Pagliacci, la humanidad detrás del escenario
"¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie
en lo alegre de la risa fíe,
porque
en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
Si
se muere la fe, si huye la calma,
si
sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza
a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.
El
carnaval del mundo engaña tanto,
que
las vidas son breves mascaradas;
aquí
aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas".
-Juan de Dios Peza, Reír llorando
Como el histrión cuando sube al escenario, convertimos nuestra angustia en carcajadas. Pero a veces la herida es tan grave que sobrepasa nuestros ímprobos esfuerzos por ocultarla. Una traición al corazón, por ejemplo, puede ser lo suficientemente dolorosa como para traspasar esa protección que brinda la máscara de falsa felicidad. Esto mismo pasa con el protagonista de Pagliacci, cinta de 1982 basada en el libreto homónimo de Ruggero Leoncavallo. Dicho filme lleva a la pantalla grande la ópera más icónica del compositor italiano. Esta sórdida obra relata la historia de Canio, un payaso de la Commedia dell'arte, y la infidelidad de su esposa, Nedda.
El primer acto nos sitúa en
un pueblito de Italia en plena celebración de la Virgen de agosto. A este llega
una compañía teatral liderada por Canio, para invitar a los habitantes a la
obra que presentarán por la noche. Posteriormente, aparece Nedda a cuadro, y
desde el primer momento se le nota con tensión, como si guardase un secreto, el
cual será el causante del conflicto principal de la trama. Cuando todos se van
y Nedda se queda sola, aparece Tonio, un jorobado parte de la compañía, e
intenta sobrepasarse con ella, mas Nedda se defiende y lo ahuyenta. Momentos
después llega Silvio, quien es amante de Nedda, y le ruega que huyan juntos
después de la función. Escondido, Tonio descubre la infidelidad de Nedda y se
apresura a ir por Canio para que los encuentre en el acto. Sin embagro, cuando
Canio llega, Silvio sale huyendo, de modo que no logra distinguirlo. Después de
discutir con Nedda, ella se va y él comienza arreglarse para la función. Con frustración
y tristeza, Canio se obliga a reprimir sus emociones porque “la gente paga y
quiere reírse”, por lo que tiene que “transformar en broma sufrimiento y llanto”.
Por su parte, Nedda empieza a empacar sus prendas, empero, las miradas de
decepción de sus compañeros la detienen y provocan que se aliste para el
espectáculo.
Quizás el aspecto más
sobresaliente de esta ópera, además de sus características veristas, es que los
personajes son parte de una obra teatral dentro de la misma, en donde,
irónicamente, la trama es una especie de paralelismo a lo sucedido en la
historia principal. En esta, Canio toma el papel de Pagliaccio, Nedda el de
Colombina y Tonio el de Taddeo. Dicha función presenta la infidelidad de
Colombina a Pagliaccio, y conforme transcurren los hechos, la similitud de las
líneas y la situación enfurecen a Canio, que poco a poco empieza a salirse de
personaje.
Llegado el punto en el que
ficción y realidad convergen, Canio, en la piel de Pagliaccio, lleva a cabo su
vendetta. Con cuchillo en mano persigue a Nedda que huye entre el público, y al
apuñalarla esta grita por la ayuda de Silvio, revelando así quién es su amante.
Canio entonces se avalanza contra este, que se acerca entre la multitud, y le
arrebata la vida. Cuando finalmente yacen muertos Nedda y Silvio, Canio
pronuncia la famosa línea “La commedia è finita!” y el telón se cierra.
A veces los secretos que oculta el escenario son trágicas realidades. Pero al público esto poco le importa. De modo que los actores tienen que transformar sus desgracias en las emociones que la obra requiere. No obstante, Pagliacci nos recuerda que ellos también son humanos y sus realidades pueden ser infaustas. Incluso, la careta artificial que brinda la caracterización no detiene las ágiles emociones que buscan la más mínima grieta para exponerse.
Emmanuel Barajas Salmerón
Mientras leía tu texto, sentí que cada adjetivo que utilizabas estaba dotado de verdadero sentido.
ResponderEliminar"la careta artificial que brinda la caracterización no detiene las ágiles emociones que buscan la más mínima grieta para exponerse". Creo que tiene una connotación muy bella y memorable: "Emociones que buscan la más mínima grieta para exponerse".
Voy a reflexionarla con detenimiento.
Estoy ansiosa por leer tu próximo texto :D