NO SE ESCOGE A QUIÉN AMAR NI DE QUIÉN REIR
“El destino es el
que baraja las cartas, pero nosotros somos lo que jugamos”
-William Shakespeare
Tantas
veces he escuchado hablar sobre que el amor no se elige; que es este quien nos
elige a nosotros y nos toma por sorpresa en un frenesí desesperado. Pero ¿Quién
dijo que nos toca ser elegidos por aquello que mas nos conviene? El amor y la risa son una de esas cosas que suceden
sin entender fundamentos, y que raramente responden a las convenciones que nos
determinan como personas. Conocen poco del bien y del mal y funcionan de acuerdo a la parte
mas instintiva del ser humano. Si no fuera por esta particularidad en el arte
de amar y reír no hay una verdadera explicación para entender la razón por la
cual Colombina escoge a Arlequín sobre Pierrot. Ni una causa lógica las risas que este fenómeno ha
hecho brotar de miles de pechos a lo largo de la historia de la comedia Italiana.
Simplemente hay una verdad sobre entendida,
como un secreto a voces, gracias a la cual elegimos aquello que más nos atrapa;
sin apelar a la lógica ni a la conveniencia. En el amor y en la risa nos
movemos por fuerzas invisibles, por hilos jalados por la pasión. Son dos categorías
que pertenecen aquello estrictamente humano; inherente al arte de sentir.
Pierrot
y Arlequín son antítesis y contradicción absoluta, pero al mismo tiempo son
representantes de una misma cosa; disputan entre ellos por un objetivo en común.
Batallan constantemente por el amor de Colombina y las risas de un público
eterno. Sirven para mostrarnos que uno nunca elige aquello que lo hace sentir; que el destino es adicto a jugar pasadas y usarnos de peones. Nos reímos de la desgracia
por no reinos de nosotros mismos, y amamos aquello que nos reta, nos impone y
nos despierta, sin importar lo conveniente que sea. El payaso triste nos hace
reinos de la vida, y aquel que se esconde bajo la mascara de picardía se roba
el corazón de quien no quiere hacerse amante de su propia tristeza.
En el
amor se pierde la cabeza, los fundamentos y la teoría. Tal como en un arrebato
de risa, la contundencia con la que pegan las pasiones nos mueve de tal manera
que se desdibujan las fronteras de la lógica. Hay fuerzas poderosas y
atracciones inminentes que se roban el criterio y las conveniencias de
cualquier persona. Colombina se pierde en Arlequín y su energía desbordante, y
el público ríe ante de las desgracias de Pierrot. Hay juegos sin fundamento, en
los que el destino baraja sus cartas en medio de una rabieta y los personajes que
lo habitamos habremos de aprender a responder ante ello. A cada uno le pertenece
un papel en la obra de la vida. No hay Arlequín sin Pierrot, ni ganador sin
perdedor.
Se ha dicho muchas veces que en la guerra y en el amor todo se vale. Tal como en cualquier clase de lucha, en esta la que implica a los corazones, para que haya un triunfador alguno ha de perder. Aquí no gana el más estratega ni el de sentimientos más fuertes sino aquel que sabe capturar con su energía el instinto de amar.
La ironía
mas grande de todas es que Pierrot no lo ha perdido todo. Con su desgracia ha
ganado la oportunidad de ser el motivo de miles de risas a lo largo de su
historia sobre el escenario. Demostrando así que no hay nada más humano que reírnos
de la desgracia ajena antes de siquiera imaginar que cualquiera de nosotros podría
estar en ese lugar.
No hay
explicación lógica para comprender porque siempre las pasiones más fuertes
terminan moviéndonos en lugar de apelar a la razón. Estos motivos únicamente se
expresan a través del sentir. Por más que se sepa que el camino más fácil y
menos empedrado se puede encontrar por otra vereda, hemos siempre de elegir
aquellos que nos hagan erizar la piel y desbordar el corazón. Uno no escoge a
quien amar, y menos sobre que reír, son cosas que brotan del pecho y solo saben
atacar sin previo aviso.
Lilia Mariana Pacheco Llamas
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