La taquería: el legado de un paladar mestizo
Jorge
Adrián Viniegra Marín.
El contacto ente el nuevo
mundo y el viejo continente a menudo descrito violento, presa de una
persecución nacionalista que busca mancillar este importante encuentro con el
fin de dar de comer la bestia de la identidad artificialmente engendrada. Es
tal el adoctrinamiento de la masa que el arte se ha plegado a dar cuerpo y vos a esta representación
violenta, por las calles de nuestras ciudades se extienden entre los muros de
los puentes de concreto las paredes de nuestras calles así como en galerías una
tradición muralista a menudo encaminada a glorificar el pasado indígena como un
si de un jardín de las Hespérides perdido se tratase, un Atlantis reconvertido
en Anáhuac que solo es capaz de existir en los poemarios de los poetas
nostálgicos cuya única imagen de aquel “el Dorado” es la que su imaginación les
permite tener.
Así pues uno de nuestros exponentes del arte más representativos del arte
mexicano el maestro diego rivera plasma con su hábil mano en los muros de los
edificios icónicos de nuestro país murales como “La Historia de México” exhibido permanentemente en las escaleras de
palacio nacional pavimentan el camino para nuevos artistas que de igual manera
buscan dar viva imagen a los ecos de una historia a menudo mal contada y que
irónicamente se han de volver más emblemáticos que el propio trabajo del
maestro Rivera. Tal es el caso de la obra bautizada como “La fusión de dos culturas” de Jorge Gonzales Camarena en la que se
aprecia a un caballero castellano cuya silueta se halla cubierta por la inconfundible
armadura medieval europea en cuyo metal se refleja las historia del viejo
continente, batirse en letal duelo con un bravo guerrero águila emplumado de
los tobillos al cuello en un traje ritual cornado por un ornamento en forma del
sagrado animal que alguna vez guío al pueblo Mexica hasta su hogar. Tal ha sido
la relevancia en la cultura que ha tenido esta pieza pictórica en la cultura
que se le suele ver fuera del museo estampada en playeras, lonas y un largo
etcétera. Pero para el tema que nos compete no es esta obra la que nos compete
sino un vástago de la misma. Un hijo nacido a través de una madre moderna, de
la ilustración digital y que como buen hijo mexicano lleva el nombre de su
padre pero contrario a este reinterpreta las tradiciones y su mensaje en una
versión, la obra Rictus (autor de la nueva versión) muestra a los mismos
protagonista pero en lugar de un mortal encuentro repite la postura de los
personajes pero en medio añade un trompo de carne al pastor, y remplazando el
arma del guerrero águila por un tortilla, y dado como objetivo a la espada del
caballero la carne del trompo.
Y es que el taco (Junto
al Mole) son las grandes estrellas internacionales de la gastronomía mexicana,
platillos mestizos de una nación y cultura mestiza. En la taquería la tortilla
y las salsas indígenas se funde con la carne y los sazones de los
conquistadores europeos para dar de
comer a su hijo.
Es en estos espacios donde las variopintas castas de una sociedad cuya sangre
es la definición de mescla se reúne, si tan solo un observador de las cortes
virreinales pudiera hacer un salto temporal a la moderna nueva España y
visitase un taquería en su hora álgida vería quizá horrorizado, quizá
entusiasmado, o quizá solo curioso a todas las castas juntas compartiendo mesa:
mestizos, castizos, mulatos, moriscos y un largo etcétera cuya etiqueta castiza
se desvanece ya que en el momento que entran a la taquería todos nos volvemos
“Gueritos” y “Gueritas”.
Es además de un punto de
libre encuentro entre castas también un lugar de recogimiento para todo tipo de
clases sociales y profesiones, la taquería reúne a los nuevos nobles y
plebeyos. Mirrlles, Godines, Nacos, Fresas, emprendedores o asalariados todos
se sientan en las mismas sillas de plástico o latón, no hay cubiertos de plata
ni madera todos usamos la misma bajilla de plástico envuelto en bolsas.
Es entonces la taquería
no solo un hijo mestizo del choque de culturas sino además una galería que
exhibe inmensa variedad de arquetipos que pueblan el concepto de mexicano.
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