Un Regalo
UN
REGALO
Incluso los sueños más
olvidados pueden renacer mientras haya alguien dispuesto a recordarlos. Sólo
hace falta la compañía de un buen amigo y la disposición de dejarse llevar por
el momento. Sobre esto, Jorge F. Hernández nos presenta una historia
maravillosa y conmovedora en su cuento De
regalo. En la antesala de una nueva
etapa, un viejo anhelo es traído de regreso para ser cumplido en las calles de
Madrid. El tiempo pasará y lo único que quedará al final es la satisfacción de
haber logrado las metas de dos vidas aparentemente discordantes pero que bien
miradas hacen símil una de la otra.
Antes de abrir un nuevo
capítulo en la vida, muchas veces la expectativa, aunque grande, suele ser
contaminada con los recuerdos del pasado. El personaje principal es un antiguo
torero que se ha convertido en escritor con el pasar de los años. En la víspera
de la presentación de su primer libro, un enorme toro de 600 libras se le
presenta en sueños constantemente; hay un capítulo que aún falta por cerrar. Se
abre el telón para el primer acto. Realmente es difícil definir la sensación
que deja una conciencia intranquila, perseguida por las consecuencias tardías
de las acciones inconclusas de un pasado que, aunque lejano, sigue presente. No
se puede abrir una puerta sin antes cerrar otra. Sin embargo, a veces la ayuda
es necesaria para sacar a alguien del remolino de sensaciones y sentimientos
que es la mente.
Un amigo, de tiempos ya
lejanos, es el que llevará a nuestro protagonista a través de las calles de
Madrid entre toros y escritores. Se dice que para superar algo hay que
enfrentarlo, tomar al toro por los cuernos. El torero recorre los bulevares y
avenidas que fueron testigos de los más excelsos personajes de la literatura
hispánica y la tradición taurina. Lo que en un principio parece ser una
contraposición de dos aspectos fundamentales de su vida, pronto se convierte en
una conciliación entre ambos elementos. Literatura y faena. La escritura se
vuelve una auténtica corrida de toros. La emoción del momento se pasa al lector
y entonces, en un preciado instante, de esos que rara vez regala la vida, el
incansable amigo le regala la ciudad en un éxtasis de sentimientos encontrados.
Aquél Madrid le parece ya otro, a su vez, él parece ser una persona distinta a
la que salió del hotel a las 8 de esa noche.
El torbellino de
emociones y lágrimas alcanza su cénit al final de la velada. Las puertas de Las
Ventas se abren y le dan paso junto a su antiguo yo. De repente un traje de
luces le cubre y se prepara para una última corrida. Entonces la capacidad de
reconciliar la vida que se deja atrás se vuelve real, ya no hay un porqué
lamentarse, si en ese momento ocurriera el fatal desenlace no habría de qué
lamentarse. El regalo no yace en todos esos callejones y avenidas que componen
Madrid, sino en una conciencia sin remordimientos del pasado.
Finalmente, el cuento de
Jorge F. Hernández demuestra que el cuento contemporáneo y en sí la narración
corta, no tienen nada que envidiarles a las novelas. La historia de una noche
entre dos viejos conocidos es suficiente para transportarnos a la emoción del
pacto entre pasado y presente, entre faena y literatura. El mejor regalo no es
entonces uno material, sino uno capaz de reestablecer una ilusión de antaño, de
resucitar un sueño hacía años olvidado y cumplirlo en las vísperas de una nueva
página por escribir.
León Felipe Ramírez Martínez
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