Teatro, ironía y destino

 

Shakespeare creía que el mundo era un teatro y todos éramos simples comediantes. No así Canio, quien afirmó que el teatro y la vida no son la misma cosa. Sin embargo, el intérprete de Pagliacci pronto descubriría que Shakespeare era quien tenía razón.  Pagliacci es una ópera italiana que cuenta la trágica historia del payazo, cuyo nombre es el mismo que el de la obra, y cómo este termina dándose cuenta de que la historia que actúa en su circo resulta ser un reflejo de su realidad. ¿Tragedia o comedia? sin duda eso depende según los ojos con los que se narre.

¿Vale la pena sufrir para que otros puedan reír? Quizá no, pero eso le es irrelevante al irónico escritor de la vida y el destino. Si realmente todos fuéramos actores en el escenario más gigante, ¿tendríamos la libertad de escoger el papel que nosotros quisiéramos o simplemente fuimos imaginados en este mundo para cumplir con una determinada tarea? Para bien o para mal, todos los personajes en la ópera de Pagliacci se limitaron a ser simples intérpretes del mismo arquetipo una y otra vez, sin darse cuenta de que el rol que jugaban en la vida era el mismo que el del circo que habían montado. ¿Usted cómo calificaría a esta obra: como un ejemplo de crueldad irónica o una graciosa coincidencia?

A lo largo del mundo miles de culturas creen en el destino, creen que la vida ya ha sido escrita por una mano divina y que es imposible escapar de lo que dicta la tinta universal. Sea que usted crea en ello o no, la idea del destino es tan vieja como el tiempo miso y ha sido un gran recurso a la hora de darle vida al teatro. Esta ópera nos cuenta la misma historia 2 veces: la esposa de Canio es acosada por el jorobado Tonio, esta lo rechaza y pronto se dirige a ver a su amante Silvio; Tonio descubre la infidelidad y por despecho acusa a Nedda con su marido; iracundo, Canio amenaza a Nedda con matarla a ella y a su amante pero no lo hace ya que los demás integrantes del circo intervienen con el pretexto de que el show ya va a comenzar; una vez en el escenario la misma historia se repite con la diferencia de que en la obra todos usan nombres diferentes, Tonio no acusa a Nedda y que al final, Canio sí mata a su esposa y a Silvio. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y lamentablemente, Canio se negó a comprender que su vida fue dirigida por él mismo, pensando que sólo era un chiste más para su circo. Al final, sólo me gustaría preguntarle, querido lector: si estuviese en la posición de alguno de los personajes a sabiendas de que su vida es un mero reflejo de la obra en la que actúa ¿haría algo diferente o se dejaría llevar por el guion escrito con la tinta divina?

Bien se dice que la comedia sólo es la tragedia de alguien más, pero ¿qué pasaría si nosotros mismos comenzáramos a ser “otros”?   ¿Podríamos reconocer el lado cómico de nuestro sufrimiento o conoceríamos a sentir la mayor de las agonías al ver exteriorizado nuestro tormento y aun así padecer del mismo? Personalmente, considero que la escena más desgarradora de toda la ópera es cuando Canio reconoce que él y Pagliacci son uno mismo en todo sentido y este personaje se derrumba por completo ante el peso de su abrumadora realidad. Todo el dolor que experimenta el protagonista está perfectamente plasmado en el momento en que él canta: “¿A caso eres el hombre o el payaso? Ríe payaso y todos te aplaudirán. Transforma bromas en sufrimiento y llanto. Haz una mueca de suspiros dolor. Ríe payaso, de tu amor hecho trizas. Ríe del dolor que envenena el corazón”. Quizá Pagliacci siempre tuvo el talento innato de hacer reír a las personas, pero cuando Canio descubrió que los demás se reirían de su sufrimiento, su alter ego dejó de ser el disfraz de un payazo y se volvió el reflejo de un hombre en pena.

Probablemente la vida y el teatro no siempre sean la misma cosa, pero cuando se da el caso, situaciones impresionantes surgen de ello y al mismo tiempo, esas circunstancias traen consigo una enorme fuente de inspiración. El guionista de la ironía siempre está al asecho de una nueva presa, así que recomiendo estar siempre al pendiente de las “coincidencias” de la vida. Quisiera pensar que todos somos nuestro propio director de circo, pero es importante aprender a poner límites entre el personaje todos interpretamos y nuestro yo real; de lo contrario, podríamos terminar como Pagliacci, y perder nuestra cordura. Sin lugar a dudas, la ópera de Pagliacci da mucho de que hablar, ya que es una obra compleja y poética; me atrevería a decir que postular una tesis sobre esta excelente pieza sería algo magnífico.


Alexia Ibarra Mtz.

Comentarios

Entradas populares