El dolor ajeno se puede experimentar en primera persona.
El
dolor ajeno se puede experimentar en primera persona. Un ejemplo de ello es la
poesía que, bien lograda, puede llegar a ser devastadora. Poemas como Mimesis
del arquitecto o Mira padre no te enfades de Jordi Virallonga son
escritos que, a pesar de tratar temas en específico, están realizado de una
manera tan concreta que no importa si uno se ha encontrado en una situación
como la que se ilustra, uno llega a verdaderamente sentir el dolor y la
melancolía de la que se habla. Virallonga es un gran poeta y de ello no tengo
duda, ya que, con los dos poemas mencionados anteriormente, consigue que el
lector habite momentáneamente un espacio emocional increíblemente trágico.
Innegablemente, la buena poesía es sinónimo de amalgamiento empático.
La
decepción es algo que lamentablemente todos llegan a experimentar tarde o
temprano. Si bien cualquiera llega a experimentar este sentimiento por diversas
razones, todas estas situaciones tienen algo en común: se trata de un sueño o
una ilusión rota. Mimesis del arquitecto nos habla de una dinámica
familiar disfuncional y una casa que, a pesar de haber sido construida con
buenas intenciones, hoy es el refugio de esta familia que no sabe cómo llevarse
bien. Según el poema, la casa se alzó a base de prósperos años nuevos y buenos
deseos sin considerar que, en unos años, comenzaría a desboronase; a mi
parecer, esa casa representa la idealización de un “hogar” (el sueño) y al
mismo tiempo, simboliza como este mismo jamás llegó a ser el lugar acogedor que
debía (la ilusión rota). Considero que Mimesis del arquitecto es el
perfecto retrato de un sueño que jamás logró concretarse: la aspiración de una
familia funcional.
Ahora
bien, todos conocemos al menos una historia de un hogar roto, podría apostarlo.
Tristemente, las familias unidas y con relaciones sanas no son algo común, por
lo que empatizar o incluso sentirse identificado con el segundo poema de Jordi,
es bastante fácil. Mira padre no te enfades es un poema narrado desde la
perspectiva de unos niños cuya madre ya no está, pero lo que reclaman no es la
ausencia de esta sino la de su padre y cómo este se ha alejado de sus hijos
porque no sabe como lidiar con la pérdida de su esposa; por desgracia, el padre
no se ha dado cuenta de que, al alejar a sus pequeños, también los está
perdiendo a ellos. La manera en la que está desarrollado este poema es
devastadora, porque hace que uno como lector empatice con el dolor y
sufrimiento de todos los involucrados, tenga lástima por los niños y sienta
pena por el padre. Mira padre no te enfades es un coctel de martirio
emocional pero un trago agridulce de poética maravillosamente escrita.
Sin
duda, ambos poemas están tan bien realizados que se han convertido en
verdaderas joyas poéticas y exponentes de la devastadora mente artística que
les dio vida. Quizá el ingenio no tenga una forma cuantitativa de medirse, pero
en lo personal, considero que puede saberse que tan talentoso es un artista en
medida de cuanto y qué logra hacer sentir al espectador la obra en cuestión. De
todas las personas que sé que han leído estos dos poemas, no existe ni una sola
que no se halla sentido emocionalmente destrozado después de ellos. Es por esto
último que afirmo con total certeza: Jordi Virallonga es un poeta de alto
calibre gracias a la capacidad empática que transmiten sus versos y lo profundo
del contenido del que escribe. Este autor es un experto en crear conexiones
entre él y sus lectores por medio de sus textos.
La
buena poesía es hermosa, pero la poesía extraordinaria es capaz de hacer sentir
al lector cosas que jamás hubiera imaginado que podría experimentar. Un claro
ejemplo de esto es el poema Mimesis del arquitecto, el cual ilustra de
manera maravillosa el impacto que tiene sobre lo material cualquier ilusión destrozada
(en esta ocasión, una casa). Por otro lado, tenemos el agridulce poema Mira
padre no te enfades el cual, a pesar de su triste contenido, logra
transmitirle al lector un fuerte sentimiento. Indudablemente, el talento de Jordi
Virallonga es tal que lo ha convertido en un experto del amalgamiento empático
entre autor, obra y lector.
Alexia Ibarra Martínez
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