La tauromaquia de la escritura
“Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.”
Charles Bukowski , ¿Así que quieres ser escritor?
Ser escritor requiere más valor del que exhibe el torero en la lidia. Porque torear conlleva menos riesgos que escribir con pasión. Tal sentimiento es plasmado por el escritor mexicano Jorge F. Hernández, en uno de sus cuentos más célebres: De regalo. Basado en una anécdota personal, nos lleva a la víspera de la presentación de su primer libro en Madrid, un día clave para su carrera.
Aquella
vez, Hernández se encontraba encerrado en su habitación de hotel, buscando tranquilidad
entre los nervios que debilitaban sus piernas y hacían sudar sus manos. Después
de todo, presentar un primer libro no es una tarea sencilla, y menos cuando es el
resultado de haber abandonado un futuro deseado por uno que lo hacía sentir
completo. Al mediodía, José Balsa Pérez, un fotógrafo profesional y gran amigo
suyo, lo llamó por teléfono; lo invitaba a dar un trayecto por la ciudad, al
parecer era una deuda que tenía que saldarle, y lo obligó a abandonar su
encierro para ello.
El recorrido fue una grata sorpresa, Balsa le recitó pasajes de novelas de culto, le relató las anécdotas taurinas más esperanzadoras de su repertorio, le contó las historias que guardaba cada rincón de la ciudad, reviviendo los fantasmas que alguna vez los transitaron; de cierta forma le hizo experimentar el lado más idílico de Madrid. Y, en un adorable acto, para presentar simbólicamente su más profunda admiración y respeto, se la regaló; cada edificio, cada monumento, cada plaza... le entregó todo por su valentía al haber seguido el arriesgado andar de la escritura.
Tal regalo no fue sino más
que conmovedor para Hernández, un acto que le ayudó a encontrar el sosiego que
tan desesperadamente buscaba. Pero el asombro no terminó ahí: para concluir el trayecto,
Balsa le tenía preparado un obsequio que llegó hasta sus fibras internas; lo
llevó adentro de la Monumental Plaza de Toros Las Ventas, el lugar al que más
deseaba ir cuando era torero, antes de cambiar ese sueño por otro. El recorrido
no pudo culminar con más emocionante final, uno que Hernández recordaría cada
noche desde que escribir se convirtió en su pan de cada día.
Seguir el camino de la tinta
y el papel nunca fue fácil, de hecho, hay que ser más gallardo que un
torero para siquiera pensarlo con seriedad. La pasión por escribir debe ser tan
incontrolable que incluso te haga abandonar el camino que creíste era para ti,
del mismo modo que pasó con Jorge Hernández. Pues escribir requiere de un vigor
implacable para seguir a pesar de las críticas, a pesar de lo amenazador de
cada párrafo, a pesar de que en ello se va la vida.
Emmanuel Barajas Salmerón
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