El Vortex Verdadero o a través de los espejos del Poeta

El Vortex Verdadero o a través de los espejos del Poeta

Por Xavier Angeles Venegas

El Jardín

         En robe de parade

          Samian


“Como una suelta hebra de seda que el viento sopla contra un muro

Ella camina por la baranda de un sendero de los jardines de Kensington,

Y ella está muriendo de a poco

           en una especie de anemia sentimental.


Y alrededor hay una chusma

De asquerosos, fuertes e indestructibles niños, de los más pobres.

Ellos heredarán la tierra.


En ella se encuentra el fin del linaje.

Su aburrimiento es exquisito y excesivo.

A ella le gustaría que alguien le dirigiera la palabra,

Y casi teme que cometa

           yo esa indiscreción.”


E. Pound.


Hay heridas que con el tiempo se curan, los hematomas pasan del azul, al verde y con el amarillo se desvanecen de nuestra piel. Sin embargo están esas otras que son siempre llagas abiertas, que nos excorian la piel, y nos estremecen por dentro, las mismas que a veces parecemos olvidar, pero la sal de nuestros ojos siempre reverbera en ellas.


Esta vez quiero centrarme en las segundas, menos discutidas, a veces convertidas en tabú, ignoradas porque no son físicas, aunque duelan de forma semejante. Heridas que, sin duda debemos admitirnos, cicatrices que sólo son pátinas de un profundo abandono exacerbado, el sosiego de épocas pasadas. Similares ahora a la naturaleza muerta, como los holandeses sabían retratarla perfectamente: instantáneas a priori de la podredumbre, al lindero de una madurez aletargada.


El punto es saber los mensajes codificados de dichas pinturas. En ellas. incluso las más pequeñas cosas estaban cargadas de tal significación: moscas o insectos, incluso pétalos marchitos o alguna que otra mancha negra, todo eso habla de lo efímero, de que todo aquello que está vivo, y por ende,  intuimos que no durará para siempre.


Muerte en vida, eso significa des natures mortes, cuando uno sólo se fija en lo espléndido y lo estético, deja de lado una cosa infinitamente trascendente: lo lacónico. En los Países Bajos se utilizó por primera vez este término, cerca del siglo XVII. Los artistas, entonces, desarrollaron un interés particular por los objetos y su potencial alegórico. Y es que, la vida, poéticamente es esa carrera contra el tiempo, algo en lo que no reparamos a diario. Pero que siempre nos rodea. Ellos supieron ver esos detalles y los plasmaron en el arte, retrataron los ecos de una poesía visual.


Distantemente similares, en muchas formas, la naturaleza muerte es a esos retratos familiares, núcleos de lazos estrechos, estirpes espléndidas y perfectas: que rara vez lo son. Se convierten en un mero artificio o un truco de la cámara, que sólo promete ideales que son imposibles de sostener, porque la vida dista lo suficiente de la perfección. La única cosa más parecida a esta última, es la poesía. Por iguales partes inauditamente bella, pero traicioneramente destructiva. Una intensa batalla entre lo estático y el dinamismo, similar al vértigo,  lo que se experimentaría dentro de un vórtice.


Previo a la Primera Guerra Mundial, existió un movimiento artístico británico liderado por el pintor y escritor Wyndham Lewis, el vorticismo, inspirado en el Grupo de Bloomsbury, el mismo al que perteneció Woolf, y el cubismo, que surgió como un intento de capturar tanto el dinamismo externo como la quietud de su centro, una exquisita combinación de movimiento y calma, y en la poesía concretamente en el dualismo integrado en las imágenes que se evocaban.


Dicho de otra manera este movimiento creía en un punto de máxima energía y que esté a su vez compartía un matiz primordial con su arte. Cada emoción o concepción, en su forma más pura y cruda, era presentada como un discurrir de conciencia vivido. Una imagen que significa cientos de poemas, la música que significa cientos de imágenes, la declaración más energizada, que aún no se ha gastado pero que es la más capaz de expresar. (Pound:1913)


Los poemas manifiestan ideas e imágenes por medio de palabras, un constante intercambio de pausas y movimientos que nos provocan emociones, es como una orquesta magníficamente estructurada. Por eso nos sentimos tan magnéticamente atraídos a ellos, aunque o nos guste la poesía, ya que si bien, ésta no tiene la capacidad de sanarnos las heridas, nos brinda la oportunidad de aceptarlas y convertirlas en algo más puro. Pero la idea crítica no es ajena en esta área.


Hoffman y Granger concordaban en que, antes de la psicoterapia, estaba la poesía, conocida como una de las artes más antiguas de sanación que hayan sido utilizadas en diferentes culturas, a través de la historia. Ahí donde la gente sufre, la poesía florecerá de esa tierra fértil. Aunque experimentada de diversas formas, la poesía nos puede ayudar a soltar, a comprender, a reparar y a analizar, la manera en la que interactuamos con el mundo y las personas.


Empero, ¿por qué sucede eso?, la poesía no siempre es feliz, y lo feliz siempre estará maquillado por las expectativas, sin embargo, lo triste, lo doloroso, representa el lado real pero verdadero, porque ya no se está atado a lo externo, sino a nuestro fuero interno. Gadamer creía que existía una relación particular y única entre el lenguaje poético y la verdad,  ayudándonos a entender y asimilar el papel que juega la libertad poética en la reflectividad interna de nuestra propia verdad.


La narrativa catártica, o el poema, es entonces convertida en una invitación; cuando se le es ofrecida a una persona con dolor; para decir, escribir o expresar de forma artística una interpretación de ese sufrimiento. La reflexión es vista como ese proceso en el que nos detenemos a apuntar todos los espejos hacia nosotros mismos, cuya habilidad nos permite, al menos por un instante, desprendernos de nuestra piel y alejarnos; y en esa espléndida, pero auténtica libertad, que nos permitirnos analizar otras perspectivas, perdonarnos, o en el mejor de los casos, sanar.


Con la ayuda del Poeta uno es capaz de iniciar las más duras conversaciones y provocar una verdadera transformación. Si bien el dolor no desaparecerá para siempre, al menos las posibilidades romperán las barreras del silencio en la magnética oportunidad de liberar nuestros más escondidos pensamientos y revivir las experiencias del dolor, para así, poder aprender de él.

Comentarios

  1. Tu introducción y cierre me gustaron mucho. Además de tu frase de inicio, me gustó que hablaras sobre los dos tipos de dolores, y que el segundo es comúnmente considerado un tabú (desgraciadamente). Y en tu cierre me gustó que consideradas a la poesía como una oportunidad de no solo hablar de esas heridas, sino de la posibilidad de sanarlas.

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