La ilusión de la Isla de Andros: Los mexicanos como fieles seguidores de Baco

Por Roberto Osornio


"Tómate esta botella conmigo

Y en el último trago nos vamos

Quiero ver a qué sabe tu olvido

Sin poner en mis ojos tus manos".

"En el último trago" (José Alfredo Jiménez)


Si el arte de festejar no desaparece las penas, el sorbo del fresco elixir del alcohol... tampoco las hace desaparecer, pero al menos las hunde por un rato. Tal como pinta Tizano en su bella obra "La Bacanal de Andrios", beber alcohol conlleva a la pérdida momentánea de cordura pero también a felicidad, a éxtasis y a un dejo de libertad que, entre ratos, produce calma y hasta paz; esta pintura más allá de su estética y composición realmente impresionante, es una pintura que recuerda a las gloriosas "pachangas" mexicanas que, muy frecuentemente, son estupefacientes del olvido.

Es bien sabido que al mexicano promedio le hunden las penas y los malos ratos, como país tercermundista es demasiado difícil coexistir en un mundo donde las diferencias sociales son demasiado marcadas y el trato injusto de retribución por el trabajo realizado mantiene la brecha entre las personas acaudaladas del país y las de abajo, invadidos también por el país del norte y el eurocentrismo, las personas que habitan en este bello país se podría asumir que llevan una vida triste, sin embargo, tal parece que han sido bendecidas por Baco, las tierras mexicanas se adornan tal como lo pintó Tizano, ríos llenos de vino, personas llenas de vida, un cielo de un azul cálido y, aunque tal vez la religión cristiana los haga demasiado mojigatos como para andar en cueros, nunca falta un buen grupo de ebrios orinando en un lugar nada discreto.

La isla de Andros, para el mexicano, es toda aquella vivienda en la que se vislumbre una lona amarilla y música a todo volumen o la tienda de la esquina que nunca cierra, incluso la acera o el interior de un Tsuru tuneado se convierten en el lugar perfecto para celebrar al dios del vino, y, aunque talvez no tengan la misma clase social como para beber vino, bien recurren a sus derivados, pues, a fin de cuentas, la bebida contiene alcohol. Ese líquido que falsamente calma las penas, ya decía Jose Alfredo "otra vez a brindar con extraños, y a llorar por los mismos dolores", ya sea desamor, vergüenza, miedos, preocupaciones, ¿cuántas penas no se ha de encontrar uno en las demasiadas islas de Andros que yacen en México?, pues, el mexicano promedio, secretamente, está lleno de penas.

Este culto a Baco hunde a estos hombres en un círculo vicioso destruyendo vidas, los mexicanos mueren mayormente a causa de la diabetes causada por un alto y frecuente consumo alcohol, en América Latina este país ocupa el segundo lugar en niños abandonados y cuatro de cada diez familias con dos o más hijos son disfuncionales siendo una de las principales causas de esto el alcoholismo que presenta alguno de los parentescos. El terror que se vive en muchas casas se esconde bajo la ilusión de la música, las risas, el baile y la desnudes de la catarsis mexicana.

Realmente las "pachangas" mexicanas son de lo más divertido y donde se concentra una energía bastante electrizante, este escrito no pretende minimizar la felicidad que muchas familias y amigos comparten bajo las lonas amarillas donde realmente se celebra la vida, sin embargo, en muchas otras ocasiones, todo este curioso rito solo pretende ser una ilusión: dejar a un lado las penas y beber hasta olvidarlas, pero eso no hace que desaparezcan, esa es la ilusión de la Isla de Andros.


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