Tiro Libre
Pérdida. En el baloncesto la pérdida es cuando el balón sale de tus manos, accidental o intencionalmente, para ser entregado al equipo contrario, en los funerales por alguna razón se dice "lamento su perdida", de hecho hace poco fui al funeral de un amigo y eso fue lo que le dije a sus padres; mi amigo jugaba baloncesto, sabia lo que era una perdida pero tal vez no conocía lo que significaba pérdida para Jordi Virallonga, al menos estoy casi seguro que no llego a leer "Mimesis del arquitecto" o "Mira, padre, no te enfades", no obstante, el baloncesto es tan curioso que las enseñanzas de un poema te las puede llegar a mostrar en la línea de tiro libre.
El autor español consigue una sinfonía de versos que explican la relación de una pareja bajo expectativas de una construcción a la que muchos llamarían hogar, sin embargo, a veces solo es una casa de los sustos donde un cúmulo de personas viven pero no conviven, es como ese esférico que viene y regresa a tu mano mientras botas, los sientes, lo acaricias y tienes una relación tan estrecha con él como la que se tienen dos amantes prófugos en una carretera a una nueva vida, no obstante, el balón se te puede ir de las manos en cualquier momento; tal como he dicho al principio, pérdida.
Mientras tanto observamos toda esta carrera deportiva, te das cuenta llevas desde los cinco años botando un balón y viviendo entre esa cuatro líneas de mañana hasta tarde, los gritos que el entrenador vocifera en algunos entrenamientos a causa de un mal pase o una jugada mal hecha, de una perdida, te hacen sentir como un niño pequeño, igual que los que retrata Virallonga en el poema, y solo entre tus pensamientos, rezas porque no te ponga en la banca todo el partido siguiente, porque lo sientes, sientes el juego en tu interior y sabes que puedes tener un buen partido, solo necesitas que confíen en ti.
De camino al partido, vas en la camioneta con un total silencio aunque el mundo siga moviéndose y ves los cables de la luz pasar y pasar por la carretera, al tiempo que te vas acercando a la cancha, de pronto empiezas a temblar, te castañean los dientes y finges que hace frío. Al llegar a la cancha comienzas a calentar, las primeras coladas las fallas y el entrenador te esta viendo mal, eres el líder del equipo y necesitas jugar bien, empieza el primer cuarto y sientes que lo estás haciendo bien, diste un pase increíble y anotar una canasta de tres puntos, pero el entrenador te llama y te dice que ya has tenido tres pérdidas de balón, lo que, para él, se traduce en haber ganado un lugar de primera clase en la banca.
Te sientas, el partido se pone difícil, la llama de la pasión por el juego está que arde en tu estómago, quieres entrar, lo harás mejor y ´él entrenador te da su confianza y entras de nuevo, eres el botador, vas y pides la bola, abres los ojos y sientes que te comerás el juego, haces un par de buenas jugadas, y llega ese punto, en la mitad del cuarto cuarto en que no sabes donde estas, ni como te llamas, ya no escuchas al coach porque hasta el desvaría, ni siquiera sabes en qué cuarto vamos, solo sabes que el equipo contrario lleva dos puntos de ventaja y tu no has metido ningún punto en un buen rato, tienes el balón que va y regresa a tu mano hasta que el defensa que está enfrente de ti lo palmea y se te escapa, igual que arena entre tus dedos, asi de facil.
Y así llegas a los últimos cinco segundos, te han cometido una falta y estás en la línea de tiro libre, eres tu, el aro y el balón, y casi susurrandote al oído puedes escuchar la última frase de Virallonga "sólo permanece lo que jamás se habita", tiras y fallas, el otro equipo gana el partido.
La poesía armoniza para convertirse en algo bello, pero dentro de sus líneas hay un poeta destruido, un partido de baloncesto puede ser excitante porque el equipo vencedor ganó por solo un punto en la última milésima, pero a costa de que hay un perdedor frustrado en el equipo contrario que se ha quedado mirando el reloj en ceros, busca en su memoria a corto plazo las jugadas buenas, pero igual que aquel padre que no se ha fijado en que hijo ya sabe escribir y sigue llorando su pena, no las recuerdas, solo las pérdidas. Realmente no sé si la poesía y el baloncesto se parezcan, no es la intención de este escrito proponer similitudes, yo solo sé que Jordi Virallonga retrato a una pareja que ha perdido el amor que nunca tuvo dejando una casa vacía y a un niño que ha perdido a su padre a causa de la muerte de su madre, mientras que yo, bueno, yo solo he contado cómo he perdido un par de partidos de basketball y a un amigo.
Por Roberto Osornio
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