Frustración y absurdo vestidos de payaso.


Solemos estar confiados al pensar que las rocas son las únicas cosas que se erosionan, sin embargo, las personas, las imágenes, los iconos y toda cosa que posea una representación física, lo sufre. Me encontraba con los ojos entreabiertos por los primeros rayos de luz matutinos. Sin duda, los hoteles son un lugar ameno para aquellos que nos da pereza recoger o tender nuestra sábanas.

En ese instante no tenía claro cómo es que yo me encontraba en un hotel con vista a la sierra gorda. Intentaba buscar en mis recuerdos qué era lo que había sucedido. Sobre todo porque no soy partidario del calor tropical, y menos en los meses de mayo. Al no tener claro qué era lo que sucedía, decidí llamar al servicio al cuarto. No se porque, pero tenía la seguridad de que podía pedir aclaraciones respecto a mi situación en ese lugar.

El teléfono simplemente se quedó marcando, con ese sonido característico, que después de cinco minutos se vuelve una burla. Salí de la habitación en busca de alguna azafata que me indicara cómo había llegado al hotel. Poco después, mientras caminaba en los pasillos del hotel, comencé a escuchar la cháchara de un grupo de personas que se reunían alrededor de un sujeto en particular.

Al acercarme un poco hacia el tumulto de gente. Tenía la intención de ver si alguien de ahí podía resolver los motivos por los que me encontraba en ese sitio. Al irme acercando un poco más, noté que mi presencia no era percibida ni lo más mínimo por la gente, que se encontraba emocionada por hablar con una persona. Decidí acercarme un poco más a la espera de encontrar a alguien que me dirigiera la palabra. Di unos cuantos pasos hasta chocar con alguien sumamente delgado y de porte recto. Me disculpé rápidamente esperando que como los demás, él simplemente me ignorara, pero, con un aura de molestia se volteó hacia mi persona de manera errática.

Puse los ojos viendo hacia el suelo, en espera de que el sujeto me dejara en paz. Obviamente por como es mi suerte, esto no fue así. Entre la gente, los rostros se empezaron a poner borrosos, y solo se podía oír el murmullo de las personas. El hombre frente a mí, me pidió que lo viera hacia los ojos de forma despectiva. Al ir levantando la cara, empecé a reconocer las facciones del sujeto que se mostraba ante mi. Estaba loco, las palabras que tenía que decir no salían por la incredulidad que había en mi ser en ese instante. No fue hasta que alguien entre la multitud, señalando como un niño, dijo.

- Tiraste el vino de Pablo Picasso.

Imagine que probablemente había perdido la cordura. Obviamente sabía que eso era imposible, conocía que la muerte del famoso pintor, había sido ya hace unos años. Por supuesto, en este instante me di cuenta que probablemente estaría soñando. Sin embargo, no podía perder la oportunidad de imaginarme cómo sería una plática con Pablo Picasso. Aproveche, y dirigiéndome hacia él le pedí que me acompañara hacia la gerencia para ver donde podríamos arreglar su traje.

Al separarlo del grupo le hice todas las preguntas, que para mi tenían toda la complejidad y espiritualidad dignas para un pintor de renombre. Pero al percatarme de su rostro, noté un halo de aburrimiento. Poco me importaba las etiquetas respecto hacia la privacidad de los problemas personales. Esto al principio le pareció molesto, sin embargo, haciendo gala hacia mi habilidad de conversación, logré hacerlo hablar un poco. Al oírlo expresar sus dudas respecto a lo que se había hecho su imagen, me percate, de que al momento de referirse sobre él mismo, lo hacía de forma poco natural. Cómo si fuera un icono, ya no una persona. Decía como todos ya no lo veían en la misma altura, todos en vez de decirle “el”, la gente lo señalaban y decían pintor. No me ven a mi, solo a mi nombre. Le tomaban fotos, le hablaban, pero, más que un gesto de cordialidad, lo veía como un intento de ganar algo de él. Pronto, mientras seguíamos nuestra plática, noté uno de los cuadros de la gerencia. Pablo, que era muy bueno siguiendo la mirada. Dijo de forma algo pretenciosa.

- ¿Te llama la atención esa pintura?

Le contesté que sí, no sabía el porqué, pero no podía quitar mis ojos de esa pintura.

-Pinte eso en 1920, es un cuadro de Arlequín y Pierrot.

Como era un sueño, ni siquiera me pregunté por qué una pintura de Picasso estaba en un hotel en la sierra queretana, simplemente me asombré y le pregunté qué significaba esa pintura. Con una amargura en sus palabras, el pintor me comentó algo acerca de su pintura.

- Pierrot y Arlequín son iconos de la comedia del arte. Yo los veo como los de tu tiempo me ven ahora. Resaltaron en su época cuando eran lo novedoso y original, pero como las rocas, el tiempo fue desgastando su imagen, su significado inicial. Antes ellos tenían un valor en el modernismo bohemio y eran símbolos del sentimentalismo.

- Al pasar los años su concepto se fue desgastando, hasta que una persona, llegaba y le veía algo, que bien, podía o no tener algo de relación con su primer significado. Primeramente significaban lo que te acaba de mencionar, pero los lapsos se fueron haciendo de años a lustros, y de ahí ah décadas, hasta que los que eran sentimentalistas y ebrios, se volvieron absurdos y deshumanizados, propio de los pensadores vanguardistas.

Al ir escuchando la conversación, Pablo, con unos ojos cansados, solo veía un espejo mientras hablaba. Notaba como cada conversación, le fue quitando un poco de sí, cada foto, entrevista, las preguntas, todos sus “fans”, aquellos que se decían amigos eran como el viento y la lluvia que va formando cañones y desiertos entre los continentes.Se había vuelto una esponja que todos deseamos exprimir intentando sacar el máximo de agua posible.

- Ruben Darío, hace de Pierrot un hombre triste y solo, Gomez Carrillo crea al mismo hombre con innovaciones grotescas, igual que Cocteau, y lo vuelven el símbolo del artista. Algo que al principio solo quería beber, se volvió nuestro icono. Le quitaron todo, volviéndolo universal. Hasta que un día Manchado, les dedico unos poemas. Poemas que, rechazaban lo bohemio, su propio origen, tachándolo de pura frivolidad. Lo que fueron en un principio, ahora es su traje de payaso.


- Aunque lo más gracioso, es que yo, que use esas ideas me encuentre en esa misma situación.

En un instante volví a abrir mis ojos, la alarma del reloj no había sonado aún, y mi clase de inglés ya había empezado. Me levanté rápidamente, intentando no olvidar lo había imaginado, y bueno, el resto es lo que ustedes vieron aquí.


Howard Salas Silva.

Comentarios

Entradas populares