EL CIELO EN LA CARNE
Todos
tenemos preguntas que no podemos evitar repetir una vez que se cruzan por nuestra
mente, y que surgen de experiencias poco comunes; tal como abstraerse en un buen
libro, observar al mundo o perderse en una de esas pinturas que te vuelven loco
y que siempre traen como consecuencia una explosión de dudas. Observando La Bacanal,
de Tiziano surgieron ante mí un sinfín de ideas y cuestionamientos
contradictorios; pues es inusual encontrar los placeres terrenales vinculados
con la divinidad de la manera en la que se muestra sobre este lienzo.
Mas
allá del valor estético que tiene la pulcritud de la técnica y composición de esta
pintura, hay en ella un vasto territorio por analizar, sobre todo por
cuestionar en un mundo como el actual que polariza las posturas frente a la entrega
al placer: haciéndonos creer que solo hay quien lo vive sin límite, y quien lo
repele como salvación. En medio del mar de preguntas sin respuesta definitiva hay
una idea que puede orientar el camino sobre el cual balancear esta postura dicotómica,
esta es: “Hacer de la vida una fiesta”, y aprender a vivir en ella de la manera
pertinente. Pero, ¿Cómo conocer los limites
del cielo en la tierra? Resulta
fascinante todo lo que se puede desentrañar de una pieza de tal magnitud, con alta
densidad de contenidos y un sinfín de
lecciones que nacen de un alma como la mía que escucha solo aquello que necesita escuchar.
La
Bacanal fue pintada durante una época muy importante para los movimientos artísticos:
el Alto Renacimiento establecido durante las primeras décadas del Cinquecento
italiano. El mismo Miguel Ángel, un autor contemporáneo a Tiziano, describió de
manera concisa las temáticas que marcaron la tendencia de estos creadores “Polaridad
de temas y formas, una espiritual y otra terrenal”. ¿Qué mejor manera de enlazar
la tierra y el cielo que a través de la mitología griega? Pues se trata de una
divinidad marcada por las conductas terrenales, y la potencialización de las
mas bellas y oscuras pasiones humanas. Solo a través de este mito el ser humano
encontró la forma de estar a la altura de los dioses y de bajar a los mismos a
los pies de la tierra. La mente que ciño esta pieza supo enlazar con pulcritud
los polos del movimiento a través de una representación de los mas intensos
placeres de la carne con una figura divina: El gran Baco, dios del vino.
Retomado
la idea de polaridad, es interesante analizar lo que representa una figura como
Baco; un dios que pone al alcance el placer de la carne a todo aquel que lo
necesita. Se trata una divinidad que resulta particularmente agradable para un
gran número de personas sin importar la época en la cual uno lo conozca. Ríos de vino, y fiestas de goces infinitos
son idea tentadora para el instinto terrenal dentro de cada hombre. Sin embargo,
ante una deidad tan imponente solo hay quien lo aclama y quien lo repele.
Lo mismo sucede con la entrega del ser al
placer; o lo tomas a manos llenas o lo evitas en la búsqueda de la salvación y
la pureza, cómo sea que esta se conciba. Conocerlo, y empezar por probar las
piezas de cielo que hay en la tierra, es trascendental para entender que el
placer es un ingrediente secreto a favor del humano para volver esta experiencia
lo más deliciosa posible.
¿No es la vida una fiesta
y nosotros sus invitados? Por ende hay razón para no pasarla lo mejor que se
pueda en este viaje, que nadie tiene la menor idea de dónde acaba, pero que
vale la pena disfrutar mientras aun seamos pasajeros. El disfrute es embriagador
para el hombre, y vale más que se vuelva un buscador constante del mismo. Pero ¿puede
realmente un ser humano beber siempre de los ríos de vino de Dionisio o vale la
pena que pruebe los amargores y los disgustos? Es fundamental experimentar con
la variedad de gustos, al menos para expandir los marcos de referencia y
entender las bondades del buen vino y los más grandes placeres. Las buenas
vides no pueden darnos el agua de todos los días, habrá que volver a beber el
vino de la vida una y otra vez, con la respectiva moderación y prudencia, para
que siempre se trate de una ocasión que sublime al alma a través del cuerpo.
Es imposible no encontrar
preguntas en obras especificas capaces de mover aquellas cosas que nos están haciendo
temblar el alma. nadie encuentra por casualidad las creaciones exactas que terminan
por llevar a grandes lecciones. Me gusta creer que es parte del camino del
humano encontrar las piezas claves para detonar las respuestas que necesita el espíritu.
El verdadero final de los cuestionamientos esta en las reflexiones precisas. Cada
uno pone el límite entre el cielo y la tierra, y traza los caminos que han de
comunicar estas dos dimensiones a través de los placeres. El hombre es libre de
permitirse conocer la magia y la divinidad por medio del cuerpo: a través del buen
vino, la buena cerveza o una caricia. En pocas palabras, a través de La vida
Bacanal; que puede ser tan eterna como cada uno se lo permita y respete sus
respectivos límites. Esa es una de las mas grandes maravillas del ser humano; cada
uno traza sus fronteras y mezcla a su gusto las distinciones.
Resulta sorprendente la cantidad
de lecciones que se pueden adquirir cuando se observa una pintura con el alma
abierta. Sobre todo, cuando esta está hecha con la precisión necesaria para confrontar
polos opuestos; al cielo y a la tierra, al cuerpo y al espíritu o al placer y
la salvación, y mostrarlos en una bandeja como un todo que no se separa. Bailar
la vida, y tomarla en copas de vino es la manera perfecta que he, encontrado hasta
hoy para transportar el cielo a la tierra; traerlo en forma de placeres ¿Por
qué no atrevernos a seguir en esta fiesta, sobre todo disfrutándola como tal?
.
Mar
Tu ensayo me gustó mucho. Fue interesante cómo abordaste la polaridad en la que se suele introducir a la figura de Dionisio, pues lo colocan en el polo del exceso, mientras que a Apolo en el de la razón. En lugar de buscar estar en un lado más que en el otro, mejor encontrar un punto medio, pues la vida es muy corta como para no permitirnos algo de placer, pero reconociendo los límites. Es una filosófia muy bonita, y me encantó cómo lo escribiste.
ResponderEliminarMe gusto mucho. Me sentí identifica con el primer párrafo. La pintura me causo muchas preguntas que no puedo contestar e ideas que se contradicen. También me gusto tu idea de no separar el cielo de la tierra, que el hombre pone sus propios límites entre el cielo y la tierra, que hace sus propios caminos. No tiene por que existir lados.
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