud pulsiones, aquellos fenómenos que nos halan en determinadas direcciones, a personas, a objetos; en el trascendental intento de liberar tensiones de una bohemia insatisfacción. Esos resabios de una condición natural, actualmente obnubilada, dimensionada únicamente por lo mediático enfermizo.


Borrasca ideológica intrascendente, un esbozo somero, esta nueva realidad que nos exige ciertas cuotas de felicidad, de status, de belleza, una amalgama de expectativas inalcanzables e irreales que sólo terminan orillándonos al abismo, y bien es sabido que la mirada de este, te persigue sempiternamente.


Claridad diáfana, es aquello a lo que aspiramos cuando comprendemos esta surrealista existencia, la vida no siempre es bella, es cruda e inclemente, una sucesión de problemas, de obstáculos. Ahí está la dosis de realidad no-acaramelada y entre más rápido lo entendamos, menos heridas habrá que zurcir.


Caminamos entre esos falsos destellos que no nos reflejan a nosotros mismos, sino lo externo, vivimos rodeados de positivismo cutre, un interminable círculo fatal que nos hace adictos al eudaimonía-rush, que como un opio, nos engancha de este: del reconocimiento, del éxito, de la perfección, de sentirnos felices— evidentemente distante de la verdadera felicidad—.


Constituidos en el ello, las pulsaciones, el Eros, la pulsión de la vida, está caracterizada por los deseos de satisfacción, mientras que el Thanatos, la pulsión de la muerte, se representa por la agresividad, la destrucción de las amenazas del ser. Vivimos en el constante estira-y-afloja de ambos, y eso es la vida, la intermitencia entre el placer y el dolor, la felicidad y la penuria, ninguno tendría sentido sin el otro.


Dilapidados entonces, son los fútiles intentos de conservar un estado por encima del otro, de valorar más aquello que nos causa gozo que lo que nos causa tormento, ambos son ibrat, paroxismos que nos permiten analizar nuestra existencia y aprender de afuera como de nosotros mismos. 


Dilucidamos entonces, que la vida y el arte, están unidos, por una grieta grotesca, una marca oscura que nos revienta el alma, de ahí nace la poética y aristotélica idea de que la belleza es terror, a la par; nos estremecemos con la verdadera belleza porque el sutil vapor de esta emoción es exudada una piel, ¿somos lo suficientemente valientes para arrancar el yugo y contemplar con los ojos desnudos la terrible belleza?, ¿Soportaremos mirar su inhumanidad? Dejar que este ser, llamado dios nos consuma, nos devore, nos quiebre los huesos. Para que, finalmente, nos ocupa renacidos. (Tartt:1992)


Diluirnos en el fuego acérrimo del ser, es aceptar que el arte es interno como con las emociones, aunque más próximo la la divina perfección, no pertenece al reino de las partituras o de los pinceles, ni de los lápices ni de ningún apéndice material, el arte como las ideas viven libres, pero accesibles de ciertas formas, de ciertas maneras, a ciertas personas.


Empero, estas formas del arte, no están confinadas a lo que los instrumentos puedan crear de ellos, un paisaje impresionista, entonces, seguirá siendo arte ante todo, aunque nadie pueda contemplarlo. Porque existe algo intrínseco que es inherente a su propia artistía. 


Es menester en este sentido, no entender arte por artistía, ni viceversa, pues es una sentencia falaz. Por más intrínsecamente relacionados que puedan parecer. De forma similar a cómo los tréboles crecen por los campos anticipando la primavera, a cómo la luna creciente anticipa la marea baja: la belleza anticipa el terror. 


Entonces, ¿Cómo sabemos cual es nuestra belleza y nuestro terror? Tal vez la magia consiste en ese, descubrirlo, poco a poco, hasta dar con él. Así que, ¿Cuál es tu defecto fatídico? El mío, quizá sea lo pintoresco, por ende lo que circunda el abismo, ambos inmiscuidos entre las páginas de este ensayo. ¿Te has percatado de ello?


Comentarios

  1. Tus textos siempre resuenan profundamente en mí. El uso de una pregunta retórica influye tanto en el lector porque es la invitación a una conversación de respuestas silenciosas.

    "Aprender de afuera de nosotros mismos" eso fue muy bello. "el Eros, la pulsión de la vida, está caracterizada por los deseos de satisfacción, mientras que el Thanatos, la pulsión de la muerte, se representa por la agresividad, la destrucción de las amenazas del ser". Me voló la cabeza... Me encanta como ambos conceptos se concilian; mientras que los deseos de satisfacción no excluyen a la destrucción de las amenazas del ser, la naturaleza humana parece yacer en esa unión. Lo que deseamos y lo que nos amenaza es lo mismo...

    Siempre es un placer enorme leer tus textos, discutamos más a donde este tema, me pareció muy interesante.

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