La humanidad a través del vino

 


Los secretos sólo perecen ante los críos y ante el licor. El que representa un mayor peligro para las apariencias que los adultos tratan de encubrir, es el segundo. Por eso mismo, es el de mayor importancia. El que logra que el humano muestre su verdadera naturaleza y aquello que lo caracteriza: la sensualidad, el amor, la atracción, el exceso y lo irónico. Todo se encuentra danzando con fervor, especialmente, en el rojo seco del vino, así como en su exquisito buqué. Yace clara prueba de ello en los trazos de La bacanal de los andrios, perteneciente a Tiziano, donde retrata lo anteriormente dicho en las personas víctimas de la calidez del alcohol. 

El ser humano no existiría sin la sensualidad que lo distingue, incluso si esta ha perdido apreciación con el paso del tiempo por los tabús de la sociedad. Es innegable que gran parte de esa cualidad viene de la naturaleza sexual, sin embargo, ese no es ni su único origen ni interpretación. La belleza yace en la inocencia, la tranquilidad, la libertad y la paz que transmite un cuerpo cargado de sensualidad. La mujer recostada al desnudo en la obra de Tiziano, que parece desprender brillo por su atractivo, es la ejemplificación perfecta. El alcohol provocó que su alma reluciera sin necesidad de atributos sexuales o pensamientos perturbadores. De esta manera, al dejar relumbrar su naturaleza humana, se volvió una parte digna de ovaciones en los colores de la vida. 

Otra pieza indiscutible dentro de la existencia humana es el amor. Pero no hay que errar suponiendo que se refiere a todo lo que este conlleva. La esencia del amor es catastrófica por sí misma. Hay que centrarse en el núcleo, el cual es hermoso y a la vez desconocido. Porque la alegría y confidencialidad de las parejas da pie a sin fin de situaciones divertidas que sólo se vivirán entre ellos. Lamentablemente, esta es apagada por la cotidianidad de la vida. Así, el alcohol que llenó los corazones de los jóvenes bailarines logró su cometido. Incitó la felicidad que probablemente no habían experimentado juntos, ocasionando un baile que corre únicamente al son de sus latidos. Lo que fue arrastrado por el tiempo, el vino se los devolvió a dos adolescentes enamorados. 

No obstante, el enamoramiento no se puede dar sin algo previo: la atracción. Al lado de algo tan embriagante como el amor, esto pasa desapercibido, lo cual es una falta enorme. El encanto de la atracción existe, y no depende de los otros sentimientos. La intensa necesidad, a veces hasta dolorosa, de la cercanía entre dos personas es sorprendente. Significa una de las piezas de la vida que mayor fuerza provocan, pero, al mismo tiempo, una de las que ordenan mayor control sobre sí mismo. Lo cual, irónicamente, aumenta la atracción. Al igual que en los ojos de las mujeres posadas cerca del río de vino, presas del deseo, pero controladas por la poca razón que les queda. Todo el mundo ha desaparecido para ellas; no como el de los enamorados danzantes que ya se pertenecen el uno al otro, sino como el de dos cazadores que están a centímetros de su banquete. La atracción instiga un placer inigualable, por lo que sería absurdo no considerarlo parte del humano. 

Todo esto hace creer que lo que conforma a la persona es agradable, o mínimo no maligno. Sin embargo, no es así, gracias a que en la vida también está el exceso. Quien se atreva a decir que nunca se ha excedido en la más mínima cosa negará su propia existencia. El control se ha apoderado del mundo, lo cual no es dañino, ya que seguir lo anhelado hasta el infinito habría destruido a la humanidad hace siglos. Pero, permitirse desviarse del camino de vez en cuando hará que la vida cobre sentido. Sin temor a ello, los hombres detrás de los árboles en el lienzo beben vino sin importarles el mañana. Se permiten el placer de concentrarse en ese momento, perder el control y regresar a su núcleo animal que sólo piensa en su propia satisfacción. Ellos volvieron a ser humanos gracias al exceso.

Así como el anterior estrato, la soledad es otra característica que no vislumbra cosas buenas. De hecho, es peor que el exceso debido al dolor que trae consigo. Muchas personas ansían desaparecer esta singularidad de sí mismos, sin reparar en que eso sería más catastrófico que aprender a vivir con ella. La soledad está presente en el primer y último minuto de vida, incluso cuando la gente se rodea de sus iguales, ella sigue alojada en lo profundo del alma. Es la que causa la aspiración de la independencia o de momentos personales. Puede ser agradable mientras sea controlada, así como la del hombre recostado en la roca, separado de todos, disfrutando del vino consigo mismo. Viendo a todos celebrar con lo que Dionisio les obsequió, y a un pequeño niño causando estragos en las personas sin que ellos se percaten.

La sátira de la vida también aparece magistralmente en la obra de Tiziano. Esta pieza es lo que le da sazón a la existencia. Si sólo tuviera las anteriores, sería semi-perfecta y aburrida. Sin embargo, la comedia llega con el niño que orina dentro del río lleno de vino. Así, ilustra la cruel ironía de la cual los humanos beben día con día. La que hace que el hombre muera antes de tiempo sin deber nada o que el asesino viva hasta los cien años y consiga una hermosa familia. Nadie sabe en qué momento llegará, o si estuvo ahí desde el inicio, de igual manera en que nadie sabrá que bebió los desechos de un infante. 

Analizando una a una las propiedades del humano y de la vida, todo parece más claro. Asimismo, empieza a ser comprensible el por qué los artistas disfrutan de retratar a personas en estado de embriaguez. Más allá de lo que es moralmente correcto o no, esa es la única situación en que la sinceridad humana predomina y en el que todos se vuelven como un libro abierto. Ahí es el punto perfecto para analizar el atractivo del sujeto, las relaciones que puede formar, los apetitos de los que es víctima y su entrega a estos, su independencia cargada de dolor y lo hilarante de su destino. El alcohol es uno de los caminos para volver al génesis. Así, quien quiera conocerse a sí mismo habrá de arrullarse en la amargura del vino y no de la vida. 


- Irais Luna Granados


Comentarios

  1. Me parecieron muy acertadas tus observaciones sobre la sinceridad humana que solo reluce cuando se ha consumido alcohol; ¿Qué otra sustancia tiene el poder de desvelar la sensualidad y el amor al mismo tiempo, sino el vino?
    Me gustó también la manera en la que fuiste de un aspecto a otro con total naturalidad, y que al final son parte de tu idea foco.

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