LA COSECHA QUE JAMÁS FUE SEMBRADA
LA COSECHA QUE JAMÁS FUE
SEMBRADA
es aquel al que debes
llamar hogar”
-Jiraiya
“Hogar”
aquella palabra que define aquel lugar que nos brinda seguridad, calor y
confianza, es nuestro refugio ante el peligro. No siempre se trata de un lugar
físico, si no que en muchas ocasiones el hogar ideas es donde sea que se encuentren
las personas que amas y que son importantes para ti, siendo un gran ejemplo de
esto tu familia…pero ¿Cómo sería la vida si aquellos que dicen ser tu familia
en realidad no lo demuestran?
Mímesis
del arquitecto, un bello poema que en menos de 5 estrofas
describe de una manera algo embellecida la situación de aquellos que viven con
el abandono, la ausencia y la negligencia de un padre.
Dicho
escrito se plantea desde la ironía entre el posible pensamiento de quien
construye una casa, aquel que busca crear un espacio que sirva de nido de
confianza para una familia, y la triste realidad que se vive cada vez con más
frecuencia en el mundo. Por más linda y estética que haya quedado dicha
construcción muchas veces esconde horribles secretos que van desde traiciones hasta
agresiones.
En
tan solo unas líneas el poema llega a tocar bastante profundo en los recuerdos
y experiencias de muchas personas que lo leen, ya sea que haya sido como uno de
los involucrados, un espectador o como alguien que simplemente lo escuchó. A
pesar de que a veces te sientas ajeno a la situación descrita también es cierto
que imaginarlo y ponerse en los zapatos de en este caso los niños, resulta
bastante doloroso.
Así mismo da espacio para reflexionar los versos:
“y
los niños tendrían solo una habitación
para
ahogar a cuentos y a canciones bajitas
los
gritos de sus padres:
que por favor sigan queriéndonos”
Pues
entre los padres que pelean en presencia de sus hijos suele estar la creencia
de que “como son niños no entienden lo que pasa” cosa que no está más alejada
de la realidad, ya que los niños no son nada tontos y entienden mucho mejor de
lo que pueden llegar a creer los adultos es por ello que estas peleas también les
afectan gravemente a ellos al crecer en un ambiente toxico en el cual ambos
padres hablan mal del otro lo que contamina la manera en la que los hijos se
relacionan con ambas partes.
Muchas veces crecen con aquel sentimiento de que los constantes conflictos son culpa de ellos, pese a que ellos sean prácticamente inocentes.
Por
otra parte, en el segundo poema se tiene una distinta condición de una familia
rota, que en este caso es un abandono.
Bien se
dice que tener un hijo no te hace un padre. Educarlo, guiarlo, cuidarlo, apoyarlo,
amarlo, hacerte responsable y criarlo, sí.
Es de esta manera que se puede resumir y dar una idea general de lo que
se describe en el poema “Mira, padre, no te enojes” que dé inicio nos habla
sobre un padre muy ocupado que ha dejado de pasar tiempo con sus hijos a causa
de la gran carga de trabajo y de la pérdida de su esposa.
Los niños que además de ya no tener a su madre con ellos ahora también deben enfrentarse a la situación de ahora tampoco contar con la compañía de su padre.
Ante esto se abre lugar para distintas observaciones y puntos de vista,
ya que es entendible que los padres a veces no puedan prestar total atención a
sus hijos puesto que aún tienen obligaciones que cumplir y cuentas que pagar, aun
así su papel como trabajadores de la sociedad no los exenta de cumplir su rol
como padres, ya que las necesidades de un niño no solamente se limitan a comida
y un techo si no que estos también merecen y necesitan de la atención de sus
padres, tienen el derecho de pasar tiempo de calidad con ellos y sentirse
amados.
Igualmente, y como todo en este mundo, el extremismo es peligroso y dañino, si un padre deja de pasar tiempo con su familia e hijos por priorizar únicamente su trabajo se pierde de bastantes experiencias.
Estos casos de abandono parcial, suele suceder que es otro individuo el
que termina cumpliendo este rol ausente en la vida del infante.
Cuantas veces se ven casos en los que es el abuelo, el tío e incluso el
hermano mayor quienes cumplen con el papel de padre para el niño abandonado en
cuestión, todos aquellos festivales de día del padre en los que es otro hombre
el que acompaña a aquel niño que no es su hijo pero que aun así lo quiere como
tal, aquellos festejos en los que incluso otros tantos prefieren faltar porque
no sienten más que frustración y tristeza al no contar con aquella figura que
los guíe y los acompañe.
A pesar de todo, al final es cuando llega el momento del arrepentimiento,
cuando los llamados padres ausentes quieren recuperar el tiempo perdido y
cosechar aquello que nunca sembraron, pero acaban chocado contra la nueva
realidad, en la que sus hijos ya no los ven como su familia y llaman padre a
otro que aunque no les dio la vida, y quizá no compartan sangre si compartieron
con sus hijos esos momentos y memorias que ellos en su momento estaban muy ocupados
para hacer.
Lugo Martínez Fernanda Daniela
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