La realidad ficticia

 


¿Hay ficción en la realidad o hay realidad en la ficción? La majestuosidad de la ópera Pagliacci viene de cada una de sus piezas y de las austeras meditaciones que incita. El juego e ironía que presenta en donde los hechos reales se ven manifestados en el teatro deja una gran incógnita: ¿Lo real consumió a lo ficticio o fue viceversa? Para conocer la respuesta, es indispensable recordar que un lado de la moneda no puede devorar al otro. Así, la única resolución plausible es una mezcla de ambos. En otras palabras, un cruce de la realidad con el teatro, sazonado con la pizca especial de la mofa. Todo perfectamente posicionado para dar pie a una ópera trascendental. 

Desde el inicio de la obra, se da una probada de la ironía que la acompañará, así como de su final realista-ficticio. Canio menciona “El teatro y la vida no son la misma cosa”, explicando qué haría el personaje de Pagliacci, a diferencia de él, si encontrara a su esposa siéndole desleal. Cosa curiosa, ya que en el último acto Canio y Pagliacci (a quien estaba representando) asesinan a su amada. Además, durante la misma escena, Canio revela el final que le dará tanto a su vida con Nedda como a la obra de Pagliacci. Leoncavallo demuestra con ambas situaciones la delgada línea que hay entre el teatro y la vida. Notar el desgaste de esta es posible con la simple acción de posar la mirada en los personajes.

La combinación de los personajes “reales” con los ficticios (tomando por real lo acontecido en el mundo de la ópera) es otra prueba de la ruptura de la realidad. Nedda, quien parecía no tener nada en común con Colombina, termina haciendo las mismas acciones que su personaje. Tanto Tonio como Taddeo traicionan a Nedda/Colombina al ser rechazados por ella, provocando su muerte: uno por delatarla y el otro por darle un arma blanca a Canio/Pagliacci. Y por último está él, que es el más fácil de percibir y al mismo tiempo el más difícil. Ambos sufrieron las mismas penas, fueron traicionados por la misma persona y empujados por la misma motivación: la deslealtad. Sin embargo, lo que supuestamente haría Pagliacci al descubrir a Colombina siéndole infiel no se parecía en nada a lo que hizo Canio con Nedda. He aquí la complejidad de esta pieza. Es él quien sumergió a su personaje ficticio en la realidad y quien, a su vez, fue ahogado en la ficción. Como consecuencia, Canio asesina a su amada. 

El acto final tiene un peso de suma importancia al ser el declive de la estabilidad mental de Canio. Cuando se entera del engaño de Nedda, su rabia lo ciega e intenta asesinar al amante. Después, se puede observar su sufrimiento, pero también su decisión de seguir adelante y terminar el show, incluso si eso significa sonreír cuando su alma está en pedazos. Por eso, ver su actitud agresiva de vuelta durante el final de la función puede descolocar a los espectadores. Aquí es donde se mezcla todo el teatro y la vida; Pagliacci y Canio se vuelven uno mismo.  Ver a Colombina siendo infiel, al igual que Nedda, logró hacer que Canio disociara de la realidad y asesinara a esta. La rabia de ambos personajes siendo engañados se unió, convirtiéndolo en el autor del asesinato. Ni Canio ni Pagliacci pudieron tolerar la mentira de Colombina/Nedda. Quiso matar a las dos y adoptó a Pagliacci como su otro yo, incluidos sus sentimientos. Al final, Canio llora la muerte de Nedda. Ha vuelto a la realidad, soltando el enojo de ambos y percatándose de que ha matado a la mujer que decía amar. 

El análisis de la realidad y ficción que se puede desenvolver gracias a esta ópera es sublime y de gran interés. Permite un entendimiento más profundo de la complejidad de los personajes ficticios/reales, de la ironía presentada desde el inicio de la obra y de las acciones que desembocan en el clímax del acto final. Todo ello para mostrar que ni la realidad hunde a la ficción ni la ficción a la realidad; simplemente se fusionan, como Canio se fusionó con Pagliacci. A final de cuentas, el mundo de la ficción siempre estará cerca del mundo real; ambos vivirán esperando la oportunidad de volverse uno, la cual les será otorgada por algo tan banal como una infidelidad. 

Irais Luna Granados


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