El
día de la bestia.
Los evangelios según la comedia irreverente.
Jorge
A Viniegra.
Cuando se piensa en la
iglesia católica se nos remite a mil y un posibles pensamientos, la religión
más extendida del planeta y pos siglos impero como una de las instituciones más
poderosas del mundo vuelca sobre el espectador un extenso abanico de posibilidades
negativas.
Ya sea en súper producciones de películas de época, el terror clásico en blanco
y negó, en la explotación del pánico satánico, o en el cine de dramático de
denuncia social el catolicismo tanto en su cosmogonía y mitología, tanto como
institución, la religión de Cristo ha estado presente en las salas de cine y
aunque su representación ha variado de época a época, no se puede negar de
ninguna manera el impacto que el catolicismo ha marcado en el medio, siendo
referenciada en innumerables géneros más. Aunque cabe resaltar que es el terror
el que más elementos ha tomado y aprovechado de esta religión.
En el terror cálcico de
banco y negro que invocaba a las criaturas de la literaria gótica arrancándolas
de sus páginas, como: “Drácula”, “el hombre lobo” o “Frankenstein” la
referencias religiosas no escaseaban siendo en ocasiones una de los pocos métodos
de defensas efectivos contra los hijos de la noche; Conforme el séptimo arte
avanzaba junto a la cultura, la religión tomo un protagonismo mucho más marcado
en el gran pánico satánico que entro en auge en estados unidos en los 70s y
principios de los 80s dando como
resultado algunas de las obras que hoy podríamos considerar clásicos del cine
de terror, “El bebe de Rose Mery” y “El exorcista” son claros ejemplos de los
mejores exponentes de esta vertiente del cine, no obstante previo a este siclo
de explotación la figura del ángel caído había llegado a la gran pantalla comúnmente
en forma de sátira en múltiples comedias que rebajaban la imagen del príncipe
de la oscuridad a un bufón perverso pero divertido.
Es así el cine se dividió o se tomaba la mitología cristiana con seriedad y
solemnidad, o se llevaba al terreno de lo ridículo con parodias que
aprovechaban dicha mitología para hacerse de una buena cantidad de chistes
fáciles. Y en medio de ambas vertientes se encuentra “El Día de la Bestia”.
El segundo largometraje
de Alex de la Iglesia presentaba una premisa simple pero efectiva: el
anticristo está por nacer y un cura devoto debe averiguar donde será el
alumbramiento para evitar su nacimiento y posiblemente el fin del mundo,
teniendo que corromper su alma para entrar en contacto con satanás con el fin
de cumplir su propósito.
La premisa funciona ya
sea para cualquiera de las dos vertientes en las que el cine se apoyaba para
representar esta clase de tramas, pero Alex de la Iglesia sería capaz de llevar
a buen término tanto la una como la otra.
De buenas a primeras la carga dramática se refleja en el personaje principal
Ángel el clérigo protagonista que se nos muestra como un alma bondadosa que
ejerce su profesión completamente entregado a sus creencias y que por lo mismo
está dispuesto a sacrificar su alma en nombre del bien común. Este personaje
parece nacer del catolicismo que impera en la sociedad española y que forma
parte de la cultura de la península ibérica de tal modo que incluso en la
actualidad la influencia de esta religión influye en los conceptos artísticos
de las obras modernas como por ejemplo la obra de narrativa digital interactiva
“Blasphemous.
Ángel se representa como esta encarnación del cristiano ideal enfrentado a la
decadencia social representada en este caso por una Madrid deslucida sucia y perversa,
una importante carga para un personaje tan entregado al dogma católico que más
allá de los aspectos superficiales gira en torno al sacrificio, lo que se puede
ver en como la iglesia tiene en alto estatus a los mártires que es finalmente
en lo que Ángel termina convirtiéndose al final de la cinta, esto pro si mismo
es suficiente para soportar la carga dramática de la película sin embargo el
cruce con el humor absurdo es lo que le da su particular aura.
Si bien la lucha con el maligno es la columna vertebral de la película, la comedia es el sangre que da vida a la obra, una comedia brillantemente escrita que no solo aprovecha el humor de pastelazo propio de los tres chiflados sino que aprovecha para hacer una crítica social que condena la hipocresía del católico promedio, poniendo en evidencia el desprecio al prójimo que muchos de estos “seguideros del señor” demuestran en su día a día. Pero gran parte de la comedia es sostenida por los personajes secundarios especialmente José Maria un aficionado al metal pesado y adorador a tiempo parcial del maligno que sin embargo ve en Ángel una figura paterna por el cual está dispuesto a ayudar en todo lo que requiera e incluso dar la vida por la causa. Son las intervenciones de este personaje que no solo son graciosas sino útiles lo que hace de la película algo más que una comedia común y corriente. Pese a la cantidad de humor que maneja la película desde su primer acto hasta el final la lucha contra el maligno se siente como algo urgente y agobiante, malavarendo entre la risa y la preocupación por ver a los héroes triunfar, dejando un final agridulce que parece encajar como anillo al dedo para un héroe católico.
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