La Virtud Desconocida

 La Virtud Desconocida

Reflexión Televidente

"Los bosques no son menos majestuosos
por nacer de las cenizas"
Selene  Bourget.


La monotonía se deshace en las desavenencias cotidianas y en los caprichos que se refugian en el silencio. Entre los chillidos, gritos y amenazas, las telenovelas rompen con lo indiferentemente común, para exaltar sus cualidades en un hogar de hábitos dudosos. La venganza, la hipócrita felicidad  y el maltrato, superados por el perdón. Como en las Marías de Thalía, las virtudes se olvidan dolorosamente como un abandono al corazón pensante.


El frenesí de los hábitos realza las ausencias de reflexión, de lo subyacente. La invitación de un cambio sin sustancia evoca reproches como el de Soraya: ”Tu fingida finura”, una llave de una ostentosa casa, una vía a una clase social distinta, que al final siempre se escapa de sus manos. No es que no tengan derecho al privilegio, es que este se vuelve una virtud.


Entonces, la disociación de los bienes y las desgracias, persiguen a las Marías. Marimar, pobre y huérfana, es la única que hace recuento de sus agitaciones. El reconocimiento de sus emociones permite que actúe y elija sin tener que escapar completamente de sí misma. Ella decide su venganza más allá de lo moralmente cuestionable que resulte: no es orillada desde el privilegio sino desde su profunda desesperación.


La esperanza e inclinaciones futuristas que influyen en el televidente son emuladas por la turbación. Es más fácil curiosear sobre lo que acontece, que advertir los matices de la sociedad telenovelesca. Dicho de otra manera, observar con normalidad la intensificación de los eventos vuelve costumbres a los clichés.


El drama y la pasión se comparten, los gritos sin significado o trascendencia hacen tan indiferente al que lo escucha. Al exaltar las cualidades hasta el borde, éstas se vuelven un hogar de hábitos dudosos. El cliché, maravilloso, entonces es un ancla que no justifica el: “Y vivieron felices para siempre”. Al final es solo un retrato más de en lo que se enfoca la atención.


Si la meta única es la felicidad y el amor, como en la Cenicienta, las Marías requieren dejar de lado sus zapatos ¿Por qué la comunión es siempre un cierre, el último motivo? ¿Por qué, María la del Barrio ignoró atrozmente todo el suplicio que pasó por Luis Fernando solo para alcanzar su cúspide? Las miradas al horizonte y no al camino disocian a los personajes de su sentir.


Las apócrifas sentencias dan al vals su ritmo y la conformidad y resignación, sus notas. No hay una exploración a los motivos de uno mismo, de las verdades imperecederas. Porque Mercedes y Jorge Luis, Marimar y Sergio, María y Luis Fernando, serán una unión sin duda, solo porque “así debería de ser”.


El rechazo por los menesteres sociales no es una negligencia emocional, ni mucho menos ausencia de empatía. En cambio, la hipócrita felicidad y el maltrato, superados por el perdón, son símbolos de la negligencia con uno mismo. “Te perdono, Luis Fernando [...] No volvamos a tocar el tema en esta casa”, ¿por qué abandonar los ecos de las emociones? 


Dentro de una retahíla de memorias irresueltas, la congoja es una excusa leitmotiv. Así surgen las “malditas marginales”, personas que no se expresan, que se desconectan. La virtud desconocida en las telenovelas, es el albedrío de la sensibilidad cavilada. Por ende, el no perdón es una expresión de esa virtud contraria al de las concesiones.


¿Por qué es una obligación perdonar a un redentor para su tranquilidad cuando esa persona se también la arrebató? ¿Por qué es deber de la víctima, de las Marías, cambiar de opinión y contentarse con quién les incita a desconocer sus sufrimientos? El dolor engendra dolor, empero la contención, evoca al vacío.



El libre albedrío, el reconocimiento de la persona por humana, es una forma de respeto. Las Marías, pueden visualizar sus heridas y recobrar el poder de sí mismas. Están en su derecho de no perdonar, mas son despellejadas de una elección Si lo hicieran no habría chisme ni escándalo, solo bondad. La gentileza y el libre albedrío que surgen de abrazar al yo del pasado y del futuro. La virtud desconocida de las Marías de Thalía, es la libertad.




Bartolano Diez Marina Alison Jezabell




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