Las
tres Marías.
El
género pastoril pero a la mexicana.
Jorge
Adrián Viniegra Marín
Es común en el mundillo
da la literatura escuchar la típica pero acertada frase “Los griegos escribieron la mitad de la tramas del mundo, y Shakespeare
escribió la otra mitad” y si bien el mundo de la literatura es más complejo
que eso; Aun así se entiende que la pertenencia de la frase es la misma que la famosa ecuación de la
melodía limitada: un concepto matemático que en líneas generales se ha dado a
la tarea de recopilar hasta el último sonido capas de ser producido por un
instrumento musical al ser tocado y mediante a este número se han calculado
todas las posibles combinaciones y que más temprano que tarde el ser humano
será incapaz de producir una canción original.
Del mismo modo que la
ecuación de la melodía en la literatura se nos ha hecho consientes desde hace
ya algunas décadas la limitada cantidad de tramas mucho más reducida que el
número total de composiciones musicales que se pueden hacer, y es que se han
hecho correr los ríos de tinta en torno a estos mitos comunes que la humanidad
suele narrar una y otra vez tan solo maquillando algunas partes para que sea
más digerible para el público según el contexto social y temporal del actual
espectador. Estudios como los que realiza el célebre Autor Joseph Campbell en
sus textos: “El Viaje del Héroe” y
“El Héroe de la mil caras” obras maestras de la teoría del guion y que
sustentan la base para la teoría de las tramas limitadas descritas como relatos
simples de entender que apelan a los más comunes deseos del hombre poder,
sabiduría o amor; ya con el viaje del Héroe se establece como denominado
“Héroe” puede venir de cualquier lado, ya sea el campesino más pobre o el
príncipe más noble, su pasado no importa, lo que importa es que es empujado
fuera de su zona de confort, obligado recorrer el mundo es tentado por las
fuerzas antagónicas que se le oponen pero este se resiste, crece y aprende
convirtiéndose en una mejor de si mismo que vence las adversidades rellenando
los huecos de su personalidad si le falta humildad pues encontrara humildad, si
le falta valor pues tendrá valor, y si le falta poder también lo entrara, al
final el héroe regresa a su hogar con un elixir que le traerá el bien a su
pueblo.
Campbell deja al descubierto el esqueleto que sostiene una innumerable cantidad
de tramas repartidas a lo largo y ancho
de las eras que a caminado el hombre y si bien se centra en aquella que beben
directamente de las epopeyas griegas nos deja una lección por demás interesante
y es que con un análisis lo suficientemente minucioso un lector avispado puede
ver rápidamente la composición anatómica de las de las obras.
En el caso de las tres
marías la columna vertebral es evidente, ya que son relatos profundamente
influenciados por las obras pastoriles de la edad media que antes que inspirar
a los guionistas de novelas mexicanos
influenciaron en la escritura de un par de hermanos alemanes cuya
colección de cuentos pavimentaría el camino para uno de los primeros súper
magnates de la animación. En las
historias de los hermanos Grim lo común a parte de la deza oscuridad que puebla
sus historias eran las princesa plebeyas, o los príncipes vagabundos, un tomo
directo del genero pastoril en el que los nobles a menudo se disfrazaban,
aunque en el caso de los cuentos que aspirarían a los clásicos animados de
Disney hay nobles disfrazados como la plebe, pero muchas veces estos no lo
saben hasta que llegados al último acto
se descubre que en realidad son herederos perdidos.
El pastoril suele
aparecer con frecuencia en el mundo de la telenovela mexicana, un rasgo que las
tres marías comparten, pero cambiando los títulos mobiliarios de la nobleza
europea, por títulos de propiedad de la posmodernidad capitalista, en la
trilogía de las marías, los ricos son la nueva nobleza, y en lugar de heredar
el poder político de un reino, se hereda el poder económico de una empresa, y
entre medias el verdadero amor, un concepto trillado que se ha manifestado
desde el poemario griego pero que no termino de definirse por completo hasta la
edad dorada de la animación, en el que príncipe se enamora de una plebeya pero
que al final resulta que es una princesa perdida. Así las marías maquillan las
tramas ya contadas durante generaciones para ser pertinente en su contexto
logrando no solo un visibilidad asegurada sino perpetuar la tradición de contar
las mismas historias.
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