Entre mimos y bufones
Entre mimos y bufones
Las lágrimas de alegría emergen del mismo lugar de donde nacen las de tristeza. Y, sin embargo, es muy claro el contraste entre ambas. En las primeras relucen las risas, la felicidad y puede que la astucia; contrario a las segundas, que son un reflejo de dolor, de amargura y de sufrimiento. En bufones como el arlequín, no es necesario enmarcarlas porque su naturaleza lo permite, mas, en aquellos condenados a la desdicha, se pintan de negro sobre el blanco maquillaje que cubre sus rostros.
Derivado del Pedrolino italiano, Pierrot es la versión francesa del ingenuo zanni enamorado de Colombina, de la comedia del arte. No obstante, en esta versión, los aspectos característicos del criado se presentan con una visión completamente deprimente. Todo empezó durante la época de Napoleón, en la cual se prohibió el habla en los teatros, por lo que Pierrot se vio obligado a enmudecer. A continuación, para adaptar su personalidad al agrado de la sociedad francesa, su ingenuidad lo llevó a ser objeto de abusos y burlas. Y como si su destino no fuera ya lo suficientemente desgarrador, le arrebataron su amor por Colombina, a cambio de uno todavía más imposible: la luna.
La monotonía bicolor del blanco y negro se convirtió en el estándar de quien daría paso a los mimos. Mangas anchas, botones negros, un sombrero pequeño y las imprescindibles lágrimas fueron parte de la indumentaria elegida para Pierrot con el fin de causar mofas y remarcar su eterna tristeza y soledad. No le quedó, pues, otra opción al zanni que aceptar su destino, convertir su adversidad en entretenimiento y su desgracia en burlas.
Un caso completamente diferente sucedió con Pedrolino en Italia, en donde recibió el nombre de Pagliaccio: “montón de paja”. Esto debido a que Pedrolino, por ser el hijo menor y siguiendo la tradición, era mandado a dormir con los animales. Aunque al principio a causa de esta razón se le relacionaba con el perro, por compartir el ser abusados y el hambre, conforme pasó el tiempo se le comenzó a percibir con un toque cómico (especialmente por su aparición entre los intermedios cuando se cambiaban los decorados). Hasta que llegó el punto en que bailaba, saltaba, hacía malabares, entre otras destrezas. Lo que, posteriormente, abrió el camino a la creación de los payasos. Lo anterior generó un muy notorio contraste en Pedrolino, pues mientras que su versión francesa vivía llorando, la de Italia se dedicaba a divertir al público con chistes y acrobacias.
Por su parte, el emblemático arlequín no requirió de partirse en dos para hacer un contraste, ya que lo es por sí mismo. Solo él logra ser astuto e ingenuo a partes iguales, de la misma forma en que es intrigante y sensual, mas indolente y descortés. Únicamente el arlequín puede ser un personaje frívolo y grotesco, pero que también llega a ser humillado y atemorizado.
El arlequín no necesitó de grandes cambios para trascender en el tiempo, si al caso se quitó la máscara y se modificó su traje. Las pruebas son irrefutables: por ejemplo, si se le pide a alguna persona que piense en un arlequín, la imagen mental que formé no diferirá en mucho de la que se haga otra persona completamente distinta. En cambio, al preguntar por su personalidad se presentará el contrapunto, un poco menos notorio, pues algunas lo describirán como divertido y carismático, otras como burlón y pícaro, y puede que alguna persona que haya investigado más sobre él, lo defina como alguien que reprime su tristeza y que es humillado.
Si en Francia nació Pierrot, que dio paso a los deprimidos mimos, en Italia apareció Pagliaccio, que mutó hasta convertirse en los payasos de la modernidad. De modo que, mimos y payasos, al igual que las lágrimas de tristeza y de alegría, tienen un origen en común, el cual se remonta a Piedrolo, en este caso. Y es el contraste, la dualidad, aquello que enriqueció la complejidad de dichos personajes, hasta el punto de permanecer vigentes aun con el paso del tiempo. Empero, existen ciertas excepciones, tal es el caso del arlequín, en las cuales el individuo es lo suficientemente complejo desde el comienzo como para sobresalir históricamente, siendo que es propio de sí la disparidad. Estos casos resultan ser extremadamente raros, ya que es necesaria la alineación de escenarios únicos para el afloramiento de dichas personalidades.
Emmanuel Barajas Salmerón.
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