El juego favorito de Fortuna
Los dioses son numerosos, al igual que los medios para invocarlos. En la mitología romana, la suerte –buena o mala– estaba representada por Fortuna. El juego de la Oca, como una especie de tablero de Ouija, invita a la deidad a sentarse a la mesa con los jugadores. Los aventurados recrean la otrora adversidad del Camino de Santiago, y deben estar dispuestos a recibir un castigo o a saborear las bendiciones de la diosa. Ella puede inducirnos a la locura o hacernos aceptar, entre risas y amigos, que la vida es riesgosa.
Emprender un camino conlleva peligros, más aún cuando se trata de uno espiritual. Durante la Edad Media, en el Camino de Santiago los peregrinos se jugaban la vida con tal de llegar a la tumba de Santiago el Mayor. Cada paso a dar era decisivo. Las posibilidades de toparse con bandidos, bestias o piratas eran muy altas. En los lugares sacros se está un poco más cerca de Dios, por ende la ruta es ardua. El refugio es un descanso a la existencia. La meta, la catedral de Santiago de Compostela, era un espacio de reposo para el viajero cansado y golpeado por las adversidades. En un mundo donde la muerte ronda en cada esquina, cualquier lugar seguro se vuelve sagrado; pero llegar a él también incluye riesgos.
Los caminos se modifican con el tiempo. Aunque el Camino de Santiago ya no sea peligroso en la actualidad, la esencia de sus desventuras yace en el juego de la Oca. Se suele decir que el arte imita a la vida; lo mismo se podría decir de ciertos juegos de mesa. El tablero no sólo representa los infortunios que implicaba realizar la peregrinación cristiana, sino de la vida en general. Jugarla es invocar a la voluble Fortuna.
“La Oca es un juego terrorífico, y por eso mismo educativo”, dijo el escritor español Juan José Millás. ¿Qué tendría de terrorífico un tablero plasmado de dibujos infantiles? El azar es enervante. Invitar a la diosa romana a sentarse no significa que te favorecerá. Sus intenciones nunca son claras. No tenemos el control. Los pasos que daremos estarán determinados por uno o dos dados. Podemos tener la suerte de caer en la casilla oca y seguir adelante, retroceder en el laberinto, o estancarse en la cárcel. Pero la incertidumbre del azar, aunque inquietante, es a la vez seductora y educativa.
El dolor se vuelve gozo. La angustia por saber si seremos castigados o premiados dura milisegundos. Es una angustia placentera. Con el juego, las adversidades se vuelven disfrutables. El azar nos castiga o nos premia de manera simbólica, pero el gozo por el juego no reside ahí, sino en el deseo de la victoria. Todos queremos estar en la cima de la rueda de la fortuna tantas veces como se pueda. El ganador se deshace de la máscara de la humildad que socialmente se impone y se jacta de su buena suerte frente al perdedor. Pero la búsqueda continua por satisfacer el deseo por el triunfo puede llevar a la locura. Dostoievsky lo supo muy bien. A Fortuna le encanta ver a la gente ser castigada, y luego elevarlas a la gloria para volverlas a tirar. Si las reglas de la Oca exigen que se jueguen más de dos personas, es porque la rueda debe estar equilibrada. Si en la victoria hay gozo, al fracaso sólo le queda el aprendizaje.
La vida no sólo es existir, sino también resistir. En el mundo, existen los triunfadores y los fracasados. La suerte suele influir en las sentencias. En la Oca, como en la vida, uno se puede estancar. Y aunque se quiera salir pronto de la desdichada casilla, Fortuna no lo querrá así. Sólo basta esperar para tener la oportunidad de seguir avanzando. Las adversidades se atraviesan de algún modo, ya sea por medio de un camino espiritual o por un juego de mesa. Pero en ambos la suerte acompañará a cada paso.
Aún si no creemos en los dioses, la fortuna es parte del día a día. La vida, como el peregrinaje a una catedral sacra, es caminar hacia delante, resistir sus obstáculos o morir en el intento. Pero la promesa de una recompensa facilita la resistencia y supervivencia. El juego de la Oca es la vida real llevada a un juego de niños. Enseña a recorrer los senderos en los cuales, tarde o temprano, se recibirá un castigo. La cuestión es, ¿cómo recibimos el castigo?. También, ¿cómo recibimos la victoria?, pues su gozo puede tornarse peligroso. La cima puede generar vértigo, y es necesario descender para evitar la náusea del triunfo. Pero el fondo es paralizante, y en cuanto se pueda, salir de él. Vivir es aguantar el sube y baja de la suerte.
Susan Vázquez Mellado Camarillo
Me gusto tu ensayo. La forma en que realicionaste el juego de la Oca con la diosa de la Fortuna. El hecho de que se castigue o se premie depende del azar. Y que es una motivación para continuar y querer ganar.
ResponderEliminar