Musas imperfectas

 Musas imperfectas

 

 

“Mientras arde el mundo y todos gritan, 

mientras todos gritan y se congela el ruido, 

el pintor sigue con su modelo incendiándose él y su cuadro.”

 

Santiago Carbonell

 


 

El artista alimenta al alma del espectador, en consecuencia, con cada cuadro él entrega parte de la suya. El alma del pintor está repartida entre la cantidad de cuadros que conforman su exhibición. A pesar de eso, mira a la cámara sonriendo como si su alma fuese aún infinita. Porque para el pintor entregar su alma significa un pequeño sacrificio frente al placer de entregarse por completo a sus obras, a su musa imperfecta. Los pintores trabajan por días, encerrados con una única compañía, su propia pintura. La Bacanal de Andrios es muestra de la dedicación, de la entrega del alma misma. Los pinceles se deslizan por la suavidad del lienzo para crear piel color marfil, vestidos que resbalan de blancos hombros y cántaros que derraman vino sobre los labios de los afortunados. Son musas imperfectas trasladadas a un cuadro en donde el pintor suscita un mundo perfecto. 

 

 

Bien puede llegar a creerse que el pintor puede fácilmente relacionarse con dios y su creación. En cada mundo se concibe a un Adán, a la imagen y semejanza de quien le da vida, un paraíso donde solo hay un lienzo en blanco.

Quien es artista tiene bajo sus manos el poder de producir, del arte que trae al mundo una nueva forma de verlo, de representarlo y de vivirlo. No hace falta recorrer medio mundo para encontrar una pieza de arte, pues el arte vive en la calle y en salones de lujo. Lo más importante es reconocer que el arte le da voz a las emociones que no pueden hablar. A las expresiones a las que no se les puede adjudicar palabra que las explique. En una sala de exhibición, en un libro, frente al escenario y en una pieza musical, se dejan los sentimientos para comenzar a sentir el de los demás. Para apropiarnos de la tristeza, de la soledad o de la felicidad. De sentimientos tan complejos que nos hacen sentir extasiados, de momentos en los que olvidamos el mundo exterior. 

 

 

 

La Bacanal de Andrios nos hace sentir la alegría de los pies descalzos que bailan al ritmo de la melodía, nos permite descansar el cuerpo a lado de la mujer cuyas ropas han desaparecido. A los ojos del pintor, la fiesta misma puede ser un acto perfecto, el motivo ideal por el cual pasar tiempo pintando en soledad no es un sacrificio. Nos muestra a través de sus ojos que el mundo puede ser así, que el arte puede nacer de una situación cualquiera. La Bacanal de Andrios está llena de musas imperfectas, de situaciones comunes que en lo extraordinario le dan un nuevo renacer a la humanidad. El arte permite que las personas no se sientan tan solas, que encuentren refugio dentro de un cuadro y tal vez algún motivo para seguir vivo. 

 

 

El arte sigue alimentando a un mundo donde las imperfecciones reinan, donde el humano está descompuesto y pese a eso sigue en pie. Son los artistas quienes se entregan como sacrificio para darle al público el mundo que necesitan. Aunque llamarlo sacrificio es incorrecto, pues muchos de ellos también encuentran refugio en sus creaciones. Un lugar al cual puedan recurrir cuando el día ha sido un desastre. Artistas y personas buscan un motivo de inspiración. En los artistas reside la idea de que esa inspiración no se puede poseer, pero si es posible acompañarla, ver cada detalle y usar estos recuerdos como un camino para la creación. Las musas imperfectas dejan de serlo para funcionar como modelos en cuyas extremidades se encuentra lo que a los ojos del artista es concebido como perfecto. En este momento el artista deja de pertenecerse para pertenecer a alguien más. 

 

 

La inspiración de los artistas, tiene en su nombre implícito, el convertirlos a sí mismos en perros de compañía. Sucede que cuando se dan cuenta de ello, ya no hay motivo para volver sobre sus pasos. Las musas encantan al artista como una sirena encanta al marinero. Es un hecho que en su belleza imperfecta pueden ser trazadas las líneas más finas, las más bellas. Le dan al pintor el poder de la creación, el poder de un dios. Las musas permiten que las obras sean completadas y muy poco se habla de ellas pese a ser el motivo del artista. Los artistas y sus musas trabajan para dar al mundo el arte que tanto necesita, el refugio para los perdidos y una imagen para las palabras jamás pronunciadas. El artista entrega cuerpo y alma a un lienzo con la esperanza de que su pintura trascienda en la eternidad. Una eternidad que, quizá, no sea tan eterna. 

 

 


Gabriela Noemy Chávez Pacheco 


Comentarios

  1. Me gustó la forma de la figura de las musas imperfectas. Me hace mucho sentido.
    Me quedo con la siguientes frases:

    "Las musas imperfectas dejan de serlo para funcionar como modelos en cuyas extremidades se encuentra lo que a los ojos del artista es concebido como perfecto". "Son musas imperfectas trasladadas a un cuadro en donde el pintor suscita un mundo perfecto".

    A mi parecer, resumen por completo la idea del texto.

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