La bacanal: placer y vino
La Bacanal
“Quien bebe y no vuelve a
beber, no sabe lo que es beber” Con estas palabras Adrien Willaert era
inmortalizado en una de las pinturas más famosas del museo del prado. El vino
fluye y el calor lascivo impregna el ambiente en las praderas de Andros. Es
entonces que las presencias que conforman la celebración ritualista, ceden por
fin, a las influencias de Baco. Así plasma Tiziano sobre el lienzo, La Bacanal
de los Andríos. El rito y el placer se funden dando pie a una celebración que,
al pincelarse, llega a ocultar entre sus elementos más de un trasfondo.
Al observar la pintura,
el bacanal parece ser todo lo que se nos ha contado: una orgía desenfrenada
donde impera el vino (todo digno del dios Baco), sin embargo, esto no siempre
fue así. Las figuras de los hombres y mujeres gozando del vino, ocultan unos
inicios ceremoniales cuyo sitio estaba reservado sólo para mujeres. Únicamente
las ménades rendían culto a Baco entre libaciones y música, en ese sentido el
festejo nunca ha cambiado. Como cualquier otra ceremonia, la bacanal ha ido evolucionando
adquiriendo o incluyendo nuevos aspectos; al incluir a los hombres empezó a
tornarse en el concepto que tenemos hoy. Independientemente de los cambios lo
cierto es que la parte ritualista siempre se ha hecho presente por medio de la
experiencia.
El goce y el placer se
transmutan en una especie de experiencia religiosa la cual podemos advertir en
la pintura. En ella, tanto hombres como mujeres se entregan al deleite de un
riachuelo de vino del que rellenan sus cráteras. Varios hombres yacen desnudos
mientras otros cortejan y bailan, todos en un frenesí placentero en honor a
Baco; qué mejor ofrenda al dios del éxtasis que el súbito libertinaje de sus
dotes. En la esquina inferior derecha, ninfa o ménade, parece representar la
parte lujuriosa de estas reuniones y destaca junto a otras dos presencias en la
obra, dos, que al igual que la mujer desnuda llaman la atención por su posición
y ubicación.
La mujer de enfrente
destaca por una inusual luz que la diferencia de las demás. Es la figura de
sensualidad dentro de la pintura, sensualidad que es expuesta por una piel
blanca y una posición muestra todo de ella. La segunda figura destacable es el
anciano en la colina, el cual, yace recostado sobre una cama de hojas en la que
duerme. Este hombre da la sensación de representar los efectos del vino como el
trance y el adormecimiento provocado por el mismo. Finalmente, el último
personaje es un hombre solitario con la copa vacía, absorto en su pensamiento. Estos
tres personajes tal vez representan distintos aspectos de la bacanal; la mujer,
el placer; el anciano, los efectos del vino; y el hombre solitario, la
sensación después del frenesí.
Tiziano nos presenta una
visión de la bacanal muy cercana a las de la Roma del siglo II a. C y por la
que a través de sus imágenes se nos abre la perspectiva de una celebración que
incluso en su época transgredía tabús. Y aun cuando el placer y la religiosidad
parezcan inconciliables, esta celebración los une hasta que la línea que los
separa es apenas perceptible.
León Felipe Ramírez
Martínez
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