Ella se fue con Arlequín
Roberto Osornio
"No puedo
Soportar mi careta
Ante el mundo estoy riendo
Y dentro de mi pecho
Mi corazón sufriendo"
Payaso (canción de Javier Solís)
La publicidad del amor de Mujer Bonita se acaba aquí. Por años la continua historia de amor parisino se ha repetido como un cuento de hadas que fantasiosamente se narra como una historia donde el esfuerzo, la perseverancia y la agradable sorpresa de conectar con tu alma gemela resulta en una relación de "y vivieron felices para siempre"; sin embargo, incluso años atrás, esta historia de comedia sobre dos curiosos personajes, Pierrot y Arlequín, ha demostrado que el amor ensimismado es un placer raro que no precisamente requiere de jugosos regalos y cartas cursis o declamaciones al pie del balcón del ser amado, es mas bien cuestión de suerte.
No es mi intención destruir las famosas y tiernas historias de amor que nuestros abuelos en épocas de antaño construían como si fueran Richard Gere y Julia Roberts, tampoco decir que eso ya no existe en nuestros tiempos, más bien es reconocer y reflexionar acerca del maltrato que se le ha dado al amor en nuestra época pues, en la actualidad, parejas jóvenes (y no tan jóvenes) experimentan relaciones tóxicas que terminan en pudrir una pequeña, pero fundamental parte del corazón humano: la dignidad.
Estos dos personajes de la comedia italiana del arte transitan por procesos de enamoramiento distintos, mientras que Pierrot se desvive por Colombina, Arlequín, a mi humilde parecer, solo quiere un acostón, y aunque Pierrot demuestra elaboradas muestras de afecto, Colombina terminó por engañarlo con Arlequín, al menos eso cuenta la versión más popular, pero, sea cual sea la versión el punto es el mismo, una chica deja a un buen chico por el amor superficial de un chico que realmente no vale la pena.
Tal historia conserva sus guiños narrativos en las relaciones de pareja modernas pues, últimamente, se ha normalizado los sentimientos afectivos donde ambas partes generan la codependencia de un círculo vicioso donde el dolor se vuelve placer y el amar solo una cuestión confusa ante este sentimiento de deseo y falsedad. Atreviendome a vaticinar la relación de pareja de Colombina y Arlequín encuentro esta relación tóxica que se basa en un amor ciego y por lo tanto superficial, que nace de aquella imaginaria invención proveniente del deseo que se construye alrededor de aquella persona que se cree amar, pero en realidad solo se quiere como un niño que quiere un juguete en el supermercado.
Es así como hay miles de Pierrot`s vagando por el mundo; un perfecto ejemplo puede ser el mismo Javier Solís retratando al payaso triste, "soy un triste payaso" canta este con voz de cantina, pues es ese payaso blanco que ha mendigado el amor y ha luchado por el con detalles que usualmente los caballeros Hollywoodenses usan para cerrar su historia de amor en un final feliz. Pero no aquí, en la realidad, el deseo puede más que el querer sincero, un Arlequín cualquiera llega con un par de bonitas palabras y falsas promesas que terminan en un desastre sin responsabilidad afectiva... ah, y un Pierrot ahogando sus penas, cantando una canción y quedando atorado en un triángulo amoroso difícil de superar.
El apego surge en esta situación subjetiva como un ancla que te mantiene estancado, sin poder salir; "superarlo" como usualmente se dice entre amigos soltando consejos; lo que lleva a serias frustraciones de vida pues el sentimiento de apego es corrosivo hasta la médula, no soltar a alguien conlleva la sugestión de estrés necesaria como para tirar toda una vida a la basura. Como he dicho el amor en nuestra época se ha desviado, las relaciones de pareja son ahora una unión de pegamento que están juntos simplemente porque no se pueden despegar, y la búsqueda de lo que creemos es el amor solo nos lleva a idealizar personas como lo que no son solo porque las deseamos, más no las amamos; creo que hemos olvidado la aventura que conlleva una relación de pareja, aunque nuestros abuelos y el cine (con matices algo fantasiosos) nos lo recuerdan a menudo, terminamos repitiendo la historia del payaso blanco, la damisela y el astuto bufón burlón.
El amor, como energía, fortalece la capacidad de la comunidad humana para crecer benévolamente, es por ello que en tiempos en los que navegamos hoy en día es necesario discernir entre nuestros deseos y pasiones, y a su vez, entender nuestros apegos para dejarlos ir y seguir viviendo. Al ser personas con integridad física y moral que recaen en el primitivo hábito de reproducirnos debemos ser honestos y delimitar los objetivos de nuestras relaciones de pareja, que, a fin de cuentas, si somos afortunados de amar y ser amados por la misma persona que amamos, transformar el tu y yo, en un proyecto de nosotros, sin payasos y antifaces, solo un futuro en el cual construir una carrera responsablemente afectiva, libre de apegos y, porqué no, una aventura digna de una película como Mujer Bonita... se vale soñar.
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