EL TABLERO DE LA VIDA
EL MAL Y LAS PASIONES SON MAS PELIGROSAS CUANDO UNO NO SABE QUE LOS TIENE, O INCLUSO QUE PUEDE TENERLAS…
Habrá que verse de vez en cuando al espejo para ser consciente
de lo que uno tiene en su propio rostro, pero no hay nada mas efectivo que ver
lo que el otro tiene para entenderse a uno mismo. A lo largo del tiempo hemos encontrado un sinfín
de maneras de representarnos a través de técnicas muy diversas; una de las
maneras más curiosas son los juegos de mesa, que plasman sobre un tablero
una enorme alegoría al juego de la vida.
Por medio de dados, casillas y tótems podemos vernos en los
trayectos del diario vivir, entender que tal como una mala combinación de dados
pueden llevarte a los peores lugares, lo mismo sucede en el mudo real; el mal y
el error acechan en cada esquina. Humanamente somos capaces de todo, y aprender
de ello a través de la experiencia o de la carne propia es lo de menos, lo
importante es ver a los ojos aquello que podría atemorizar a cualquiera y
entender que bajo nuestra condición de seres humanos cualquier cosa podría pasarnos.
En la naturaleza de existir hay un mundo de pasiones que habrá que ver a los ojos
para perderles el miedo, sobre todo bajo la premisa de que habita en nosotros
todo el mal del universo, así como todo el bien. Se trata de comprender nuestra
condición y abrazarla para dominarla. Conocerse, es la palabra clave que logra
enlazar los juegos que enseñan al mundo en un tablero, con los humanos y sus terroríficas
características como participantes.
Me encantaría conocer como fue que un día a un hombre se le
ocurrió poner sobre un tablero de juego una replica de lo que significa vivir,
y transitar al mundo en todo su esplendor. Los juegos de mesa son un espejo perfecto
para comprender no solo como funciona la vida, sino las reacciones que tenemos en
las diarias transacciones. Se dice que jugando un monopolio cualquiera puede
sacar lo peor de si, pero no es cuestión solo de jugar, sino de comprender que
estamos ante un fiel reflejo de las reacciones humanas, que a pesar de parecer inusitadas,
vamos teniendo día con día. Los dados,
las casillas, y los tótems son equiparables, a las decisiones, el azar, el
terreno de juego y nosotros, los personajes de esta película universal. Sin duda
me parece una idea brillante aventar sobre un tablero la naturaleza humana, y
ponerla a jugar, como si de una jungla se tratara.
En el caos que implica vivir, y lo salvaje que es el mundo
en el que habitamos, chocan constantemente las decisiones que tomamos con el azar,
o la suerte, según como cada quien quiera nombrarlo. Los juegos de mesa te
muestran un camino terrorífico en el cual pocas veces valen la estrategia y la
voluntad cuando la fortuna no esta de tu lado. Ya sea por convicción o por una mala
pasada del destino cualquiera puede acabar en los lugares mas oscuros, en los
confines del universo. Una idea que es bastante equiparable con juegos como La
oca, o Serpientes y escaleras, pues ambos muestran con claridad que
un solo paso en falso conduce a los peores lugares; al calabazo o a los pozos,
en donde se pierde todo el camino recorrido. Una vez más, las lecciones mas
interesantes vienen de lugares que no se pueden ver sin imaginación y observación,
mostrando así, que hay que aprender a vernos en todos los espejos, sobre todo
los que construye el mismo humano, para entendernos.
Pocas veces queremos vernos de verdad, por ende, pocas
veces usamos la valiosa estrategia de observarnos en lo que hay a nuestro
alrededor. Conocer lo que hay detrás del ser humano asusta, sobre todo cuando
entendemos que la creencia de que somos criaturas bondadosas tiene que caer. Para
verdaderamente conocer el bien hay que empezar por conocer el mal, y la maldad
en potencia que habita en cada cabeza y cada alma. La ignorancia de todo
aquello que nos parece terrorífico no es para nada una garantía de mantenernos
alejada de ello, sino por el contrario, nos nubla los ojos cuando vamos en un
camino directo hacia todo aquello de lo que naturalmente huiríamos. Comprender al
mal, es la estrategia perfecta para escoger el camino del bien; no en un afán de
santidad y condescendencia para que el que se equivoca, mas bien en una posición
de empatía y comprensión de que todos podríamos habitar esa piel algún día.
Si algo existe en el mundo es porque es humanamente
posible, porque un cuerpo y un espíritu ha sido capaz de edificarlo; y eso
implica que cualquiera de nosotros podría repetirlo. Las pasiones son una parte
inherente de tener un alma viva, pero son peligrosas, sobre todo porque nos
engañan constantemente; en el afán tan humano de no mostrar nuestros errores,
de mantenernos intachables ante el mundo. Hay pasiones tan profundas que se esconden
entre las entrañas, y ni siquiera somos capaces de aceptar que nos poseen. Cuando
entendemos al mal que cada quien guarda en su espíritu como una de estas
pasiones, entonces encontramos finalmente la verdadera importancia de aprender
a vernos sin miedo, a través de las estrategias mas inusitadas. Cuando vemos al
mal a los ojos, conectamos con todo el demonio que escondemos dentro, y es
justo ahí cuando podemos abrazarlo para retenerlo.
Jugar no solamente implica tirar dados, sino observar el
recorrido que hace la pasión por el tablero. El juego no se acaba cuando se recoge
la mesa y se han guardado todas las piezas; nos vamos a casa después de una reunión
de amigos y reanudamos entonces el juego en el tablero enorme de la vida, donde
se aprecian con mayor claridad los recovecos más oscuros donde habitan las
pasiones mas ocultas; a donde vamos a parar cuando damos malos pasos, a donde
el error nos conduce. En la condición de ser humanos de todo se aprende, y vale
más aprender esa lección pronto, para empezar el juego de entendernos con todas
nuestras complejidades en lugar de huir de ellas. Solo así podremos escoger realmente
un camino, y en lugar de esperar a los dados, elegir nosotros las casillas que
deseamos avanzar.
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