Errático
“Poned atención: un corazón solitario no es un corazón.”
Antonio Machado
Los primeros amores son fugases. Su intensidad dura, la eclosión de una flor de Luna. A pesar de esto, los primeros amores son utilizados para inspirar la mente del artista. Le dan al papel las lágrimas necesarias para mantener el corazón en soledad, en un encierro de paredes invisibles. Pierrot con el corazón acongojado sigue esperando el regreso de Colombina. La esperanza mantiene una luz encendida, bastante frágil, bastante inestable. Pero, ¿Colombina es fiel a su amor?. Si cualquier persona pudiese elegir entre Pierrot y Arlequín, no tardaría mucho en tomar una decisión. Es fácil inclinarse entre un corazón alegre y el otro, solitario. Pierrot podrá ser un personaje en la comedia del arte que nadie podría ver como gracioso, la desgracia se dibuja en su cara. En cambio, Arlequín llega con la intención de romper la melancolía en la que se envuelven aquellas palabras, calladas por el triste canto del enamorado no correspondido.
Ya no hay aclamaciones al “ríe payaso, ríe” pues es imposible hacerlo al escuchar la voz de Pierrot cantándole a la luna. La única luz que le acompaña en noches tan frías. Si preferimos ignorarlo e impulsar la burla del Arlequín, ¿seguiríamos siendo humanos o, es por eso mismo, que merecemos el nombre?. Si se quiere disfrutar la comedia del arte, ¿no será necesario olvidar que somos humanos, que entendemos los sentimientos de Pierrot?. No pretendo hacer de este escrito una alusión a la tristeza, a la introspección misma. Pero, es imposible ignorar al Pierrot que camina errante, con una sonrisa que ha dejado de mostrar felicidad. El contraste entre Pierrot y Arlequín no solo hace que la historia sea aplastante, sino que, quizá alguno de nosotros, descubra que también le canta a la Luna. Ver esta representación a través de la pantalla no resulta un obstáculo para sentir, para recordar que si en el mundo imaginario duele, el mundo real duele más.
Pasamos de reír a sentir verdaderamente, a pensar que quizá nuestro destino no será distinto. Que nuestra voz se unirá a la de Pierrot, a su sentir, a su desgracia. Sin embargo, podría pasar también que nuestro lugar sea parecido al de Arlequín, a ser el bufón de la historia, a vivir de la burla. En el mundo están colocados dos platos de los cuales se debe comer, un vacío, uno lleno, tal vez, uno a medias. Si Pierrot ha tenido la poca suerte de poseer un plato vacío, ¿No es debido a esto su tristeza profunda?. Un mimo que no ríe, un mimo cuya única expresión refleja la miseria dentro de su corazón. No posee el amor de Colombina y quizá sea eso lo cual lo tiene en este estado, dentro de un pozo cuya boca ha sido cerrada. Para el teatro la desgracia nunca es suficiente, para la comedia del arte, es necesaria. El público salta cuál cordero, une las palmas de sus manos en aplausos estruendosos. Son alimentados con cucharadas de soledad, con personas rotas.
No obstante, el hambre del público nunca se satisface. Las voces se unen para exigir el siguiente acto, la muerte en vida de Pierrot. La historia que persigue de cerca a este triángulo amoroso que ha dejado de serlo. Esperan que la luna siga recibiendo los cantos de Pierrot, que acompañe a su corazón solitario con el sonido del piano. Que ilumine su camino a pesar de que este no sepa a donde dirigirse. Arlequín y Colombina yacen en una cama que Pierrot pensaba ocupar. Ocultos por las altas paredes, envueltos en una profunda oscuridad. El canto de Pierrot muestra que está perdido, que el único amor al que se puede referir es al de la luna. La muerte en vida de Pierrot le ha dejado hilos atados a sus manos, se ha convertido en un títere, sus piernas lucen flácidas. Ya no tiene compañía y para compensarlo compone versos, recita canciones.
Cubierto bajo la melodía del piano que inmortaliza sus sentimientos, Pierrot no tiene opción alguna más que dedicarle su voz a la luna, clamando por un amor sin existencia. Mientras uno llora, el otro goza, y es que los humanos han dejado de serlo hace bastante tiempo. La comedia del arte ha sido tan graciosa que olvidamos que el dolor existe en la vida real. Que hay bastantes Pierrots en cada esquina, que los corazones solitarios se multiplican día a día. Que pocos son los Arlequines y a pesar de eso, suficientes para que cada Pierrot siga sintiéndose miserable. Claro, no es fácil admitir que se es un Pierrot detrás de la máscara del Arlequín. Mentir es más sencillo, funciona mejor.
Gabriela Noemy Chávez Pacheco
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