El que bebe y no bebe dos veces, es porque no sabe beber
Merendemos, deleitémonos, forniquemos: Después de la muerte no habrá ningún placer. ¿Por qué no? Cuando convertimos los placeres que nos otorgó la naturaleza en errores. ¿Quién lo hizo? Aquellos que han estado y están en los bacanales no podrían desprenderse del goce de la vida, ¿acaso hay alguien aquí qué esté llorando? Niños, jóvenes y viejos se encuentran en las fiestas y todos pasan por mi. Me disfrutan, y eso es lo que les da vida y alegría.
Se lo que piensan y dicen de mí los protestantes, que alzó la lujuria y muevo a los indeseables. Creen que necesito engañar a los hombres para que me sigan. Lo cierto es que la felicidad y el amor se llevan de la mano con el vino. El hombre me dio el poder y saber de las uvas. Desde que son pequeños a cuando pasan por su edad más agraz, hasta llegar a donde me encuentro yo.
Aquí,en la isla de Andros, donde he decidido descansar y acostarme entre las vid, que desde los inicios de mi vida han sido una buena compañía a las uvas. Tan pronto como empezaron a adormilarse mis ojos, la gente tomó posición y empezaron a beber. Ya no conocen las reglas, ¿para qué?, el vino no tiene reglas. Es seductor por sí mismo. Adorna a los hombres y mujeres, realzando sus mejillas de un tierno color rosa. Abre a las mujeres con la risa, y a los hombres con su apetito. Desconocen el pudor y sienten calor en sus cuerpos, la gente de ahora lo llama embriaguez, yo le digo libertad.
Me aman, y cómo no hacerlo, si yo los puedo llevar a esas tiernas edades en donde no conocían la vergüenza. Cuando los adultos los miraban con recelo y los obligaban a comportarse como ellos, hasta volverlos grises y amantes de las reglas y conflictos. Dicen ser superiores por tener experiencia y dolor en sus historias, pero, quién necesita eso cuando hay vino y amor. Mírenlos ahí, los hombres no necesitan pelear, las mujeres no tienen miedo de los amantes, los niños orinan sin temor a ser reprimidos.
La naturaleza nos cuida y protege de aquellos que dicen ser santos, pero, lo único que pueden destruir soy yo, el vino no me preocupa, lo necesitan tanto que inventaran excusas para poder degustarlo. No rechacemos los presentes que nos da Gea, no le ha sido fácil hacer un bebida del color de nuestras venas. Pero, ahora que estamos solos, ahora que nadie nos ve, alcemos las jarra y copas por el amor y el vino.
Ya no piensen más hijos míos, beban, coman, disfruten, forniquen y elogien. Si los hombres los acosan por vivir por la sangre y la diversión, burlense, lo más seguro es que a ellos no se amanceban desde hace mucho. No importa lo que pase conmigo, Sileno me dirá a la tumba lo mucho que gozan. Arrímense los unos a los otros y festejen como los niños, sin dolor, con honestidad y lejos del recato. Rían hasta sonar igual que los niños, besense como adolescentes y olviden a los viejos, ellos ya están perdidos. Háganse esto, por favor, en la muerte ya no habrá diversión.
Aquí,en la isla de Andros, donde he decidido descansar y acostarme entre las vid, que desde los inicios de mi vida han sido una buena compañía a las uvas. Tan pronto como empezaron a adormilarse mis ojos, la gente tomó posición y empezaron a beber. Ya no conocen las reglas, ¿para qué?, el vino no tiene reglas. Es seductor por sí mismo. Adorna a los hombres y mujeres, realzando sus mejillas de un tierno color rosa. Abre a las mujeres con la risa, y a los hombres con su apetito. Desconocen el pudor y sienten calor en sus cuerpos, la gente de ahora lo llama embriaguez, yo le digo libertad.
Me aman, y cómo no hacerlo, si yo los puedo llevar a esas tiernas edades en donde no conocían la vergüenza. Cuando los adultos los miraban con recelo y los obligaban a comportarse como ellos, hasta volverlos grises y amantes de las reglas y conflictos. Dicen ser superiores por tener experiencia y dolor en sus historias, pero, quién necesita eso cuando hay vino y amor. Mírenlos ahí, los hombres no necesitan pelear, las mujeres no tienen miedo de los amantes, los niños orinan sin temor a ser reprimidos.
La naturaleza nos cuida y protege de aquellos que dicen ser santos, pero, lo único que pueden destruir soy yo, el vino no me preocupa, lo necesitan tanto que inventaran excusas para poder degustarlo. No rechacemos los presentes que nos da Gea, no le ha sido fácil hacer un bebida del color de nuestras venas. Pero, ahora que estamos solos, ahora que nadie nos ve, alcemos las jarra y copas por el amor y el vino.
Ya no piensen más hijos míos, beban, coman, disfruten, forniquen y elogien. Si los hombres los acosan por vivir por la sangre y la diversión, burlense, lo más seguro es que a ellos no se amanceban desde hace mucho. No importa lo que pase conmigo, Sileno me dirá a la tumba lo mucho que gozan. Arrímense los unos a los otros y festejen como los niños, sin dolor, con honestidad y lejos del recato. Rían hasta sonar igual que los niños, besense como adolescentes y olviden a los viejos, ellos ya están perdidos. Háganse esto, por favor, en la muerte ya no habrá diversión.
Howard Salas Silva.
Comentarios
Publicar un comentario