Leitmotiv

 

En el dolor y en la soledad, forzando la búsqueda de la felicidad hasta el final. Creer que la felicidad reside entre cuatro paredes a las que llamamos hogar es una idea equivocada. Aunque también podría suceder que la humanidad ha desechado la idea de lo que es un hogar confundiéndolo con el sitio para descansar, comúnmente, llamado casa. Para el arquitecto lo más importante es cumplir con las expectativas del cliente armonizando el espacio y creando un lugar único. Lo que olvida el cliente, es que la felicidad no viene incluida en la tarifa. El cliente piensa que no hay que hacer nada por mantener la luz dentro de casa. Si al leer Mímesis del arquitecto Mira, padre, no te enfades de Jordi Villaronga, no sientes el corazón un poco adormecido, cuestiona la existencia de tus sentimientos. Si el leitmotiv de Villaronga tenía como objetivo trasportarnos a esa casa solitaria, a esa familia rota, lo ha logrado. Y si las lágrimas permanecieran en nuestros ojos, no podríamos desechar la tristeza que se percibe al leer tan bellos y melancólicos poemas. 

 

 

El arquitecto concluye su carrera en aproximadamente 4 años, le llevan al menos otros 2 construir una casa por sí mismo, bajo sus propios diseños. La fragilidad de la familia, se desmorona en una noche. Existe un dicho que conserva entre sus líneas la siguiente frase “nunca te vayas a dormir enojado”. Tras una discusión que no se soluciona. Son muchas las familias que no existen más a causa de un problema que se dejó enfriar, que se congeló e hizo cada vez más imposible el llegar a una solución. Hay cosas que no se pueden dejar para la mañana siguiente, hay vidas que no se pueden ignorar. De estos momentos a los que no podemos adjudicar el concepto de felicidad nacen otros más, menos amables con el corazón. En los poemas hay palabras que duelen, palabras que curan y palabras que destruyen. Mímesis del arquitecto trabaja con el dolor, con el recuerdo y con las cuatro paredes que encierran gritos y canciones. Con un hogar que se convierte en cenizas después del incendio. 

 

 

 

Los arquitectos no echan de menos la ausencia del amor porque no lo necesitan para construir y ganar un sueldo. Las familias se dan cuenta de su ausencia porque la casa se siente vacía. La idea del hogar solo se sustenta por el deseo. El uno y el otro imitan algo porque les es imposible alcanzarlo. Se esfuerzan por llamar hogar a algo que no existe, que se quedó atrás, entre la ilusión. El leitmotiv de Jordi acongoja corazones por una hora si se tiene suerte. Porque aun sin identificarte con los versos del poeta, bien puedes imaginar ese sentimiento, esa ausencia. El poeta deja escapar a la melancolía que encuentra refugio entre palabras que serán leídas. Y antes de marcharse, antes de que la última línea llegue a leerse, se hace presente ese recuerdo de una niñez en soledad. Del susurro de una voz entrecortada que dice “Mira, padre, no te enfades”.

 

 

 

Aun cuando los niños sienten esa soledad asfixiante, no dejan de sonreír. Porque si ven a papá llorar, querrán tapar esas heridas con sus pequeñas manos. Porque la bondad de los niños es gigante y en su inmensidad siempre hay un espacio para compartir. Pero los niños también extrañan, extrañan a quien se fue y a quien se quedó, pero dejo de ser. No lo dicen en palabras, pero se ve en su mirada. En sus pequeños corazones quedan chispas de esperanza que les impiden abandonar la ilusión de recuperar lo que perdieron. De volver a los avioncitos y a los abrazos, a los días de campo y las batallas con globos de agua. Así, bajita la mano, esperan el regreso de esos días de besos tronados. La ilusión sigue en pie a pesar de que en el estante, las cubiertas de los libros se llenan de polvo.

 

 

 

El leitmotiv de Jordi nos deja encerrados en una habitación oscura, con los recuerdos que emergen del suelo y nos ahogan. Entre niños y padres que claman por la felicidad y a pesar de estirar los brazos no logran alcanzarla. Villaronga nos da un empujón a la realidad de muchas familias, a la soledad en una sala de estar y a los juegos que callan los gritos de una discusión. Imaginamos pequeñas manos aferradas a la puerta de una oficina cerrada a cal y canto. Al padre que comparte un dolor sin ser consciente de ello y no ve la tristeza en la mirada de sus hijos. Parece que los poemas se encargan de recordarnos que la ausencia duele, que la soledad mata lentamente. Al final, la casa que se construyó bajo la idea de albergar una familia, esta vacía. 


Gabriela Noemy Chávez Pacheco 

Comentarios

Entradas populares