La vida... Vaya que es un mal chiste.
Asumimos que nuestra vida es de lo más común, tomamos todo lo que hacemos, decimos y vivimos, para dar por sentado que nuestra existencia es corriente. Vemos las pinturas, las obras, y creemos que esos momentos son aquellos que deberíamos vivir para tener una vida “interesante”. Somos adictos a inmortalizar los momentos y a buscar que toda nuestra vida se base en ellos. Pero, ¿Por qué? ¿Por qué nos flagelamos buscando “eso”? Lo cierto es, y como lo dijo el payaso: “El teatro y la vida no son la misma cosa”.
De cierta forma vivimos un eterno momento, que jamás para. El dolor, las penurias, amor, amistad, sensualidad, y cuan sentimiento, deseo o quimera imaginemos, pasa en el mismo momento. Nos relacionamos y liamos buscando el conjunto de escenarios y personas anheladas. Y cuando los logramos encontrar, pasan los días, y lo que habías vivido ha sido ya hace más de un lustro, sin embargo, ahora lo sigues buscando. Amamos al arte por mostrarnos aquello que ya vimos, pero no podemos tener.
¿Qué más puede ser el hombre, si no una acumulación de anhelos perdidos y otros por encontrar? Salimos de nuestras camas en pesquisa de nuestro momento. Obtenemos lo que queremos, y no nos basta. Somos adictos a crear el lugar perfecto, dado por una artificiosidad ingenua. Mas, aquellos que no pueden lograr tener esos instantes de armonía falsa,viven afligidos en espera de su día. Aun así, una vez acabado ya sea una penuria o una bondanza de emociones y sensaciones, hay que levantarse el día siguiente, pues somos los payasos del destino, y hay que comer.
Pero ( y me incluyo) necesitamos el arte, porque aunque nos idealice o nos haga prestar la atención solo a los que no vivimos en el momento, nos entrega el olvido a nuestros problemas. El hombre necesita olvidar sus problemas, y qué mejor que la risa para hacer caso omiso del dolor. Es más fácil vivir si nos reímos, al menos la risa nos puede matar, las lágrimas se secan. El dolor de nuestro amor hecho trizas, o el suplicio que envenena tu corazón es fácil de sosegar con unas carcajadas.
No tenemos respuesta hacia el por qué nuestras mentes olvidan aquellos momentos fugaces que buscamos. Mas es un hecho que lo que buscamos es lo que nos imponen como la idealización de nuestros deseos. Aquello a lo que debemos aspirar es a eso mismo que no sentimos que tenemos. Le adjudicamos a nuestra vida la categoría de ser vulgar, por creer que en nuestras memorias no hay nada sobresaliente.Vivimos el infinito periquete de nuestras vidas ansiando poder contar una historia digna de las historias clásicas. Aun así, no se que haría sin el arte, que me desatiende de mis errores y hace que me morphine de los malos chistes.
Howard Salas
Comentarios
Publicar un comentario