En la vida y en el teatro.
Entre suspiros y dolor.
No te puedes aferrar a la arena que se desliza entre tus dedos. Dicho de otro modo, no te puedes aprisionar a un amor que ya no te pertenece. Pagliacci quiso asegurar el amor de Nedda y terminó, perdiendo aquello que más amaba. La cólera de un hombre que no ve hasta que es demasiado tarde resulta digna de ser interpretada. Pero resulta mas interesante si añades un romance prohibido. La trágica historia que recibe ovaciones de pie y desgarra el corazón de más de un espectador. Las notas musicales que le dan a la historia la exaltación de la incertidumbre. Dime Nedda, ¿qué es lo que deseas?, ¿por qué tu voz persigue un sueño?. Recuerda que la miseria humana reside en el deseo y el deseo se alimenta del dolor. Sin embargo, no es posible vivir sin desear, no hay satisfacción en vivir sin lo que deseas. Aún si nuestro deseo nos encausa a un destino cruel.
Para conservar la atención de la audiencia, dale la historia más desgarradora. Dramatiza las emocionas y convierte las aspiraciones del artista en las aspiraciones de los demás. Convierte el amor en un anhelo y destrúyelo sin piedad. Añade el sentimiento de traición, la ira contenida y forma la historia mas importante del momento. El anhelo de un amor imposible solo aflige el corazón del enamorado, por otro lado, la traición de quien amas te envuelve en una tormenta de suspiros y dolor. El anhelo y la traición traen a nuestros corazones aflicción, dolor e ira, sentimientos que apagan nuestra alma y la sumen en una profunda tristeza. El amante y el amado caminan por sendas cubiertas de espinas de las que no pueden escapar. Ríe payaso, no tienes otra opción, dale al público la historia que quieren escuchar.
Ante el público, ansioso por la siguiente escena, no se puede hacer más que alimentar su hambre con risas y tensión. Toma una situación de la vida diaria y conviértela en la manzana de la discordia, en la siguiente obra maestra. Al artista detrás de Pagliacci no le queda más que cubrir el dolor detrás de una mueca. Nedda no tiene más opción que subir al escenario, concebida entre la ira de su esposo y el amor de su amante. Dos payasos que no hacen mas que darle voz a lo que sus almas callan. Porque quien se atreva a decir que el teatro y la vida no son la misma cosa se encuentra equivocado. Para escribir una historia necesitas, al menos, entender que el teatro y la vida van de la mano.
En el canto de Nedda se entrelaza la preocupación y el miedo, en la voz de Canio la ira y el dolor. ¿Qué desenlace nos traerá una historia tan accidentada?. Ante emociones que emergen con la posibilidad de derramar el agua del vaso, bajo el silencio del público que espera la siguiente escena. Termina la historia que no tendrá un buen final, acaba con la vida que se escapa entre tus dedos. Pero no te aferres a la arena que cae teñida de sangre, llora por sobre las voces que ahora han callado. Porque entre risas y alegría, entre notas musicales y un telon abierto no hay más que oscuros deseos.
Un cruel destino, al cual todos temen, es presenciado por niños y adultos, por payasos y enamorados. Si en otra vida es posible, si acaso la reencarnación existe, demos a Nedda y su amante el final que merecen. Porque en el teatro y en la vida el tiempo nunca es suficiente para quienes se aman profundamente. Mientras, querida Nedda, sueña con el deseo que te fue arrebatado. Quizás, dentro de este mundo lleno de posibilidades, en otra vida, en otro momento, obtengas lo que tanto anhelas.
Gabriela Noemy Chávez Pacheco
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