¿Realmente existe el amor?
¿Realmente existe el amor?
¿Qué tan profundo se puede llegar cuando es uno mismo el que cava el hoyo? Vivimos y crecemos con la ideología de que el amor lo es todo, de que quien nos ama daría hasta lo imposible por nosotros con tal de vernos bien. Nos forman para resolver ecuaciones de hasta 3 términos, a diferenciar entre una bacteria y un virus, a tener la capacidad de hablar varios idiomas, a saber lo que son las vocales y consonantes, nos hacen memorizar las tablas de multiplicar, pero nunca nos advierten lo que realmente es la vida. No nos enseñan a diferenciar entre amor y violencia, ni nos prevén de los límites que nunca deben ser cruzados. En ocasiones, hasta se nos cría con el ejemplo de que el amor debe doler y desgarrar el alma, porque cómo le explicas a un niño que lo que ve, realmente no es amor. Con qué cara miras a tu hijo a los ojos y encuentras las palabras para decirle que aquello es incorrecto y que hay de todo en ello, menos amor, en toda esa guerra de gritos llena de futuros traumas.
Se tiene un concepto tan vago y pobre de lo que realmente es el amor hasta el punto de decir: “lo hace porque me ama”. Y no solo se dice, sino se cree. Estamos tan acostumbrados a ver y vivir la violencia hasta el punto de normalizarla y justificarla. Pero, ¿Cómo es realmente vivirla como el medio de crianza y vida? Desgastante, arrolla contigo como si de un tren se tratase, atado de manos y pies a las vías, sin escapatoria, con el pequeño detalle de que aquellos que te ataron fueron los mismos que te procrearon. Escuchando y viendo como el tren se va acercando cada vez más a ti, hasta que simplemente pasa y se lleva todo, pero no te mata de la forma que debería. Te desangra lentamente, por años, te quita la esperanza y hasta las ganas de vivir, te crea impotencia y coraje por no poder hacer nada siendo únicamente el espectador estelar. Y cuando por fin logras ver las cuerdas flaquear, con la añoranza de que serás liberado de aquel sufrimiento y logras salir, te das cuenta que ya no queda nada de ti, solo restos de lo que pudiste llegar a ser.
El proceso de recuperación puede llegar a sentirse inexistente, porque cuando se educa a golpes y gritos se crece roto y vacío, creyendo que es eso lo que mereces y lo único que eres digno de recibir. No nos enseñan a superar el dolor y mucho menos a diferenciar un hogar donde refugiarse, cuando en realidad lo único que hay en un ring de pelea, donde tienes todo para ganar, pero al final siempre sabes que perderás y terminarás peor que la anterior. Teniendo como única escapatoria socorrer al llanto interno. Hemos llegado al punto donde es más común sufrir de violencia y acostumbrarse al martirio que tener una vida llena de mimos y amor, verdadero amor. Se vuelve tan difícil creer que es posible habitar la tranquilidad y la paz dentro de tu casa que lo mejor que se puede hacer es simplemente aceptarlo y resignarse. El problema está en que no solo existe un tipo de violencia y que no siempre se recibe de la misma persona, solo que comúnmente son a las que más amor les tienes.
Se vuelve tan cotidiano vivir encerrado entre cuatro paredes, tan altas y definidas. Empezamos a tomarle miedo a la errónea ideología que nos enseñaron del amor y entonces cuando crees que todo terminó, simplemente te das cuenta de lo que aquello generó y de las consecuencias que trajo con el paso de los años. Te miras roto y sin alma. Siendo un cuerpo viviente el cual anda sin motivación alguna, recriminando todo aquello que pasó. Cargando un sin fin de traumas ocultos bajo llave, convirtiéndose en la cruz que cargas en la espalda a diario, llevándola a todos lados sin saber siquiera si realmente es justo, solo resignado a soportar el peso. Pero, qué se puede hacer ante una mala crianza, cómo superas algo que no te prepararon para superar, con qué medios tomas el valor de ser diferente si lo que para ti es normal son los golpes y los gritos.
La violencia se vuelve un ciclo sin fin, incapaz de controlar y parar. Pareciera que es un requisito vivir en carne propia todo lo que genera, sin poder escapar, porque cómo huyes de tu casa cuando eres simplemente un niño, cómo te alejas de la persona que juraste amar y ella a ti, se vuelve imposible. Se vuelve tan común que hasta es aceptado por la sociedad, sin dejar de ser un enorme tabú del que no puedes hablar en público por pena a ser juzgado o criticado. Vivimos dentro de un entorno masivamente tóxico el cual nos hace normalizar acciones dañinas y confundirlas con amor, hasta el punto de cuestionarnos: ¿Realmente existe el amor?
Dana Gabriela Villa Olguín
Comentarios
Publicar un comentario