Regalos que rememoran sueños
Regalos que rememoran sueños
Como abrazos para el alma, los regalos
rememoran tantos sueños perdidos que dejan huella en el corazón. Tan solo una
pizca de dulzura que hace recordar un pasado abandonado es necesaria para verte
lágrimas sobre el papel que está entre las manos. Tal es el sentimiento que
transmite y posee la obra De regalo del
mexicano Jorge F. Hernández. Que con bastas palabras, dignas de un escritor
como los que respetaba Pepe Balsa, relata recuerdos preciados para ofrecer a
los demás. Y con un toque de nostalgia y alegría no solo narra lo que vivió,
sino evoca un sentimiento en paralelo de experimentar lo que el autor en el
frio de aquella velada.
Como
un regalo grato para el lector que repasa las líneas del texto una y otra vez, De regalo convierte los recuerdos
felices mezclados con nostalgía en una vuelta al pasado ajena que se convierte
en propia. No solo por las narraciones y los diálogos presentes que generan
tantas emociones en segundos, la obra de Hernández transmite un sinfín de cosas
que solo una experiencia como esa puede ofrecer. Y arropadas con dulces
palabras que muestran el cariño de un regalo hacen recordar un pasado lejano o
cercano en el que algunas cosas se perdieron o se olvidaron. Es entonces que a
manera de regalos los cariños sobresalen y abrazan el alma hasta templar un cuerpo
helado por una fría Madrid en la noche.
Y aunque parece que el pasado alberga
tanto de nosotros y que es imposible recuperarlo siempre existe la esperanza de
poder volver a ello. Es así como el autor nos recuerda con unas cuartillas
empapadas de sus recuerdos y unas cuantas lágrimas que nos es tan difícil como
parece. Con un Pepe Balsa regalando toda una ciudad con sus monumentos y calles
que acompañadas con unas cuantas líneas de grandes obras citadas de memoria por
un agradable compañero, la fría noche se convierte en un escenario que recordar
de por vida. Y por supuesto, una experiencia a plasmar en papel y tinta en
alguna hoja suelta del escritorio.
Los
recuerdos pueden llegar solos o acompañados, pueden estar en el sonido de un
mensaje emergente en la pantalla del celular, en el olor a café de la mañana,
en las risas durante una plática entre amigos o en los regalos recibidos en
momentos especiales o comunes. Pero no todos los regalos tienen forma o
reflejan cierta finura en sus envolturas. Algunos son tan pequeños en tamaño,
pero tan grandes en significado, otros cuantos ni siquiera pueden percibirse
por los sentidos del hombre y muchos de ellos son pequeños actos que parecen
tan simples pero que marcan la vida de quien los recibe.
Sin
dejar atrás los regalos de lazos sentimentales, que son un claro ejemplo de lo
gratos que son este tipo de obsequios. Los amigos muchas veces son para la mayoría
de las personas un enorme y agradable regalo que la vida les puede dar. De otra
manera, entre otro sector de la gente en la ciudad están los lectores, que
perdidos por la belleza de los libros de pasta dura en la biblioteca la vida
les regala unas cuantas lecturas impresionantes. Por otra parte, algunos de
estos lectores se atreven a un poco más que leer, se atreven a plasmar lo que
sienten y entonces ellos junto con sus obras se convierten en regalos para otro
lector cautivado por las grandezas de la literatura que se aventura a leer un
texto suyo.
Es
por estas líneas que recuerdo la cantidad de regalos que no solo la vida sino también
cercanos me han dado, y puedo decir que solo los más preciados los he confinado
en mi mente y en mi corazón. Tan pocos son que puedo contarlos con los dedos de
las manos, como las cosas buenas en la vida; pequeñas, simples y escasas.
Muchas veces al buscar en la biblioteca de recuerdos me he encontrado con
grandes cosas que me hacen pensar en los lindos momentos del pasado y aunque a
veces me encuentro con sinsentidos o cosas que no entiendo por qué guardé me
hace feliz el volver a vivirlas en mi mente. Como mi libro favorito que hace
años no leo pero que nunca dejará de ser mi favorito no importa la cantidad de
años que pasen, o las hermosas líneas que alguna vez leí de un texto ajeno, los
libros que por accidente o por recomendación devoré, los momentos y risas que
me regalaron mis amigos y familiares, el tiempo que perdí o que invertí en algo
y muchos otros recuerdos que atesoro.
Lo cierto es que el pasado tiene tanto de
todos y alberga tantos recuerdos que nunca volverán. Y si vuelven pueden ser a
manera de regalos inesperados de la vida o de nuestros conocidos. Tal vez en
algún lugar de nuestro circulo amistoso o familiar encontramos a un Pepe Balsa
que nos regala toda una ciudad llena de un pasado que prometía un futuro y nos
hace volver a esos momentos felices que tanto anhelamos recuperar. Puede
parecer tan fugaz y diminuto que sorprende la fuerza con la que se sujeta y se
resguarda en nuestra mente al ser tan significativo el detalle, e ilusoriamente
en un futuro también podremos escribir que como a Hernández alguien nos dio un
regalo.
María Guadalupe Jiménez Galván
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