La peregrinación de la vida a través de un tablero.

Jorge Viniegra Marín.

 “La Oca es un juego terrorífico, y por eso mismo educativo”.
Juan José Millás.

Desde el origen de la razón humana cuando en aquellas cavernas los primeros hombres pensantes pintarrajeaban sus muros en un primitivo prototipo del lenguaje se había intentado plasmar mediante el arte la realidad; una realidad deforme, exaltada o mal comprendida que se traducía siempre con una profunda  mancha de misticismo, de tal modo que el mundo de las ideas se traspapelaba con el mundo de lo real y engendraban en el lecho del arte un hijo mestizo, un hibrido que en su naturaleza intenta replicar la realidad pero que su espíritu ansia lo fantástico. De estas primeras muestras de interpretación de la realidad y de los fenómenos naturales que la pueblan nacieron los panteones de dioses elementales, Ra dio sentido al astro rey que bañaba los amplios valles del imperio egipcio, Tláloc era el principal responsable de las lluvias que alimentaban la laguna sobre la que se edificó la gran Tenochtitlan y el rapto de Perséfone por el dios Hades explicaba para los habitantes de las polis griegas los siclos de las estaciones.

No obstante el arte no es estático, y con forme la humanidad avanza y se hace a sí misma un conglomerado de sociedades más complejas todo cuento impregna al arte cambia. Las deidades elementales quedan en el pasado una vez que la humanidad comprende el funcionamiento básico de su entorno, ahora las figuras divinas trascienden más halla de nuestra capacidad de observación y responden a cuestiones metafísicas que no pueden ser explicadas de otro modo que no sea por la existencia de estas divinidades cuya existencia funge como pilar de la existencia, tanto de lo tangible como de lo intangible; En el mundo occidental nuestra cosmovisión no puede ser explicada sin el relato de un creador dígase Dios o bien una fuerza cósmica como el “big bang” es tal nuestra dependencia del modelo creador que la filosofía occidental basa sus tesis en comparar o refutar la obra divina, ya que no se puede comprender el mundo occidental sin la figura de la máxima deidad establecida por el catolicismo, de tal modo que el arte europeo y por consiguiente el americano (tras su conquista) estén fuertemente inspirados en lo que por mucho tiempo fue la única religión.

Pero debemos dar un paso para atrás, a aquellas cavernas, aquel mundo primitivo en el que el arte se impregnaba en piedra, mucho se ha discutido acerca de la funcionalidad de las pinturas rupestres, y por supuesto los académicos de la materia no se han cortado en postular distintas teorías, desde lo ritual, hasta un primer intento de registro, e incluso como mero entretenimiento, no obstante la tesis que más podría interesarnos es que estas pinturas tenían un fin didáctico, una especie de leyenda para los siguientes habitantes de la cueva. No es raro pensar en el arte como tutor de la formación humana, desde los primeros encontronazos con la narrativa esta había tenido una finalidad que se encaminaba a hacer aprender alguna lección a quien se prestara para escuchar, he ahí por ejemplo las fabulas de Esopo que establecería el uso de la moraleja al final de las historias, pero incluso yéndonos más halla a un género más complejo como la tragedia estas más allá de la trama tenía un mensaje que quería trasmitir algún tipo de enseñanza. El resto de la literatura tiene el mismo patrón, a menudo los libros de narrativa buscan dejar algo más que una historia en el espectador.

Pero el enseñar no es tarea fácil, no por nada la pedagogía es una ciencia social que debe estudiarse profundamente para ser dominada. Aunque el ate por cuenta propia es mentor, el miedo es quizá el primer profesor de la humanidad, el miedo es una respuesta instintiva ante aquello que o bien ya nos ha lastimado o que tenemos la idea de que tiene la capacidad de lastimarnos y de cierto modo eso es pedagógico. El psicólogo B.F Skiner construyo su teoría en base al principio tomado por los anteriores conductistas, sistemas de recompensas y castigos, reafirmando  así el miedo como agente educativo.

Ahora bien cuando se piensa en el medievo saltan a la vista los caballeros y castillo, por encima de estos elementos esta es la época en la que la religión católica tenía la mayor influencia sobre el mundo. Sin ir más lejos el juego de la oca hace referencia al peregrinaje hacia Santiago de Compostela y Finisterre. Un tablero que de principio servía como un mapa para los peregrinos, en el que podían encontrar lugares seguros, lugares de paso o casillas que bien te dejaban atrapado, te retrasaban, o bien era una casilla de la que ya no se podía salir. El tablero original de la oca fungía además como una advertencia a los viajeros y peregrinos, sus casillas reflejaban el hogar de nobles a menudo prestos a dar resguardo a los peregrinos, los puentes que sortean obstáculos, pero del mismo modo hay en aquel tablero infranqueables obstáculos que culminan prematuramente un viaje. De tal modo que era mejor aprender jugando, que aprender en mitad del camino.

                

                                 

Comentarios

Entradas populares